Andrés Waissbluth visitó Colombia para presentar Un Caballo llamado elefante – Entrevista

Por Sandra M Rios U
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Andrés Waissbluth es el director de Un caballo llamado elefante, película que tras estrenarse en Chile el año pasado, se estrena desde este fin de semana en Colombia. Esta es una coproducción entre ambos países y México que tomó casi nueve años en ser realizada.

Waissbluth visitó por unos días Colombia y conversó con CineVista sobre lo que ha sido esta experiencia de crear cine infantil, segmento que poco se explota en la cinematografía latinoamericana y es aún más escaso que logre lanzarse en salas de cine.

Como padre, el director chileno expresa esa necesidad de llevar a los hijos a consumir y entender historias nuestras. “Ahora es que no se hacen tantas películas en nuestra zona. Teníamos grandes maestros del cine infantil y familiar como Chespirito y Cantinflas, en los años sesenta y setenta. Ya después vino como un vacío que ha sido esporádicamente llenado por una que otra película mexicana, los que son herederos de eso y que tienen mucha cultura de estrellas infantiles”.

En los últimos 10 años México ha producido más de 15 películas entre ellas “El Jeremías”, “La Leyenda de la Nahuala” y la saga conocida internacionalmente “Una película de huevos”. El otro país latinoamericano que produce para este target es Argentina. “Mucho más abajo está Argentina con cosas como Violeta y todos esos productos para adolescentes. Pero lo que está bastante inexplorado es la aventura infantil. Yo creo que esa es la novedad en Un caballo llamado elefante”. La película ha funcionado bien en un segmento extenso, entre los niños de 5 años y adolescentes de 15. “Nunca pensé que funcionaria también entre los chicos de 15, pero en las funciones que hemos hecho disfrutan mucho, se ríen y molestan con la historia de amor. Es que hay varias películas en una sola: está la de los niños; la del primer beso; y las animaciones que son clásicas, ultra 2D”.

Las coproducciones han contribuido a que se asuman los riesgos de competir con el mercado de Hollywood y su derroche de técnica. “Este vacío que tenemos en nuestra cinematografía me parece muy grave, es lamentable que no hagamos más este tipo de películas. El cine moldea el cerebro de los niños y los llena de referentes, les alimenta su imaginario, moldea sus valores, es súper potente. Lo que tenemos ahora son niños queriendo ser gringos sin serlos”. Sobre el tema, en Colombia, en 2016, se estrenaron 316 títulos que representaron 61.438.550 espectadores. El 24% de ese consumo fue para películas distribuidas por Disney, siendo la más vista del año pasado “Encontrando a Dory” que acumuló 2,785,971 espectadores.

La tarea de hacer este tipo de producciones frente al gran mercadeo que destina Hollywood para llegar a todo el mundo es difícil, pero sin duda hay que seguir creando propuestas distintas sin las pretensiones de terminar con su hegemonía. “No creo que las películas latinoamericanas puede acabar con eso, pero hay que intentar equilibrarlo y hacer películas que aporten nuestro imaginario, idiosincrasia, identidad y valores, sin que esto signifique que sean menos entretenidas o emocionantes. Debemos competir con ellos de igual a igual”.

Precisamente Un caballo llamado elefante trae al cine una historia para niños muy cuidada técnicamente, con mucho colorido y utilización de diferentes recursos para no aburrirlos. Sobre eso comentó el director: “Cuando decidimos hacer una película infantil estudiamos referentes y el género en sí, y vimos muchas producciones de Estados Unidos que terminaron convirtiéndose en una vara para nosotros, porque no podemos llevar a nuestros niños a las salas y que no les guste. No es cuestión de copiar sino de aprender de ellos. Entonces lo que hicimos fue analizar lo que les funciona más allá de los temas y valores. Ahí hay un aprendizaje visual, de colorido, del uso de planos y manejo de la cámara”.

La película en efecto tiene un diseño universal y para ello la producción se referenció en largometrajes clásicos como Pinocho y todo lo creado hasta ahora por Pixar. El caballo, eje de las aventuras de esta historia, se inspiró, por ejemplo, en “La historia sin fin”, novela escrita por Michael Ende y llevada al cine en 1984 por Wolfgang Petersen. Además del caballo también aparece una serpiente a la que la producción se refiere como “la diva”, dada las dificultades para hacer que actuara en días calurosos. “Debíamos ponerle aire acondicionado a ella sola. Debimos hacer varios trucos con ella”.

La película Un caballo llamado elefante partió de una historia real contada por Lalo Parra, fallecido folclorista y compositor chileno, de cuando era pequeño y que se fue transformando de un biopic a una historia infantil de fantasía y aventuras, puesto que Parra siempre le contaba al cineasta hechos distintos al inicial. “La historia tenía siempre algo en común: él con 10 años y su hermano con 8 se fueron de su casa 200 kilómetros con un circo mexicano colombiano”. Ese circo con esas características aparece en la película y estaban ahí desde sus orígenes. La participación entonces de los actores colombianos Patricia Ércole y Salvo Basile no solo han quedado como las cuotas propias de una coproducción.

Fue esa la única parte de la historia del compositor que se conservó en Un Caballo llamado Elefante, donde seguimos a dos hermanitos, uno de ellos fanático de las historietas, que se embarcan en una aventura por liberar al caballo de su abuelo y así cumplirle sus designios al momento de morir. “En 2010 el tío Lalo falleció y yo le había prometido hacer la película, así que dije que le cumpliría quedándome con el corazón de su historia. Así que decidí hacer una que cumpliera mis intereses y uno de esos era hacer una película infantil. Tengo hijos y me es difícil cada vez que me dicen que los lleve al cine. No quiero que vean las películas que escogen. Yo siempre me arrepiento de las películas que llevo a mis hijos a ver. De esta le digo a los padres que no se van a arrepentir porque es una historia que los alimenta positivamente”.

Además de los dos niños protagonistas aparece otra pequeña, la actriz mexicana Ana Sofía Durand que termina siendo parte fundamental del éxito de esta historia dado su gran talento y experiencia como actriz. Sobre la dirección de estos personajes niños, Andrés Waissbluth nos contó: “Pensé que sería más difícil y ha sido más fácil que dirigir, con todo respeto, a adultos. Eso sí, lo que tienen los niños es que no pueden ensayar, lo que uno debe hacer es dejar que sean ellos y ahí es cuando aparece la espontaneidad. No se puede hacer que repitan porque comienzan a mecanizar y sencillamente actúan mal. Yo con ellos hice trabajo de improvisación para que se acostumbraran a que la cámara estuviera a su lado y que se acostumbraran a respetar las marcas en el piso. Todo eso termina siendo divertido para ellos”.

El proceso de elección de los hermanos protagonistas no fue fácil para la producción. Les costó dos años encontrarlos. “Nos tomó tanto tiempo porque buscamos mucho en Santiago y nos encontrábamos con niños digitalizados, sin esa mirada inocente que buscábamos. Cuando nos fuimos a provincia, a pueblos con mayor contacto con la naturaleza aparecieron los protagonistas”.

La película ha sido recibida de forma muy positiva tanto en salas  de cine como en festivales, al punto que los espectadores le han pedido al director una segunda parte. “Estamos ya escribiendo la idea, aunque no sé aún si se trataría de una segunda parte o lo voy a convertir en una serie. Es algo que en realidad me entusiasma mucho”.

Además de desarrollar esta nueva historia, el director chileno trabaja en otra película no infantil, un drama titulado “Muertos vivos”. “A mi me gustan los géneros y no me gusta repetirme, de hecho tengo una idea bíblica y me gustaría hacer una de vaqueros”. Waissbluth como director cuenta con dos largometrajes más: “Los debutantes”; y 199 recetas para ser feliz”, que curiosamente hablan sobre hermanos. “Para mi la relación de hermandad es la más importante en la vida y la que dura para siempre: los padres se mueren, los hijos te dejan, tu pareja no ha estado contigo toda tu vida y no sabemos si lo harán, pero los hermanos sí te acompañarán prácticamente toda tu existencia. No ha sido una decisión racional, pero miro hacia atrás y veo que he incluido esto en todas mis películas”.

Después del estreno en salas de cine en Colombia, seguirá México y posteriormente Perú, aunque aún no hay fechas confirmadas. En Colombia se exhibirá en las ciudades de Bogotá, Cali, Medellín, Cartagena, Barranquilla y Armenia.


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