Entrevistamos al protagonista de Siete Cabezas, Alexander Betancur


Por Sandra M Rios U
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“Marcos representa esa constante lucha que tenemos los seres humanos entre el bien y el mal”.

 

El próximo 19 de octubre se estrena en salas de cine colombianas el segundo largometraje del director Jaime Osorio Márquez, una historia de suspenso que revisa el fantasma del apocalipsis, el fin del mundo visto desde el interior y la degradación de un ser humano.

Siete Cabezas como “El Páramo” es una película de atmósfera, donde el entorno hace parte del detonante en la psicología de sus personajes. Por esa razón el protagonista es esencial en esta historia y es interpretado por Alexander Betancur, un actor de formación teatral a quien ya hemos podido ver en el cine en las películas “Roa” y más recientemente en “Pariente”, donde participó como el único actor profesional.

En Siete Cabezas interpreta a Marcos, un guardabosques misterioso y retraído de un parque natural que ante la llegada de unos investigadores ve amenazado el otro yo que ha intentado contener.

  • Cine de atmósfera y personajes es la propuesta de esta película que está especialmente centrada en el papel principal. ¿Cómo llegaste y en qué momento leíste el guion?

Me invitaron al casting y ahí el director me habló del personaje y me dejó leer el guion. Inicialmente me pareció una cosa loca, extraña y yo decía: “Santo Dios, cómo se actúa ésto”. Luego ya con Jaime (Osorio) empezamos a trabajar mucho desde lo corporal, desde los problemas de los personajes.

  • ¿Cuál es la historia de ese personaje retraído y complejo?

Este personaje tiene una especie de desorden, un problema de reconocimiento del cuerpo, entonces requirió trabajar desde lo físico y luego lo psicológico, su relación con los demás seres y por supuesto con su hermano. Para mi fue bastante interesante, fue un laboratorio profundo.

  • Sin duda este era un papel para trabajar teniendo en cuenta lo externo, el entorno. Las condiciones eran difíciles pues rodaron en el Parque Natural Chingaza  donde el clima es extremo.

Sí, fue un tema fuerte el clima, pero también me preparé para eso. En mi caso particular, fue muy chévere porque hicimos los ensayos acá (en Bogotá), en un apartamento, donde hicimos todas las improvisaciones y ejercicios para mejorar y encontrar cosas.

  • ¿Quiénes participaron en esos ejercicios?

Inicialmente fueron entre el director y yo, después ya se fueron involucrando los otros personajes y en ese momento comenzamos a trabajar las relaciones más que las escenas, cómo se sentía mi personaje frente al de Valentina Gómez (interpreta a Camila) o el de Philippe Legler (Leonardo), cómo era la relación con mi hermano. Esto fue bien interesante, porque en general trabajamos cómo son las relaciones del personaje frente a los demás y así fuimos encontrando sus miradas, su tono, el trabajo de voz. Si te fijas este es un personaje que no mira a los ojos, no levanta la cara, siempre hay una desconfianza, siempre está escondiendo una parte de su cuerpo.

  • ¿Qué pasó ya cuando estaban en la locación?

Una vez ya estábamos en el parque nos tocó comenzar a apropiarnos de ese espacio, del entorno y así fue, creo que lo logramos vivir.

  • ¿Y ese vivir era interactuar entre todos cómo se había ensayado en el laboratorio y no tanto seguir unos diálogos memorizados?

Exacto. Fue muy interesante el llegar ya con la propuesta del personaje bien definida, con las situaciones claras, así que lo único que quedaba era rodar.



  • El personaje es un guardabosques muy contenido, de pocas palabras. ¿Cómo trabajaste la corporalidad y la expresividad?

Eso lo trabajé a partir de todo lo que antecedía al personaje, de sus problemas psicológicos y físicos y, quizá, toda ese bullying que sufrió cuando era niño por no ser un chico normal.

  • Detállanos más del trasfondo de Marcos y que en la película no conocemos porque Siete Cabezas nos muestra un momento muy específico de su vida.

Sí, todos esos componentes del imaginario del personaje nos llevaron a pensar especialmente en la relación familiar, su relación en el colegio y con los demás niños. Sea como sea los niños son terribles, entonces si ven a otro con un problema se la montan, el famoso bullying del que hablaba. Imaginar también el rechazo de la gente y el rechazo especialmente de las mujeres.

  • Siento que el director tuvo mucho control sobre cada situación, que fue una película muy puntual ¿Realmente fue así?

Totalmente. A Jaime no lo conocía y al principio regularmente suelen haber debates artísticos sobre lo que se quiere y lo que uno se le ocurre proponer. Para mí fue muy interesante ver la claridad que tenía de todo el universo, de todos los personajes, entonces fue  un proceso de confiar, confié mucho en él y todo su talento. Jaime es una persona que trabaja bien, que sabe trabajar con los actores, que sabe dar indicaciones muy bien. Fue un trabajo en conjunto. Yo confía y daba y él pedía.

  • ¿Qué fue lo que más se te dificultó?

Cosas como masturbarse son siempre escenas complejas, sobre todo si hay ojos viéndote. Aunque obviamente no se ve, pero está ahí una imagen de mi cuerpo. Pero lo que más sufrí y lo que más se me dificultó fue entrar al agua en la laguna sagrada de los muiscas.

  • Interesante llegar a este punto, porque aunque se te ven los labios muy morados en esa escena, uno creería que era maquillaje o tratados en posproducción y que en realidad estuviste en una placentera piscina climatizada

(Risas) No. Esto fue en vivo y en directo (risas). Realmente fue muy fuerte básicamente porque el frío era en realidad tenaz. Hubo otra escena, también con las inclemencias del clima, en la que estábamos caminando con los otros dos personajes y me dieron un radio para irme diciendo por dónde iba porque la cámara estaba en una loma y yo literalmente no podía pulsar un botón porque los dedos no me daban.

  • Finalmente, ¿qué lectura le das a este personaje?

Para mí Marcos representa esa constante lucha que tenemos los seres humanos entre el bien y el mal. La representación de la dualidad del ser humano. En él hay sufrimiento, hay odio, hay un montón de sentimientos que carga desde que era muy pequeño.


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