Reseña de Olmo: Luminoso coming-of-age de Fernando Eimbcke


Por Sandra M Ríos U
X: @sandritamrios


Reseña de Olmo: Luminoso coming-of-age de Fernando Eimbcke | A través de la mirada de un adolescente obligado a crecer antes de tiempo, el director mexicano construye en Olmo su obra más madura y vibrante. Un retrato sobre el cuidado, la pérdida de autoridad y el descubrimiento del mundo que encaja perfecto con la esencia del tan comentado y explotado género cinematográfico.

 

Si hay un cineasta que ha sabido retratar con precisión ese instante suspendido, torpe y a veces doloroso que es la adolescencia, ese es Fernando Eimbcke. Desde aquella lejana Temporada de patos, el director mexicano ha hecho de la juventud su territorio predilecto, no para juzgarla desde la distancia del adulto, sino para habitarla con una empatía que se siente en cada plcano. 

Con Olmo, Eimbcke no solo vuelve a sus temas recurrentes, sino que entrega la que posiblemente sea su película más luminosa, una pieza que late con una vitalidad que se agradece y que confirma que su sensibilidad para narrar el crecimiento sigue intacta.

La historia nos sitúa en el Nuevo México de finales de los años 70. Olmo es un muchacho de 14 años que, en lugar de estar preocupado únicamente por la música o por impresionar a su vecina Nina, debe cargar con una responsabilidad que lo supera: ayudar a cuidar a su padre, Néstor, quien permanece postrado en la cama debido a una esclerosis múltiple avanzada que ha alterado por completo la dinámica de su hogar. Mientras su madre, Cecilia, y su hermana Ana intentan sostener la economía familiar, Olmo se convierte en el cuidador principal durante las largas horas del día. El conflicto estalla cuando Nina lo invita a una fiesta justo el día en que él debe quedarse a solas con su padre, obligándolo a elegir entre el deseo de vivir su propia vida y el peso de una obligación que se siente injusta.

En el corazón de Olmo late una reflexión sobre la pérdida de la autoridad paterna. Aquí, el padre no es la figura de mando o el guía que solemos ver en el cine de formación; es un hombre con un impedimento, vulnerable, dependiente, que ha perdido su voz y su lugar en el mundo exterior y en los cimientos del hogar, y eso lo ha convertido en un hombre seco, huraño y exigente. Para Olmo, el hijo menor, para su hermana mayor y su esposa, Néstor es un recordatorio constante de la fragilidad humana y de cómo la enfermedad puede despojar a alguien de su estatus de proveedor y protector.

Ese rol paterno que falta se refleja en el joven Olmo, un adolescente que a veces siente resentimiento, que quiere huir y que mira a su padre con una mezcla de amor y frustración, y es en ese despertar forzado a la adultez, donde el hijo debe hacerse cargo del padre, lo que convierte a esta película en un ejemplo perfecto de lo que representa la despedida de la inocencia. Y aquí hay que hacer mención aparte al reconocido actor Gustavo Sánchez Parra, asumiendo el rol de un personaje complejo, sabiendo transmitir sin excesos lo que representa no solo llevar la carga física y emocional de una enfermedad crónica e incapacitante, sino el peso de su orgullo herido y esa lucha interna, no expresada, por no desaparecer como figura paterna mientras su enfermedad avanza inevitablemente. Así como su cuerpo con limitaciones, Sánchez entrega dosificadamente la ira de su situación y el amor que se resbala por su esposa e hijos.

El guion, escrito por Eimbcke junto a su amiga de la infancia Vanesa Garnica, es una lección de economía narrativa y verdad emocional. No redunda en diálogos explicativos ni escenas de drama desbordado; todo ocurre en la suma de acciones liberadoras con las que buscan respirar de su mayor conflicto y en los pequeños gestos de la rutina del cuidado del padre o en las miradas entre Olmo y su amigo fiel Miguel. Fernando se detiene en cada miembro de esta familia migrante sin juzgar sus acciones. Entiende que están rotos, que la situación de Néstor los ha llevado al límite de sus fuerzas, pero también nos muestra su capacidad para seguir adelante. (Te puede interesar: Leer reseña de Moscas).

Pero si hasta aquí la historia se siente como un drama en todo su rigor, en realidad Olmo tiene tintes de comedia, en donde el humor aparece como un mecanismo de supervivencia, una forma de hacer que el dolor y la enfermedad que consume a un padre sea soportable. Es un humor al estilo Eimbcke, tierno e inocente, que permite que la película respire incluso en sus momentos más duros.

Formalmente, Olmo es buen disfrute visual que trabaja sobre una paleta de colores vibrante y saturada para sacar el máximo provecho de la atmósfera setentera y darle ese look, desde lo digital, de película filmada en celuloide. La labor de la cinematógrafa Carolina Costa es fundamental en este sentido; la película tiene un look que evoca inevitablemente a la estética de Mommy de Xavier Dolan, con esos tonos saturados y esa luz que parece querer traspasar la pantalla. Costa logra que el pequeño espacio donde vive esta familia se sienta a la vez como una prisión y como un refugio, utilizando el encuadre para resaltar la conexión o el aislamiento de los personajes. Esta decisión estética, sumada al uso del grano cinematográfico, le otorga a la película una textura de recuerdo vivo, de algo que ocurrió en un verano que marcó la vida de Olmo para siempre.

La música, como en Mommy, es el otro gran pilar que sostiene la propuesta. Eimbcke utiliza la banda sonora no solo como acompañamiento, sino como una ventana al mundo interior de Olmo. La mezcla entre la rebeldía adolescente de bandas como Los Dug Dug’s y piezas clásicas como la Quinta Sinfonía de Beethoven (en una versión disco que resulta fascinante) subraya esa dualidad entre el drama familiar y el deseo de libertad. La música es el motor que pone en marcha la acción: ese estéreo que los chicos deben llevar a la fiesta se convierte en el objeto de deseo que los empuja a salir de su encierro. El trabajo del compositor Giosuè Greco termina de redondear su atmósfera sonora.

No porque estemos frente a un drama con raíces desgarradoras, deja de ser luminoso. Olmo es una película que toca fibras sensibles sin caer nunca en el sentimentalismo. Fernando Eimbcke ha logrado transformar una historia íntima, sencilla y dolorosa, en un relato universal sobre lo que significa ser familia y sobre la dignidad del cuidado. Es una obra que nos recuerda que, incluso en medio de la enfermedad y la precariedad, hay espacio para la luz, para la risa y para el crecimiento. Al final, lo que nos queda es la imagen de un joven que ha aprendido que su lugar de mayor dolor es también el lugar donde encontrará su propia fortaleza. Olmo es la mejor película de Eimbcke desde Club Sandwich.

  • OLMO es un estreno en salas de EE.UU., a partir  del 7 de agosto.
  • Desde el 7 de agosto en el Quad Cinema de Nueva York, el Laemmle NoHo 7 y el Nuart Theatre de Los Ángeles.
  • Posterior a este lanzamiento, se estrenará a lo largo del territorio estadounidense, en salas selectas. Fechas por confirmar.

Síguenos en TikTok

Síguenos en Twitter

Síguenos en Instagram




Estrenos recientes



Spider-Man: Brand New Day


La Odisea


Supergirl


Spider-Man: No Way Home


Obsession


La muerte de Robin Hood


Toy Story 5


La Boca del Diablo


Vaiana


Minions & Monsters


Backrooms


La leyenda de Aang: El último Airbender


The Odyssey


Zona Cero


Leviticus


Scary Movie


El cobrador de deudas


Borderline


Kraken


En mar abierto



Próximos estrenos



Sunrise: El último amanecer


오케이 마담 2


El final de Oak Street


El motín


டி சி


விஸ்வநாத் & சன்ஸ்


Coyote vs. Acme


Adolescencia, sexo y muerte en campamento Miasma


La constelación del perro


Insidious: Fuera del más allá


ಟಾಕ್ಸಿಕ್


Infierno bajo cero


Sunny Dancer


La última casa


Super Troopers 3


Tony


बटवारा १९४७


Spa Weekend


La captura


Nimrods: A Green Day Comedy


Black Maria