Jun 3 2026 12:34
Reseña Backrooms: El terror de los espacios liminales
| Por Sandra M Ríos U | |
| X: @sandritamrios |
Reseña Backrooms: El terror de los espacios liminales | Tras sacudir el ecosistema digital con su visión de los espacios liminales, el joven prodigio Kane Parsons debuta bajo el amparo de A24 y James Wan. Backrooms llega a la gran pantalla como una pesadilla de oficinas infinitas que redefine el terror atmosférico contemporáneo, aunque tropieza en su propia ambición conceptual.
Bajo el sello de A24 y con la producción de figuras clave como James Wan, Backrooms no es solo la expansión de un fenómeno de internet sino que viene siendo un psicoanálisis sobre la desolación urbana y el agotamiento de una sociedad atrapada en sus propios patrones de repetición.
Hace dos años, Jorge Morla en El País de España escribió sobre el fenómeno creciente de los espacios liminales: lugares de transición vacíos, oníricos y perturbadores (pasillos, piscinas abandonadas, parques infantiles desiertos) que generan emociones como inquietud, nostalgia y malestar, y destacaba cómo se ha convertido en un culto estético popularizado en internet y en los videojuegos, que lo usan para crear experiencias inmersivas y emocionales, y así transmitir sensaciones de incomodidad y zozobra.

En el vasto y a veces predecible mapa del cine de terror actual, de vez en cuando surge una anomalía que nos obliga a mirar hacia donde nadie más está observando. Lo que comenzó como un experimento visual en YouTube, creado por un adolescente de 16 años llamado Kane Parsons, se ha transformado hoy en una de las propuestas más estimulantes y perturbadoras del terror psicológico reciente.
La premisa de Backrooms nos introduce a Clark (Chiwetel Ejiofor), un vendedor de muebles en plena crisis existencial, cuyo negocio —y vida— parece desmoronarse entre deudas y un divorcio inminente. La cotidianidad se quiebra cuando descubre en el sótano de su tienda un portal hacia una dimensión imposible: un laberinto infinito de oficinas alfombradas, bañadas por una luz fluorescente amarillenta y un zumbido eléctrico constante que se mete bajo la piel. Acompañado por su empleada Kat y su terapeuta, la Dra. Mary Kline (Renate Reinsve), se adentra en un no-lugar donde las leyes de la física y la lógica parecen haberse extraviado.
Lo primero que hay que reconocerle a Parsons es su asombrosa capacidad para construir una puesta en escena que respira, esto es literal. A diferencia de otros directores que dependen del susto fácil o el montaje frenético, la película utiliza sets reales que logran transmitir una claustrofobia paradójica: estamos en un espacio infinito, pero nos sentimos atrapados. Esa estética de los espacios, del umbral —lugares de transición que se sienten extrañamente familiares pero vacíos de propósito— crean una de las atmósferas más inquietantes que se hayan visto en el cine de terror de los últimos años. Es una experiencia que se siente física, casi táctil y recuerda ese nivel de lo perturbable y duradero en el tiempo de clásicos como “El resplandor”.

El director, que a sus 20 años demuestra una madurez visual casi que envidiable, se apoya en referentes claros pero bien digeridos. Hay trazos del surrealismo noir de David Lynch, especialmente de esa extrañeza doméstica que vimos en Blue Velvet, y una sobriedad estética que recuerda al trabajo de Ari Aster. Sin embargo, Parsons imprime su propia huella al tratar estos espacios como algo más que solo decorados, y les da un significado que él define como una “monocultura industrializada” que devora la identidad de quienes la transitan. También trabaja el diseño de sonido no como complemento sino como un personaje más; ese zumbido eléctrico va más allá del ruido de fondo y se convierte en la manifestación acústica de una angustia que no da tregua.
Sin embargo, es en su nudo donde la película decide tomar el camino más difícil y, por momentos, el más frustrante. A medida que Clark y Mary se internan en las profundidades de este laberinto, el guion de Will Soodik se vuelve excesivamente conceptual. La narrativa comienza a divagar sobre ideas metafísicas y teorías sobre la conciencia que no logran aterrizar del todo en la pantalla. Hay una intención loable de elevar el relato hacia una reflexión sobre el trauma, la memoria y la identidad en tiempos de máxima exposición, pero el peso de estas abstracciones termina por diluir la tensión emocional. El espectador se encuentra frente a una serie de secuencias visualmente impactantes, pero cuyo significado profundo parece escaparse entre los dedos, dejando una sensación de vacío que no siempre juega a favor de la historia.

Las actuaciones son el ancla necesaria para que el relato no se pierda por completo en sus divagaciones. Chiwetel Ejiofor entrega una interpretación contenida, transmitiendo la desesperación de un hombre que busca en el abismo una respuesta que el mundo real le ha negado. Por su parte, Renate Reinsve aporta una vulnerabilidad como la terapeuta que, intentando salvar a su paciente, termina enfrentándose a sus propios demonios en un entorno que parece alimentarse de ellos. La naturalidad de sus interpretaciones sostiene los momentos donde el ritmo decae bajo el peso de la conceptualización.
Backrooms es otra de esas películas del terror reciente que merece ser vista y refresca el género con nuevas voces dispuestas a reinterpretar su narrativa, así como lo hace “Obsession” que se alimenta de la idea de la deformación de lo cotidiano para causar miedo espeluznante. Aunque su ambición intelectual a veces le juega en contra, la película de Kane Parsons ofrece ideas elaboradas sobre la pérdida de sentido y demuestra que el terror psicológico tiene territorios vírgenes por explorar, donde, sin duda, el horror liminal es uno de ellos.

Traer de los videojuegos esos lugares de transición donde el tiempo parece suspendido, es aún más aterrador que la figura del monstruo explícito. Esos espacios infinitos, aunque reconocibles, generan inquietud ante el inminente sentir de que no deberíamos estar ahí por mucho tiempo y probablemente no exista salida. Backrooms le apuesta a uno de los miedos más básicos de todo ser humano: El temor de quedar atrapados física y mentalmente.
Ficha Técnica
Dirección: Kane Parsons
Guion: Will Soodik
Producida por: James Wan, Roberto Patino, Michael Clear, Shawn Levy, Osgood Perkins, Dan Cohen
Duración: 110 minutos
Género: Horror
Reparto: Chiwetel Ejiofor, Renate Reinsve, Mark Duplass, Finn Bennett, Lukita Maxwell
Música: Edo Van Breemen, Kane Parsons
Cinematografía: Jeremy Cox
Montaje: Greg Ng
País: Estados Unidos
Año: 2026










