May 26 2026 19:11
“Hope” de Na Hong-jin: El fenómeno de ciencia ficción en Cannes
Hope de Na Hong-jin: El fenómeno de ciencia ficción en Cannes. | Na Hong-jin regresó a la Competencia Oficial de Cannes con “Hope”, una ambiciosa epopeya de ciencia ficción rodada en 35mm que mezcla el suspenso rural con una invasión global, provocando una ovación de siete minutos, polémica y adrenalina.
Na Hong-jin, el director detrás de la inquietante The Wailing, regresó al Festival de Cannes para demostrar que el cine de género no solo tiene un lugar en la Competencia Oficial, sino que puede ser el corazón palpitante del evento.
Con “Hope”, una epopeya de ciencia ficción que mezcla el suspenso rural con una invasión de escala global, el director surcoreano provocó una de las reacciones más intensas y polarizadas de esta edición. Una obra de metraje generoso, al menos en el corte mostrado en el festival, y ambición visual desbordante que, tras su estreno mundial, se perfiló como una de las piezas más arriesgadas que han aspirado a la Palma de Oro en los últimos años.

Precisamente en 75 ediciones han sido muy pocas, no exceden las 10-15 producciones de ciencia ficción pura, las que han sido seleccionadas para competir por el máximo premio del festival. Entre ellas figuran Solaris (1972) de Andrei Tarkovsky, la ganadora de la Palma de Oro Titane (2021) de Julia Ducournau, Crimes of the Future (2022) de David Cronenberg y Sheep in the Box (2026) de Hirokazu Kore-Eda.
El regreso de Na Hong-jin al Festival de Cannes se dio tras deslumbrar en secciones paralelas con The Chaser y The Yellow Sea, y dejar una marca imborrable con The Wailing en una sesión fuera de concurso. El director finalmente dio el salto a la selección principal con una propuesta que desafía las convenciones del evento: una película de ciencia ficción épica. No es habitual que el jurado de la Palma de Oro se enfrente a una obra de estas características, pero Hope logró imponerse por la fuerza de su puesta en escena y una narrativa que, según medios como Le Monde, “desborda los límites del thriller para adentrarse en un territorio visualmente fascinante y aterrador”.
La trama de Hope nos sitúa en un entorno rural de Corea del Sur, un paisaje que Na Hong-jin domina a la perfección. En una pequeña comunidad costera, el hallazgo de algo inexplicable en una carretera solitaria desencadena una serie de eventos que pronto escalan hacia un conflicto de proporciones épicas. El tráiler oficial nos ofrece un adelanto de esta atmósfera cargada de tensión: cielos plomizos, campos de arroz que parecen esconder secretos antiguos y una sensación de peligro inminente que se respira en cada encuadre. La cinematografía, que apuesta por una luz natural cruda y una paleta de colores desaturados, refuerza ese realismo sucio que caracteriza al director, donde lo cotidiano se vuelve ominoso de un momento a otro.

Uno de los aspectos más comentados en el festival ha sido, sin duda, su metraje. Con una duración que roza las tres horas, Na Hong-jin se toma su tiempo para construir un universo donde lo local y lo universal colisionan. La reacción del público en el Grand Théâtre Lumière fue atronadora, culminando en una ovación de siete minutos que dejó claro que, independientemente de la división que pueda generar su guion o su uso de efectos visuales, la película es una experiencia cinematográfica total. Medios como The Korea Times destacaron que el director se inspiró en un sentimiento “ominoso” sobre el estado actual del mundo, una angustia existencial que se traduce en una lucha desesperada por la supervivencia.
El reparto es otra de los grandes elementos de Hope. Liderado por Hwang Jung-min, un colaborador habitual de Na Hong-jin que aquí interpreta a un hombre que conoce los rincones más oscuros de su tierra, la película cuenta también con la participación de figuras internacionales como Michael Fassbender y Alicia Vikander, que fueron sensación en el festival. Esta mezcla de talento coreano y occidental subraya la escala global del proyecto y su ambición de cruzar fronteras. De hecho, antes incluso de su estreno en Cannes, la distribuidora Neon —responsable del éxito de Parasite en Estados Unidos— ya había adquirido los derechos para su distribución internacional.
El diseño de producción recrea una atmósfera de finales de los 80 o principios de los 90, con coches de policía clásicos y una vestimenta que nos transporta a una Corea rural y ruda. Pero es en su incursión en la ciencia ficción donde Na Hong-jin arriesga más. La presencia de elementos “no humanos” y el uso de efectos digitales han generado debate, pero nadie puede negar la brillantez de sus secuencias de acción y la capacidad del director para mantener la tensión en un entorno que parece estar siempre a punto de estallar. Se puede decir que es un cine de sensaciones, de sangre, lluvia y una “esperanza” que, paradójicamente, se siente más como una amenaza que como una promesa.

Hope es, en definitiva, una apuesta por el cine de autor a gran escala, genuino y salvaje. La película de Na Hong-jin ha inyectado una dosis de adrenalina y audacia que la Croisette necesitaba, en el sentido de dar razón a un festival que dice elegir lo mejor del cine anual, ajeno a su género. Tras todos los comentarios que suscitó, se puede concluir que es una obra que llega a polarizar y que agota, pero también que maravilla y que posiciona a este director surcoreano como uno de los visionarios contemporáneos.
Reseña de Liliana Bravo desde el Festival de Cannes
HOPE EXPLOTA EN CANNES: ADRENALINA PURA, POLÉMICA Y ÉXODO EN LA SALA
A ver, esto que ha traído el director surcoreano Na Hong-jin a la Croisette no es para cardíacos. Para muchos de los que estuvimos ahí, no es solo cine: es una auténtica inyección de adrenalina directa al corazón. Para otros, fue demasiado y prefirieron salirse a mitad de la función. Así de radical es Hope, la superproducción más costosa en la historia del cine de su país, ¡y vaya que se nota cada centavo invertido en la pantalla!
Eso sí, hay que recordar que estamos ante puro cine fantástico, por lo que toca abrir un poco la mente. Seamos honestos: este tipo de propuestas tan desparpajadas y brutales solo los coreanos tienen la capacidad de filmarlas con semejante nivel. Si logras dejar los prejuicios en la puerta y admites desde el primer minuto que estás ante una maravillosa extravagancia, les aseguro que se la van a pasar increíble.

Nos encontramos ante un despliegue de acción salvaje, persecuciones y ferocidad extrema que no veíamos con tal nivel de espectacularidad desde que George Miller nos voló la cabeza con Mad Max: Furia en la carretera. Aquí la sutileza no existe; la película se entrega por completo al exceso con secuencias al límite, explosiones descomunales y huidas imposibles.
¿El gran milagro de este viaje? Su ritmo frenético e inagotable. Na Hong-jin maneja el caos con una coreografía de una precisión milimétrica, logrando fusionar con una fluidez asombrosa las criaturas digitales con el extenuante y tremendo trabajo físico de los especialistas de acción. Es una experiencia de velocidad constante, impactos y desorden perfectamente orquestado que, de verdad, te deja sin aliento.
Una genialidad salvaje que ya encendió el debate en el festival. ¡Cine en estado puro!










