Escenas destacadas del Cine: El Bebé de Rosemary. Declarada tesoro nacional




En el día de ayer El Bebé de Rosemary ha sido incluida en el Registro Nacional Cinematográfico de Estados Unidos, la película de culto de Roman Polanski estrenada en junio de 1968 entra a formar parte del tesoro nacional dada su importancia “estética, cultural e histórica”.

El guion del largometraje es también de Roman Polanksi, adaptando la novela de igual título, un clásico de la literatura del horror cuya primera publicación fue tan solo un año antes del estreno de su versión para cine.

La adaptación cinematográfica no se mantuvo dentro de la línea del horror plenamente dicho, Polanski la sostuvo hasta su último acto en una especie de thriller psicológico. Sus personajes tan misteriosos e indescifrables para el espectador, le ponen un manto de duda constante sobre ellos y sus acciones. Solo hasta el final, se confirma que los temores de Rosemary Woodhouse eran espeluznantemente ciertos.

La película de Roman Polanski juega en mucho al suspense de Alfred Hitchcock; su cámara todo el tiempo se concentra en detalles, como queriendo que armemos las piezas de un caso (uno muy tenebroso): en el amuleto que le entregan sus excéntricos vecinos, los brebajes que le dan a beber, las caras en plano cerrados, el título del libro sobre las brujas, la portada de la revista Time donde se lee: “¿Dios está muerto?” o su espalda marcada tras el terrible encuentro con Satanás.

El realismo que trascendió la pantalla
El realismo con el que se mantiene la historia es lo que la convirtió definitivamente en un referente del género. La paranoia convertida al final en terror verdadero resume el logro de esta adaptación cinematográfica.

La película, de hecho, fue filmada en el edificio Dakota ubicado en pleno Manhattan, una edificación que data de 1880 y que ha albergado a varios famosos, entre ellos a John Lennon, quien fuera asesinado en las puertas de su entrada. También figuran dos magos: el seguido, hasta hoy en día, mago y ocultista Aleister Crowley y Gerald Brossau Gardner, mago, brujo practicante y precursor de la religión neopagana Wicca. Como residente del edificio, se dice que este último invocó fuerzas ocultas por lo que desde entonces dejó una puerta abierta hacia lo desconocido.

Fue esta la historia que movió a Polanski a rodar en el Dakota, pero la película tuvo a muchos ocultistas opositores, entre ellos Charles Manson, quien a un año y dos meses del estreno del film realizó junto a su fundada fraternidad “La Familia” un escabroso ritual satánico en el que la esposa de Polanski, la actriz y sex symbol del momento Sharon Tate, de ocho meses de embarazo, y unos amigos, fueron las víctimas. La mansión de los Polanski en la zona más exclusiva de Beverly Hills, quedó convertida en un baño de sangre con cuerpos regados por toda la casa y mensajes perturbadores. A hoy se han tejido, por parte de amigos y seguidores del clan Manson otra serie de conjeturas sobre las verdaderas intenciones del macabro hecho.



Otros aspectos reales que se dicen se incorporaron a la película, fue el cameo de Anton LaVey (el plano cerrado con los ojos del cornudo) el famoso ocultista fundador de la iglesia de Satán. LaVey al parecer también obró como asesor temático.

Además de la tragedia, el rodaje tuvo tropiezos con la crisis nerviosa que se especuló sufrió su protagonista, para ese entonces una joven y bella Mia Farrow y la muerte del compositor habitual en las películas del director, Krysztof Trzcinski, por un accidente cerebro vascular, a tan solo cuatro días de cumplir 37 años de edad y justo cuatro meses antes del asesinato de Tate. Adicionalmente, el productor William Castle debió ser hospitalizado por un fallo renal grave durante el rodaje de la película. Por todas estos incidentes El Bebé Rosemary figura en las listas de las películas malditas de Hollywood.

Las escenas destacadas

La concepción
Dentro de sus escenas más destacadas está toda la secuencia denominada “La concepción”, que aún hoy sigue siendo cortada en su versión para televisión (ver la escena aquí). Rosemary desconfía de sus vecinos, pero no es hasta el momento de la concepción cuando se deja entrever que algo muy siniestro está pasando. Una escena en la que Rosemary tiene una especie de trance donde presencia un ritual en la que ve a sus vecinos desnudos, con cánticos extraños y luego ve la figura del diablo que la viola hasta desmayarse. La escena es aterradora, llena de simbolismos: un calendario con las fechas de Octubre 4 y 5, el pudin de chocolate que le lleva su vecina con sabor a tierra, las imágenes de la Capilla Sixtina con las pinturas de Miguel Ángel y un hombre simulando ser la figura del Papa.

Rosemary hace su última visita al doctor
Rosemary tan pronto inicia su embarazo es motivada a cambiar de ginecólogo por sus vecinos y su esposo (John Cassavetes), quien le sugiere no leer un solo libro de maternidad y no tomar ningún medicamento, solo beber los “brebajes naturales” preparados por la señora Minnie Castevet. En una visita inesperada al doctor, ya cumpliendo su periodo de embarazo, debe anunciarse ante la secretaria, quien le dice a Rosemary que no trae el horrible olor en el cuerpo que suele acompañarla y que a veces ella también le siente al médico. La protagonista cae en cuenta que no lleva puesto el amuleto que le regaló sus vecinos y confirma la relación del Dr. Sapirstein con ellos. Nuestra protagonista huye del consultorio.

Rosemary en la cabina telefónica
Ella definitivamente debe pedir ayuda. En esta escena está convencida que no puede dar a luz a su hijo con el doctor Sapirstein y tras salir corriendo de su consultorio, se mete a una cabina telefónica en busca de la ayuda de su anterior médico. Rosemary cierra la puerta y la tensión en ese pequeño espacio es máxima. Mientras llama suda, es la Nueva York de pleno verano. Su nerviosismo y angustia mantiene en vilo al espectador, sospecha uno que algo va a pasar ahí, pero nada ocurre hasta que de repente una figura alta, de un hombre mayor y de espaldas, espera plantado en la puerta de la cabina. ¡El susto es grande!

La verdad se descubre
Toda la secuencia final es determinante para definir la película dentro del género del horror. Rosemary descubre que le han mentido tras el parto: su hijo está vivo. Ella encuentra la forma de llegar a la casa de sus vecinos donde ve a su pusilánime esposo y otros conocidos conversando, mientras se aprecia una impactante cuna negra, con velo negro y una cruz formada con cuchillos.

El anfitrión, el señor Roman Castevet, la invita a conocer a su hijo, el hijo de la bestia, a quien ella ve y se aterra de su aspecto, pero es su progenitora y a pesar de todo lo vivido parece despertarle su instinto maternal. Ese final fue tan impactante y generó tanto comentario que mujeres embarazadas decidieron no ir a ver la película, hizo que algunos grupos de oración rezaran por el cineasta, de quien creían había hecho un ritual satánico de verdad.

Finalmente hemos de decir que El Bebé de Rosemary es sobre el terror latente, no del que hoy se ocupan los directos del género del momento, es decir, de lo fantasioso del tema y de los aspectos externos: los ruidos,  la estética de una casa, la ropa de sus protagonistas, los mensajes pintados en una pared. Polanski se valió de sus protagonistas para infundir temor. Ese trabajo mereció que Ruth Gordon, como la misteriosa y temible Minnie Castevet ganara un Oscar a Mejor Actriz de Reparto.  El guion también fue nominado.




 


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