Festival de Cine de Cartagena 2011 – Balance


Por Sandra M Ríos U
Twitter: @sandritamrios




Con el mismo positivismo que registrábamos al inicio del evento, concluyó la primera versión de esta nueva etapa del Festival Internacional de Cine de Cartagena el pasado jueves 03 de Marzo. Fueron 8 días con más de 100 exhibiciones entre la competencia oficial de ficción, documental, cortometrajes, video arte, cine al barrio y las retrospectivas del cineasta francés Olivier Assayas y el mexicano Nicolás Pereda.

La Organización
Todos los ojos estaban puestos sobre Monika Wagenberg, la directora, pues en ella recaía el peso de la re-organización del festival que en años anteriores estuvo en el ojo del huracán, no solo porque el festival no traía invitados reconocidos y la programación no era la más óptima, sino porque la logística mostró desorden y falta de planeación.

Durante los ocho días enteros, Monika demostró ser una gran gestora, dobló esfuerzos y estuvo presente en casi todas las exhibiciones. Fue ella misma quien se apoderó de los micrófonos y presentó a directores y actores invitados. A ella misma se le debe la gran afluencia de público en la exhibición de las películas, en las que en muchas de ellas hubo lleno total. Así ocurrió con “Pequeñas Voces”, por ejemplo, función que se destinó para unos 600 espectadores pero fue tal la asistencia, que se debieron programar dos funciones adicionales, que por demás, fueron gratuitas, o la mágica noche vivida al aire libre en el Camellón de los Mártires en la presentación de la película “También la Lluvia”, que estuvo abarrotada de público.

La programación y los invitados
“Minimalismo”, es la palabra que caracterizó las películas que formaron parte de la competencia de ficción en 2009, de ahí que el jurado escogiera a la coproducción uruguayo-argentina “Gigante” como la vencedora. Si ese ejercicio lo hacemos este año, la palabra sería “cotidianidad”. La programación del festival, a cargo de la misma Monika y el crítico Orlando Mora, seleccionó con rigor lo más representativo de Iberoamérica, que se caracterizó por historias cotidianas como punto de partida para desarrollar relatos cargados de reflexión.

12 películas muy parejas y que dejan a los gustosos del cine latinoamericano, como yo, con el mejor sabor de boca por el avance y el rumbo que se vislumbra en la industria de nuestra región. Largometrajes sencillos, bastante bien dirigidos y con planteamientos básicos que no dejan de tener su profundidad. Ejemplos claros de buen cine pudimos verlos con Post-Morten (Chile), Gatos Viejos (Chile), Rompecabezas (Argentina) y Octubre (Perú). Por supuesto, ni hablar de la selección documental que demostró los excelentes trabajos que se están produciendo, además de las gemas y galas con películas como Poetry , De Hombres y Dioses y Tropa Elite 2.

Pero así como hubo películas conocidas y desconocidas de lujo, los invitados también estuvieron a la altura del festival. La lista fue larga y nutrida: Olivier Assayas, Fernando Trueba, Arturo Ripstein, Guillermo Arriaga, Willem Dafoe, Nicolas Pereda, Geraldine Chaplin, Luis Tosar, Carlos Reygadas, entre otros, vinieron no solo  a dar material a la farándula, sino que realmente participaron en las exhibiciones, como lo hizo en repetidas ocasiones Tosar y Dafoe, y a brindar de forma sincera y gustosos,  toda la experiencia que han adquirido.

La Logística
Pero si la esencia del cine renació con el trabajo de la nueva directora, la logística tuvo sus fallos que quizás pudieron producirse por la masiva acogida que tuvo el festival. Hubo desórdenes en el acceso a las proyecciones, en especial, a las del Centro de Convenciones y el horario programado tuvo retrasos que, en algunos casos, superó los 20 minutos. Así ocurrió con películas como “Todos Tus Muertos”, “Pablo’s Hippos”, “A Waste Land” y “Another Year”, por citar algunas. Esta situación resultó molesta no solo para el público, sino para los medios que nos vimos sometidos a realizar largas filas y salir apresurados para cumplir con el resto de la programación.

Las condiciones técnicas, uno los objetivos principales trazados, mostró avances significativos en especial en las exhibiciones del Teatro Adolfo Mejía,  pero falló mucho con el tema del sonido en el Centro de Convenciones. En esto deberá concentrarse Mónica para la siguiente versión.

La Prensa

Laboratorios Black Velvet fueron los encargados este año de los diversos medios y la divulgación. En este aspecto hubo también, mejoras sustanciales. La acreditación fue rápida y sin traumatismos, el material de apoyo se obtenía con facilidad y la agenda de invitados, se cumplió.

Hizo falta un banco de imágenes vía web para facilitar la labor de las publicaciones y no fue buena opción tener una sala de prensa que se llenaba de gente cada vez que había un conversatorio, pues se compartió el mismo espacio.

Como directora de CineVista Blog que, por segundo año consecutivo, acude al encuentro de cine más importante del país, y que en esta oportunidad, corrimos con todos los gastos para realizar el cubrimiento, no estuve de acuerdo con que nos cobraran el catálogo oficial del Festival. No por su costo, un valor simbólico de  $5,000 olombianos, sino porque finalmente este se debería convertir en un material de apoyo para los medios que asisten al Festival dispuestos a cubrir el evento.

Los puntos negros

El festival se la jugó bastante al traer como invitado internacional al actor estadounidense Willem Dafoe, pero el precio que pagó por esta invitación fue bastante elevado. A su lado estuvo su adorable esposa y realizadora italiana, Giada Colagrande, quien presentó con todos los honores su film “A Woman”, una película muy pobre que deslució la programación del festival y a la que no se le debió haber hecho tanto despliegue.

Por otra parte, me sigue asombrando la ausencia de cubrimiento masivo y mediático de los medios nacionales. Medios que en su mayoría se centran en la farándula por la presencia de invitados reconocidos y no en el cine mismo, como si se hace en los festivales más importantes.  La crítica de cine se desplaza a estos festivales (Sundance, Venecia, Berlin, Cannes, etc) y a diario hablan y comentan las películas, esencia de un festival.  Acá ese apartado esta reservado, supuestamente, para una post crítica, que sirve, sin duda, como análisis concienzudo,  pero no, como cubrimiento mediático que merece y necesita el festival.

Retomando lo que nos gusta: el cine.
Pero retomando lo que más nos apasiona y la razón de nuestro viaje y cubrimiento, muy satisfechos hemos quedado con esta versión del festival que dio espacios verdaderamente a lo más destacado, pudiendo así ver y descubrir tendencias. Vimos óperas primas prometedoras (La Vida Útil, Pequeñas Voces, Por tu Culpa, Abel, Karen llora en un Bus), vimos direcciones sólidas (Post-mortem, Gatos Viejos, 18 Comidas, Todos tus Muertos), apreciamos robustos documentales (Agnus Dei, El Edificio de los Chilenos, Meandros, La Toma) y nos dimos el lujo de ver lo más sonado a nivel internacional (Poetry, Black Swan,  Waste Land, Carlos).

También, fuimos observadores de cómo el cine iberoamericano ha hecho miradas al cine mismo como la premiada “La Vida Útil”, sobre un crítico en crisis con su cinemateca, “Asalto al Cine”, su nombre lo explica todo, “Riscado”, film brasilero sobre una mujer a la que le brindan la oportunidad de participar en una película y “También la Lluvia”, que utiliza como telón fondo la historia de un productor que prepara un film sobre la conquista española.

Hubo espacios para la mujer, en las que por supuesto, Argentina sigue a la cabecera. En especial las realizadoras del país del sur, están logrando crear historias alejadas del rótulo “femenino”, concentrándose más bien, en la universalidad del pensamiento.

Miradas hacia problemáticas que afectan a los niños también hubo varias, casos cercanos son los largometrajes colombianos “Pequeñas Voces” y “Los Colores de la Montaña”, que no hacen otra cosa que darle voz a los pequeños en medio del conflicto armado. Pero también lo hizo “Agnus Dei” (México), con el tema de la pederastia y “El Edificio de los Chilenos”,  sobre los hijos que perdieron la oportunidad de crecer con sus padres mientras estos luchaban contra el régimen de Pinochet.

Por otra parte el cine colombiano se sigue alejando de la tendencia latina de crear historias “cotidianas” y sigue enfocándose en las “realidades” del país. Ejemplo de ellos, “Pequeñas Voces” y “Los Colores de la Montaña” sobre el desplazamiento, “Pabblo’s Hippos” sobre los exóticos animales de Pablo Escobar,  “La Toma” sobre la toma del M-19 al Palacio de Justicia del país en 1985 y “Apaporis en Busca del Río” sobre la caída de un narcotraficante.

En este aspecto me resultó gratificante y esperanzador ver el largometraje colombiano, “Karen Llora en un Bus”, una historia precisamente “cotidiana” que, a pesar de sus fallos técnicos, destaco pues creo que ese es el tipo de cine al que debe llegar la cinematografía nacional y que de hecho, es el cine que ya están haciendo nuestros vecinos más cercanos. Recuerdo al pensar en este punto en dos cosas: Monika comentaba que cuando vio este film en Cannes, aún en construcción, muchos le decían a su realizador que era una historia futurista para el cine nacional; después de verla comprendo porqué, y conversando con el columnista argentino Alfredo García, recordaba que Ciro Guerra le decía que Colombia tiene muchas historias que nacen en las calles que esperan ser contadas. Sin duda, es un acierto pensar y virar el cine hacia esta tendencia con la que se logran historias que conectan mejor con el público.

Esta es una tendencia que quedó probada en la competencia oficial de este año. Ahora lo que le queda a la industria de nuestra región es tiempo para que este tipo de largometrajes, que cualquier espectador puede digerir, lleguen a los demás países y logren, aunque sea, un pequeño espacio en los circuitos comerciales, puesto que este tipo de historias, tan comúnes, tan universales y naturales,  merecen un poco más que los espacios en cinematecas y festivales, y de paso, vayan dejando el odioso rótulo de films “festivaleros”.


 


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