Reseña Crítica de Boyhood de Richard Linklater, primer film de ficción rodado durante 12 años


Por Sandra M Ríos U
Twitter: @sandritamrios




“¿Qué sigue? ¿Mi propio funeral? Solo pensé que había más”

Boyhood es una película que se cocinó a fuego lento, con la paciencia y determinación de 12 largos años. El tiempo cumple en este film un papel determinante para los personajes y la narrativa, y es algo que ha sido común en la filmografía de Richard Linklater. Algunos directores muestran la relación de los personajes con el espacio, pero él trabaja las relaciones de éstos con el inexorable tiempo.

Lo hizo en su famosa trilogía del amor “Antes del (amanecer, atardecer, anochecer)”, revisando la relación de una pareja en diferentes momentos de su vida, pero aquí tomó un riesgo máximo; hacer una película que, en realidad, transcurriera en 12 años para mostrar los cambios físicos y emocionales de sus personajes.

Lo primero que se le pasa a uno en la mente es cómo habría sido el contrato para lograr que sus cuatro protagonistas, una familia compuesta de padre, madre y dos hijos, siguieran embarcados en una producción tan singular y por tanto tiempo. Por el lado de Ethan Hawke, sabrán muchos que el asunto no era difícil de resolver. Hawke es amigo personal de Linklater y su actor fetiche. Pero, ¿el resto? Una de las actrices, Lorelei Linklater, es la hija del director, y el resto se embarcó solo por compromiso y los créditos del cineasta, uno de los más respetados de la industria estadounidense.

Contar con el mismo reparto durante tanto tiempo es un desafío y un riesgo enorme, no solo porque alguno pudiera desistir en algún punto, ante la imposibilidad de poder hacer firmar un contrato que cubriera tal lapso (sencillamente esta figura legal no existe en la industria cinematográfica), sino por situaciones fortuitas como un accidente o incluso la muerte. De hecho, el cineasta reconoció que llegó a decirle a Hawke que si él llegaba a morir le encargaba la terminación del proyecto.

Boyhood: Momentos de una vida, sigue la historia de una familia a través de la perspectiva del hijo, Mason, desde los 5 hasta los 18 años. Su familia compuesta por padre, madre y una hermana mayor se disuelve, y a partir de ese momento enfrenta las experiencias que afrontan los hijos de padres separados.

 

Las películas de personajes tienen como punto vital, por obvias razones, la escogencia de su reparto, por ello el director se tomó un largo tiempo para ver muchas audiciones en Texas (su lugar de nacimiento), en la que dudó mucho  del actor final, Ellar Coltrane, que tenía tan solo 5 años cuando hizo su primera audición. Fue un dibujo que él hizo de un mono que terminó por convencerlo.

No hay precedentes en la historia del cine mundial de una película igual, no con una historia de ficción, pero aún así, todo se siente muy real. Es un film intimista, de la cotidianidad y existencialista, que se sostiene con una historia muy orgánica, gracias en parte a que a medida que se rodaba se hacían ensayos en los que el guion se iba modificando con algunas experiencias reales de los protagonistas y los diálogos se iban ajustando a esas nuevas experiencias. El rodaje se hacía durante cada temporada de verano y se grababa lo que finalmente iba a quedar por tres o cuatro días.

Sorprende entonces cómo con tan poco tiempo por año se fue ensamblando la película y cómo lograron sus protagonistas sostener la química al paso del tiempo, de tal modo que no se hiciera evidente la forma real de rodaje. Otro de los aspectos que ayudaron a esa naturalidad, es que al pequeño actor no le contaron del todo la dimensión del proyecto, tampoco le mostraron nada del rodaje hasta que estuvo terminado (vio la película a los 18 años y antes de que fuera sometida a la crítica). Además, las experiencias que se viven en esas etapas como el primer beso, derribar ciertos mitos que le cuentan a los niños para conservar su inocencia o la primera relación sexual, solo fueron llevadas a rodaje cuando el actor en realidad ya había pasado por ellas.

Durante todo ese largo periodo, vemos cómo la madre toma decisiones en su afán de restaurar su vida y recuperar la familia perdida a sus hijos, fallando en el intento. Observamos cómo los hijos absorben esos errores típicos del quehacer de ser padres, no quedando más de otra que acatarlos. Decisiones de sus padres que terminan moldeando la personalidad de los hijos al llegar a la adultez. De eso se trata la película, del proceso real de crecer, de esos momentos que a veces ni sentimos y terminan definiendo el resto de nuestro destino. De esas relaciones con los padres cuando estamos pequeños, de las cosas que como hijos no se dicen y ocupan nuestros primeros pensamientos secretos. Impecable dirección, con un montaje sencillamente brillante.

Pero si el film habla de la infancia y lo difícil que puede resultar crecer para muchos, lo que recrea incluso mejor que eso (porque la visión del hijo, siendo yo hija de padres separados a los 9 años, siento que se queda bastante corta) es a los padres, especialmente a la madre. Decía Ethan Hawke en una entrevista que el título estuvo siempre en debate y destacaba muy especialmente el trabajo de la madre, excelentemente interpretada (para mí por encima de todos) por Patricia Arquette. El actor decía que bien podría haberse titulado “Motherhood”, y en eso estoy muy de acuerdo. Boyhood  es una película tremendamente maternal, con las implicaciones a todo nivel de lo que significa ser mamá.

Boyhood con sus inmensos valores, una buena suma de grandes momentos y varios diálogos para el recuerdo, se me hace un film demasiado largo. Dos horas cuarenta y cinco minutos parecen justos para 12 años de material filmado, no obstante, siento que desafían al espectador por varias razones: tiene algunas escenas sin mucho propósito para la narración, es un film minimalista sin mayores sorpresas y es un film trascendental. No pensar la película y lo que propone en cada escena es imposible. Richard Linklater desafía también a la industria misma, por supuesto y especialmente a la de su país. Una película contraria a la tradición actual de Hollywood; taciturna, fijándose en detalles insignificantes, con poquísima intromisión de una banda sonora y diálogos moldeados por los propios actores.

Boyhood: Momentos de una vida ganó en febrero el premio a mejor director en el Festival de Cine de Berlín, venía catapultada por ser considerada una obra maestra en Sundance que se lleva a cabo en enero  y desde entonces no cesan los comentarios aclamando esta nueva película, anunciándose desde muy temprano como una de las fuertes contendientes en los Premios Oscar 2015. En lo que a mi respecta, celebro lo hecho por este gran director, especialmente la mística para hacer esta singular producción, más que la película en sí misma. Ya sabrán que los largometrajes existencialistas dependen mucho del estado de ánimo del espectador y quizás no era mi momento de ponerme tan sentimentalmente profunda y nostálgica. ¡Así es a veces la relación con el cine! (la repetiré seguramente antes de los Oscar).

Qué oportunidad tan única ha tenido el joven actor de revisar parte de su propia vida a través de una lente. Contaba también que de niños existió cierta rivalidad con Lorelei, hija del director, pero ahora después de grande, es con la que más siente conexión, pues ella vivió el proceso a ciegas como él.

Ficha Técnica

  • Director: Richard Linklater
  • Guion: Richard Linklater
  • Género: Drama
  • Duración: 165 minutos
  • Reparto: Ellar Coltrane, Lorelei Linklater, Patricia Arquette, Ethan Hawke, Libby Villari, Marco Perella, Brad Hawkins
  • Cinematografía: Lee Daniel, Shane Kelly
  • Montaje: Sandra Adair
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2014

 


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