Reseña de Noche Herida (Competencia cine colombiano) – FICCI 2016


Por Sandra M Ríos U
Twitter: @sandritamrios




* Publicado en el DIARIO FICCI

La paz se justifica a plenitud no con los discursos ingenuos, descarados o engañosos de los políticos, sino con la gente que le ha tocado vivir la violencia, escapar o acostumbrarse a ella.

Hay una imagen especialmente potente en esta película que sirve además de afiche y que repite un par de veces su protagonista. Blanca Ligia es una mujer como cualquier otra que, aún con su edad y condición, no pierde su feminidad, pero detrás de esa postura de pintura, hay una historia de dolor, sufrimiento y preocupación.

Blanca llegó desplazada a la periferia de Bogotá y vive en un pequeño espacio con sus tres nietos adolescentes. Didier, el mayor, es el que le ha dado más lidia. No queriendo terminar el bachillerato decide irse de la casa detrás del amor. Con la angustia de saberlo perdido, está dispuesta a sacrificar lo que sea y recurrir hasta de la ayuda divina para no permitir que los otros desvíen su camino y así cumplir la promesa hecha a su hija fallecida.

La Noche herida nos interna con sutileza en el núcleo de esta familia. A través de su cotidianidad a la víspera de un festejo navideño, va revelando una serie de profundas realidades. Blanca Ligia es una mujer fuerte, de voz gruesa, dicharachera y de costumbres y tradiciones como buena paisa caldense. Eso se refleja en sus nietos que con evidentes carencias se notan bien criados. La abuela les cuenta anécdotas sorprendentes de su pueblo, de esas que se vuelven leyendas y le sirven como recurso coercitivo para educarlos. Ellos concentrados las escuchan. Es que es un personaje que con su voz y pensamiento seduce y con sus palabras convence.

En este documental la cámara no invade la intimidad de esta familia, no hay entrevistas, ni testimonios. Aquí los personajes casi siempre se olvidan de la cámara y solo la recuerdan cuando el miedo los invade al hablar de la crudeza de la violencia o ante la sombra, que prácticamente los paraliza, de volver a vivirla. Este es otro documental nacional que se mueve en el interesante terreno del cine híbrido, entre lo real y la ficción, y con el cual se construyen obras de gran fluidez y acierto narrativo.

El director y también periodista Nicolás Rincón Guille decide que no haya excesos de palabras, que no haya exceso de explicaciones y minucia en detalles que servirían más para alimentar el morbo y no el discurso dignificante que hay de fondo. Ha dejado que el subtexto de esta valerosa historia se cuente solo a través de la cotidianidad y de unas imágenes precisas y concluyentes capaces de hablar por sí solas.

Nicolás al hablar de su película reflexiona sobre la necesidad de permitir que las voces de los campesinos – los más sacrificados del país -, puedan ser escuchadas. Noche herida permite ese espacio donde la tragedia ya no es el eje sino lo que ha quedado tras ella y deja en evidencia lo mucho que se debe trabajar por la paz y la sociedad a futuro. Blanca representa también un pueblo que se acostumbró que “el huevo y la carne” son solo para los doctores, que la educación es para los ricos y el servicio militar en el monte es para los que no tienen con qué pagar la libreta.

Noche herida es un largometraje sobre la tradición oral y a su vez confirma que en el país no vivimos como debemos sino como podamos. Con esta película el director cierra una trilogía titulada “Campo hablado”. Las otras dos: “En lo escondido” (2007) y “El abrazo del río” (2010).


 


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