Reseña de “Un varón” de Fabián Hernández – Masculinidades, estereotipos y marginalidad


Por Sandra M Ríos U
Twitter: @sandritamrios


En estos tiempos de revisionismo, de supuestos cambios de paradigmas, de exaltación de lo femenino y de movimientos feministas, me resulta oportuno una película que aborde eso de las masculinidades, sobre todo lo que puede llegar a significar o resignificar en las nuevas generaciones.

En “Un varón”, el entorno en el que se mueve su protagonista, un chico adolescente que vive en un centro de acogida, es el de la marginalidad.


En el mundo de la calle donde los códigos sociales y las dinámicas de poder son más extremas, el probar ser un verdadero hombre se vuelve un asunto de vida o muerte. ¿Pero qué es eso de ser un varón? Vendrán ahí todas esas ideas preconcebidas e inculcadas desde la infancia y que no parecen cambiar en ciertos espacios, que dictan que los hombres no lloran, que no necesitan de la mujer y que por ser machos el portarse mal o ser los malos de la película, viene casi que impregnado en el ADN. En la calle impera la ley del más fuerte y tiene, al menos, dos principios inamovibles: Cumplir con la palabra – que es lo único con lo que se cuenta, como dicen en esta historia- y jamás olvidar su virilidad.

Se acerca la noche de navidad y Carlos, el protagonista, sale unos días para reencontrarse con su hermana y visitar a su madre, quien se encuentra en la cárcel. Ambos hijos quieren ayudarla a salir del lugar, pero la vida los mantiene ocupados con la rudeza del diario vivir, donde las oportunidades son aún más limitadas y por eso él se ve presionado a seguir en el bajo mundo expendiendo vicio. Buscando una noche a su hermana, se encuentra con uno de los líderes del barrio quien lo insulta, lo amenaza, lo reduce y le roba sus escasas pertenencias. Ese acto de humillación es mal visto ante los ojos del grupo, así que le toca ponerlo a raya, probarle a los demás de qué es capaz. Pero esta es otra historia, es la de un chico distinto, de un adolescente más bien sereno, que no le interesa dar demostraciones de orgullo y hombría, sino que lo único que persigue es el encuentro familiar.

En ese juego de roles absurdo y de perpetuar actos y comportamientos violentos que impone la sociedad para pertenecer a, la película se va pareciendo a esos cuentos agridulces navideños en el que su personaje habla de varios daños, principalmente causados por la ausencia de las figuras femeninas, las infancias truncadas y los estereotipos. Carlos, interpretado con realismo y verdad por un actor no profesional salido del sector del Bronx, donde se rodó la película, Felipe Ramírez Espitia, muestra el lado tierno y frágil del ser varón.

Y si la decisión de contar con Ramírez es muy acertada para darle verosimilitud a esta historia con componentes autobiográficos de actor/director, el otro aspecto notable es la mirada distinta que el autor hace de lo marginal y lo violento. No parece Hernández interesado en la explotación usual que el cine colombiano ha hecho de estos elementos y, en cambio, estiliza su película para mostrar este inframundo, con belleza en los encuadres, disponiendo la luz  con habilidad para dejar ver, entre luces y sombras, esa otra ciudad que se mueve de noche, usando saturación de colores y planos generales en una gran fotografía (de Sofía Oggioni), que resaltan la soledad de su personaje. Es a través de estos detalles que busca que el espectador se acerque con cierto respeto y amabilidad a un mundo y unos personajes hostiles, de los que tampoco pretende ocultar su naturaleza. Matizar la historia a través de sus decisiones estéticas y el claro deseo de no endiosar a Carlos, elevan el valor de esta película, donde, y por más trillado que suene, surte la reflexión.

“Navidad que vuelve” suena en una de sus escenas. Este cuento realista de nochebuena se va resumiendo en esa estrofa que todos conocemos: “Navidad que vuelve, tradición del año. Unos van alegres y otros van llorando”.  Así es la historia de Carlos y de muchos niños y adolescentes en el país, descuidados y abandonados, que les toca vivir la vida que no quieren ni merecen. Las bengalas también están, ese otro símbolo arraigado de esa época del año en los barrios populares, que funge como recordatorio nostálgico de ese inmenso vacío con este sector de la población. Mismas que hace 25 años nos golpearon en “La vendedora de rosas”, donde el tema de la Billos también se escucha y en el gran documental “Noche herida” (2017). Las bengalas en estas tres películas, un símbolo de luz que es manipulado por niños inocentes, no son más que esa evocación de la esperanza o la tristeza desde esa marginalidad que muchas veces nos negamos a ver.    


 

Ficha Técnica

  • Dirección: Fabián Hernández
  • Duración: 82 minutos
  • Género: Drama
  • Guion: Fabián Hernández
  • Producida por: Manuel Ruiz Montealegre, Louise Bellicaud, Claire Charles-Gervais, Ilse Hughan, Christoph Hahnheiser, Josune Hahnheisr
  • Reparto: Dylan Felipe Ramírez, Jhonathan Steven Rodríguez, Juanita Carillo, Enrique Valencia Garzón
  • Montaje: Esteban Muñoz
  • Fotografía: Sofía Oggioni
  • País: Colombia
  • Año: 2022

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