Reseña Después de Norma de Jorge Botero – Ausencias en todo caso.






Por Daniel Andrés Ruiz Sierra (@TatoRuiz)

No creo que haya peor sentencia que la de la muerte. La proximidad de ella me horroriza, y no creo que haya una peor que la de la madre. Supe lo que es la carga de esa proximidad, pero el universo, en su excesiva compasión, nos premió – a mi madre, a mi familia, y a mí- dándonos más tiempo. De modo que puedo entender el sensible torbellino de Jorge Botero al empezar a registrar la rutina de su madre – y por extensión de su familia – posterior a esa funesta sentencia, que se convirtió en el punto de partida e hilo conductor de su ópera prima.

Después de Norma expone la intimidad de una familia de clase media bogotana que lidia con el diagnóstico de una enfermedad terminal, y en la que la incertidumbre se une a las dinámicas familiares, a los recuerdos de la niñez y el inapelable proceso de maduración. Todo eso unido también a la observación que hace el hijo-director acerca del mutismo y la ausencia – aunque siempre de cuerpo presente -, de su padre, que pronto quedará irremediablemente solo.

Este documental es un trabajo juicioso de montaje de lo que supongo es una eternidad de horas en material de archivo familiar, ratificando un estilo repetitivo hasta el cansancio en el género, y esa pretendida idea de que lo que ocurre en la familia de los directores es de altísima importancia, y funciona como excusa para reflexionar acerca de enemil temas contemporáneos.

La primera mitad del documental Botero la ocupa para hablarnos de cómo la enfermedad afecta la personalidad de Norma y el fuerte conflicto que ello representa para todos los miembros de esa familia. También del presagio constante del director de que tal padecimiento está atado a una serie de teorías que escapan a lo estrictamente racional, incluso la tartamudez que lo asaltó a él durante la infancia. Ambos conflictos funcionarán más adelante como el pretexto para confrontar al padre, quien toma protagonismo en la segunda mitad, posterior a la muerte de Norma.

La película, que ya hacía mucho me había perdido en medio de tanta pena y material exclusivamente familiar, toma entonces otro rumbo y se transforma en un viaje físico y emocional entre padre e hijo, ambos aprendiendo a convivir entre ellos, y a convivir con la enorme ausencia de la madre, aunque la ausencia más larga es la que siempre ha estado en la mitad de ambos, y es la que Botero, de alguna forma, intenta descifrar. Vuelvo entonces a sentir un interés en lo que el director cuenta y documenta. No puedo evitar pensar que entramos a navegar en aguas procelosas, que lo que ahí se narra es idéntico a lo que ocurre en varias familias colombianas, incluida la mía, emparentadas con un legado machista y conservador que omite afectos de cualquier índole.

Toda esa segunda mitad me genera mucha empatía y logra conmocionarme de distintas formas. El trabajo narrativo que Botero se ha propuesto a lo largo del documental empieza a hacerme sentido. Toda esa desnudez desborda mucho sentimiento y contundencia.

Hay que ser de piedra para no estremecerse ante semejante confidencia, sobre todo esta, que ejerce como espejo.

Ficha Técnica

  • Dirección: Jorge Andrés Botero
  • Género: Documental
  • Duración: 93 minutos
  • Sonido: Yesid Vásquez, Isabel Torres Reyes
  • Cámara: Jorge Botero
  • Montaje: David Esteban Rojas Sánchez
  • Música: Santiago Lozano Mancera}
  • País: Colombia
  • Año: 2020

 


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