Reseña Érase una vez en Venezuela de Anabel Rodríguez – Un auténtico milagro




Por Daniel Andrés Ruiz Sierra (@Tato Ruiz)

Hacer cine en Venezuela es ya una completa quimera. Por ende, “Érase una vez en Venezuela” de Anabel Rodríguez es un completo y auténtico milagro. Habla de, y desde un pueblo que está sumido en la completa miseria. Rodado durante cinco años, lo que Rodríguez cuenta allí es el sentir de un país que pide ayuda de manera desgarradora, y a través de una mirada con mucha sensibilidad, mucha humanidad y conocimiento político.

Hasta el 2013, el Congo Mirador era un pueblo de palafitos con miles de habitantes y en el que se vivía de la pesca y del turismo. Personas de todo el mundo se sentían atraídas a observar un fenómeno natural único en el planeta: los relámpagos del Catatumbo. Una serie de relámpagos continuos y silentes que iluminan el cielo del lugar, en el estado de Zulia y que da pie al relato en el que no hay ningún asomo de disimulo para hablar de pobreza, de abandono y esa guerra nacional que se va multiplicando en cada zona del país.

 

Para sumergirnos en esa guerra de poderes, Rodríguez nos presenta a Tamara Villasmil, líder local y simpatizante del gobierno. Un personaje tan desdeñable como bobalicón. Una mujer fanatizada con la imagen de Hugo Chávez a niveles completamente ridículos. Tamara contrasta con la mirada casi inocentona de Natalie Sánchez, la profesora del lugar. Una madre soltera con una niña que no supera los 5 años y que en ocasiones previas ha tenido que enfrentarse a las intenciones de Tamara por sacarla del colegio por no ser del mismo partido.

A partir de aquí se trenzan la vida de estas dos mujeres, y lo que en principio parece ser tan banal y tan propio del manierismo, y en el que, mientras la una se esfuerza en mantener el espacio académico a pesar de tener todo en contra, la otra cuenta fajos de billetes en una habitación con aire acondicionado o se relaja en una hamaca, rápidamente pasa a un conflicto en el que queda en evidencia las múltiples necesidades, la frustración colectiva y el otro gran eje narrativo: las elecciones parlamentarias de 2015, que da pie a una maraña siniestra de corrupción, a la crudeza del conflicto de convivencia, el inicio de la desesperada migración y las formas rocambolescas por buscar alianzas para seguir beneficiando a un líder ausente. O mejor, un líder muy hijo de puta.

“Érase una vez en Venezuela” es un trabajo de profunda honestidad, impecable investigación y un ojo hábil. Una película que no hubiese sido posible sin ese trabajo vivencial de su equipo en medio de la mierda. Es un grito desesperado y de socorro, nada estilizado y muy bien contado y que habla de una esperanza nula de que un milagro ocurra a futuro. O quizás, haya un milagro que empiece a obrarse gracias a la intervención de cineastas como Anabel, que usa su lucidez, su extrañamiento, la nostalgia y, sobre todo, el dolor para hacerle frente al problema de su país.

Las formas en que concluye (el documental, no el problema) es de antología, no tiene desperdicio y, por supuesto, no voy a contarlo. ¡Vayan a verlo!

Pdta: Ojo a la escena en la que se arma un ridículo desayuno con el gobernador. Tan risible, como dolorosa y frustrante…

Ficha Técnica 

  • Dirección: Anabel Rodríguez Ríos
  • Género: Documental
  • Duración: 99 minutos
  • Guion: Ricardo Acosta, Maianela Maldonado, Anabel Rodríguez Ríos
  • Productores:Sepp R. Brudermann, Claudia lepage, Arash T. Riahi, Malu Campos, Jose Torres, Nancy Harrison
  • Cinematografía: John Márquez
  • Montaje: Sepp R. Brudermann
  • Música: Nascuy Linares
  • País: Venezuela
  • Año: 2020

Suscríbete - CineVistAmigos

Síguenos en Twitter

Síguenos en Instagram