Reseña “Good Boy”: ¿Puede un perro salvar a su dueño del más allá?


Por Sandra M Ríos U
X: @sandritamrios


Reseña “Good Boy”: ¿Puede un perro salvar a su dueño del más allá? |Good Boy (2025) transforma al perro en narrador de un terror íntimo y artesanal. Inspirada en Poltergeist, Ben Leonberg filma durante 400 días a su propio golden retriever para construir, con montaje, diseño de producción y jump scares, una historia donde la lealtad canina enfrenta lo sobrenatural.


En la escena introductoria de Poltergeist (1982), el perro de la familia Freeling, E. Buzz, un golden retriever, está inicialmente durmiendo en el sofá de la sala, mientras el televisor emite la imagen estática típica de la época que marcaba el final de la transmisión nocturna y se escucha el himno nacional estadounidense. Eso lo despierta e inquieto sube a las habitaciones intentando despertar, primero, a la señora Diane y luego a la pequeña Carol Anne, y lo consigue. La menor de la familia baja, dirigiéndose directamente al televisor y entabla una conversación con presencias invisibles en la pantalla, susurrando que ellos “Están aquí”.

Ben Leonberg, para quien Good Boy es su debut, partió de esa escena del clásico dirigido por Tobe Hooper y escrito por Spielberg para poner en perspectiva el escenario del perro y su capacidad de percibir entidades paranormales. La idea no es descabellada en el sentido de que, se dice, junto a los niños son los seres naturalmente más receptivos frente a este tipo de actividad inexplicable.

En las sombras de un bosque olvidado, un perro llamado Indy llega a una cabaña ancestral junto a su humano, Todd, un hombre marcado por una enfermedad que lo ha devuelto de las puertas de la muerte como un extraño en su propia piel. Lo que para Todd es un refugio de paz rústica y que a su vez es un legado polvoriento de su abuelo, lleno de cintas VHS con lecciones macabras de taxidermia y ecos de risas grabadas, se convierte para Indy en un laberinto de terrores.

Desde el primer ladrido ahogado al vacío, Indy percibe lo que los ojos humanos ignoran: siluetas etéreas que se retuercen en las esquinas, un sabueso espectral de pelaje fantasmal que deja huellas de niebla en el suelo y parece querer contarle algo, y una presencia primordial, un ente de barro que se arrastra desde el sótano. A medida que las noches se alargan en su nuevo hogar tétrico y su amo se vuelve cada vez más extraño y debilitado, Indy se erige como guardián feroz, haciendo que sus instintos afilados lo guíen a través de visiones perturbadoras, donde aparece la agonía final del abuelo, un ritual fallido que abrió grietas al más allá y hordas de entidades que codician lo vulnerable que se encuentra su papá humano.

La cotidianidad de este perro ahora radica en ladridos agónicos, arañar puertas que no existen, perseguir sombras y enfrentar al monstruo de sus sueños que invaden su mente canina. La lealtad de Indy en esa casa con vida propia y sus embestidas contra lo sobrenatural tiene en Good Boy un alto precio y es esa puesta en riesgo lo que mantiene expectante y angustiado al espectador, y es lo que busca resolver la trama: si el perro con su amor incondicional representa en el terreno paranormal una energía lo suficientemente poderosa como para evitar que las fuerzas oscuras se apoderen de Todd y de su propia alma.

Good Boy es una película artesanal en el sentido de que debieron rodarla con mucha paciencia para lograr las expresiones que son el todo (y también debilidad) de la historia. Cuenta el director que el largometraje se filmó durante más de 400 días, en su propia casa, empleando como actor a su propio perro, en jornadas que no superaban las tres horas al día y en sets cerrados para así tener el máximo de control y concentración posible sobre la mascota. La película, además, no solo fue dirigida por él, sino también escrita, coproducida, fotografiada y montada, todo realizado junto a su esposa Kari Fischer.

Siendo Good Boy narrada a través de la mirada tierna e inocente del perro, los diálogos son escasos, por tanto el desarrollo de la historia depende, en realidad, no tanto del propio Indy, sino de cuánto logra el espectador irse conectando con el drama que vive el perrito y, de lograrlo, seguro se emocionará y sufrirá ante el impacto de las acciones que va tomando e irá completando con su propia imaginación la trama. Buena parte de la conexión con esta historia tan simple radica en lo realista que la plantea desde el guion, las actuaciones y el diseño de producción (color, fotografía, decorados, sonido ambiental).

El director explota en montaje los cortes contextuales para que las supuestas emociones de Indy nazcan y se intensifiquen en la mente del espectador. Al paso de su metraje, de tan solo 72 minutos, aparece repetidamente la inquietud sobre ¿qué es lo que tanto ve Indy que nosotros no? Y como público, responderse esa pregunta genera un miedo que, al confirmarse, es decir, cuando lo invisible se hace tangible, no puede sino provocar la empatía con el peludo protagonista. Si a esto se le añade que tiene mascota propia, entiende perfectamente su comportamiento, sabe de su inteligencia y capacidad para comunicarse y se beneficia de su compañía y amor, se puede disfrutar más.

Ben Leonberg juega con muchos elementos del terror sobrenatural que son clásicos y efectivos y los traslada al fiel amigo del hombre. Usualmente, los niños con su curiosidad o necedad suelen ser los detonadores de los malévolos acontecimientos de las películas de este subgénero, que aquí son reemplazados con creces por Indy. También aparece la típica cabaña abandonada, como un tercer personaje, de un bosque lo más alejado posible y los sótanos, esos lugares oscuros llenos de cachivaches, testigos mudos de la cotidianidad de los que ahí han habitado, y hasta la perturbación del sueño con pesadillas. Leonberg se las ingenia para mezclar ternura con tensión atmosférica, las herencias malditas y los rituales pasados, y entrega, por lo menos, tres momentos muy bien logrados de jump scare.

Aunque hay escenas donde la inexpresividad de Indy desvanece el efecto que se busca sostener durante toda la película, el clímax cargado de ladridos angustiosos, colmillos y garras nos recuerda que el verdadero horror no acecha necesariamente en la oscuridad, sino en el miedo de no entender del todo a nuestro amado perro y de perder al único ser que nos ve y acepta tal cual somos.

Good Boy es una película de escaso presupuesto (no supero los 80o mil dólares) y su recaudo supera ya los 7 millones de dólares, tras su estreno en el Festival de South by Southwest. La película ha llegado a la cartelera colombiano desde el 24 de octubre, bajo la distribución de Cineplex.

Ficha Técnica

  • Dirección: Ben Leonberg
  • Guion: Alex Cannon
  • Duración: 72 minutos
  • Género: Terror sobrenatural
  • Producida por: Kari Fischer
  • Reparto: Indy, Shane Jensen, Arielle Friedman, Larry Fressenden
  • Montaje: Ben Leonberg
  • Cinematografía: Ben Leonberg
  • Música: Sam Boase-Miller
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2025

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