Reseña “Tar” de Todd Field – La malvada instrumentación del poder




Por Daniel Andrés Ruiz Sierra (@TatoRuiz)

En una conversación con la revista británica Radio Times, Cate Blanchett (Australia, 1969) hablaba de la importancia de tener una crítica saludable. Esto relacionado a todo el tema de la cancelación y el repudio público, temas que se tratan o se esbozan en “Tár”, película que protagoniza la australiana y en la que interpreta a una directora de orquesta que pareciera que construye su propia tumba. ¿Lo hace?

Blanchett hablaba en la entrevista con el medio citado sobre la cancelación y ponía como ejemplo la valía del legado de Pablo Picasso, al margen de lo que “uno podría imaginar pasó dentro, fuera y alrededor de su estudio”, o lo escandaloso que podría resultar leer hoy en día el legado de personas como Schopenhauer, por ejemplo. En términos generales, sus respuestas dejaban ver una especie de reflexión que invita, sin duda, a no seguir cayendo en el peligroso juego del revisionismo y a no censurar el estudio de personalidades y un trabajo intelectual, cultural y social bastante disfrutable e intachable.

Blanchett da vida a una mujer poderosa. Una mujer que, no por su identidad de género, se desliga de los comportamientos propios del patriarcado. En palabras más castas, el personaje que interpreta es el de una mujer que en su universo profesional actúa como cualquier hombre con poder. La película da inicio con una secuencia que narra el impresionante curriculum de Lydia Tár mediante una larga entrevista en la que la directora de orquesta es muy explícita en la influencia que ha tenido en su carrera grandes nombres de la música, incluidas mujeres, y en el conflicto de las intenciones de la industria por hacer constante distinción de género. Tár (quizás como Blanchett, en la enorme cantidad de entrevistas que da por estos días) responde con evidente corrección política, bastante certera o sensata, eso sí, y acentuando una ligera incomodidad por temas, de nuevo, relacionados a la distinción de género, evitando mostrarse como víctima ante los muy probables y constantes encasillamientos. Lo de Lydia Tar es minimizar los conflictos que nada tienen que ver con su talento en la música.

En poco más de 10 minutos, Todd Field nos cuenta no solo el conocimiento, la intensidad con la que lleva su trabajo, el poder de adquisición de esa “músico”, como ella prefiere ser llamada, o sus privilegios mayúsculos. Rápidamente nos presenta también el conflicto mediante la presencia de una mujer pelirroja entre el público y lo que evidencia la indudable entrega de quien en ese momento se desempeña como su asistente. Pero antes de todo eso, hay una imagen que quiebra todo,  que, como un director(a) de orquesta, arranca el reloj para dar inicio a una parte fundamental de toda la película: La imagen de un video hecho con un celular. Un video que evidencia no solo acercamiento privilegiado a la estrella, a Tár; es un video que evidencia mala leche y acoso. Abuso del privilegio. Todd Field busca contar con su fascinante nueva película dos tipos de abuso cuando hay privilegio y lo que trae dos tipos de víctima. Con “Tár”, Todd Field habla de la malvada instrumentación del poder. Cualquiera que ese sea.

 

La que parece ha sido una de las inspiraciones para Blanchett y Field al momento de darle forma a Lydia Tár es la directora de orquesta y violinista Marin Alsop, a quien también hacen referencia en la introducción de esta película, precisamente como referencia para el personaje de ficción. Marin Alsop también tiene por estos días bastante protagonismo al querer alzar su voz para criticar la película, afirmando que es una oportunidad perdida para hablar del poder, o el abuso del poder. Al parecer la mujer no solo se sintió adulada con la interpretación de Blanchett.

En una entrevista brindada a The Sunday Times, Alsop afirma sentirse ofendida como mujer, como directora y como lesbiana. También invita a otras mujeres a molestarse con el retrato que hacen en la película, pues “representa a mujeres que son líderes en la sociedad”. También dice: “Hay tantos hombres, hombres reales y documentados, en los que esta película podría haberse basado; sin embargo, se han valido de una mujer para el papel a la que dan todos los atributos de esos hombres. Asumir que las mujeres se comportarán de manera idéntica a los hombres o se volverán histéricas es perpetuar lo que ya hemos visto en el cine tantas veces”.

Lo realmente cierto, lo que han sabido ver los medios, es que el paralelismo entre Lydia Tár y Marin Alsop tiene bastantes coincidencias. Ambas son lesbianas. Ambas tienen una hija. Ambas están casadas con una música y han tenido como maestro y mentor a un tal Leonard Bernstein. ¿Habrá algo para decir? ¿Pasará algo muy al estilo Anna Wintour y Miranda Priestley?

Pero retomo lo de la reflexión que, a mi parecer, también se hace en “Tár”, y que probablemente encuentre su complemento en lo anterior (la crítica de la aludida Marin Alsop). Es claro que Todd Field quiere hacer una crítica a quienes sacan ventaja de su estatus de personaje influyente y con poder, esos que asumen que nadie va a romper los pactos de silencio que facilitan las fallas en un sistema, cualquiera que este sea. Y también es muy evidente que el director estadounidense también quiere hacer una crítica a lo que falla con las constantes intenciones que se generan a partir de la distinción de género y la aparición de la figura victimizada, que ha surgido con ahínco luego del movimiento MeToo, y el destape de los abusos sistemáticos en la industria gringa del cine y la tv. La crítica es clara, suma en el debate, y ofrece una necesaria y bienvenida mirada paralela, quizás complementaria.

En el relato que propone “Tár”, de manera subterránea, se hace una crítica a la liviandad, o la banalización que podría hacerse de los conflictos de abuso de poder y acoso sexual. No se trata de quitarle responsabilidad a lo que probablemente pasó dentro, fuera y alrededor del estudio o el trabajo profesional del personaje de la ficción, o sea, de Lydia. Tampoco es nada gratuito que la película inicie con ese video grabado con un celular, en el que se ve a Lydia dormida, y alguien (parece su asistente) abiertamente se burla de la situación mientras sugiere (por la conversación) que algo terrible ocurrió. Pero ese no es el único video que aparece en la película. A lo largo de ella vemos videos del mismo estilo, hurgando en la intimidad de la artista, violando el privilegio de un acceso a la intimidad, pero hay uno en particular que no pasará tampoco desapercibido: un video vergonzosamente editado de una situación de la que como espectadores somos totalmente testigos poco antes de la mitad de la película y marca el inicio de la caída de Lydia Tár.

Asistir y observar con detalle todas las (largas y detalladas) situaciones que parecen simples anécdotas, hace que no podamos simplificar la premisa de la película, que puede llegar a ser tan compleja como la vida de la propia protagonista. “Tár” es de ese tipo de películas que invita a abrir debates complejos y a tener una diversidad de miradas. No es absolutamente una obra banal. Probablemente merezca el adjetivo aquel de ‘obra maestra’ en tanto sabe hacer, o invita a hacer una crítica de un contexto social muy contemporáneo y que parece no terminamos de entender, que lo proponga, además, un artista norteamericano y que pone sobre la mesa, entre otras, que el asunto de la falta de objetividad y sensatez es preocupante, sobre todo en una sociedad sumamente puritana. Una sociedad con doble rasero. La crítica es álgida, gris, y profunda.

La Lydia Tár a la que da vida Cate Blanchett es probablemente uno de sus mejores trabajos. Es inevitable no sentirse atraído por esa mujer con una herida profunda, que cuenta con un carácter en extremo fuerte y que se parece a muchos personajes con los que nosotros, su público, probablemente nos hemos encontrado, independiente del medio laboral en el que nos movamos. Lydia Tár puede parecerse a exjefes, compañeros de trabajo o incluso familiares de todos nosotros. Lydia Tár se parece a lo que nos cuentan los medios de gente como Harvey Weinstein o Luciano Pavarotti. Pero resulta que Lydia no es solo verdugo, también es víctima. Y esos victimarios se parecen a gente con la que lidiamos a diario. Gente como carroñeros. Gente que lanza sentencias morales, abusan del poder de inmediatez de las cámaras de celulares, redes sociales, y, sobre todo, quieren atención. Pocas películas saben retratarnos como sociedad. Esta es una.

Ficha Técnica

  • Dirección: Todd Field
  • Guion: Todd Field
  • Duración: 158 minutos
  • Género: Drama
  • Producida por: Todd Field, Alexandra Michan, Scott Lambert
  • Reparto: Cate Blanchett, Nina Hoss, Noémie Meriant, Julian Glover, Sophie Kauer, Allan Corduner, Mark Strong
  • Cinematografía: Florian Hoffmeister
  • Música: Hildur Guðnadóttir
  • Montaje: Monika Will
  • País: Estados Unidos, Alemania
  • Año: 2022

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