Reseña Todos se Van de Sergio Cabrera – Festival Cine de Cartagena 2015


Por Sandra M Ríos U
Twitter: @sandritamrios




“Los adultos hasta el silencio lo entienden mal”

Dirigir una película siempre ha sido muy complejo, así se trate de un director tan reconocido como lo es Sergio Cabrera. Por esa misma razón hace más de diez años no veíamos una película de él. La oportunidad llegó después de su interés por la novela homónima de la cubana Wendy Guerra, Todos Se Van, y que su esposa, ante su entusiasmo, decidiera comprar los derechos para adaptarla. El film está dedicado a ella.

La historia es bien personal, un largo diario de la pequeña Nieve Guerra, en el que cuenta lo que es su vida de pequeña y adolescente como niña de unos padres separados que pelean por su custodia, las consecuencias de estar alejada de su madre y su padrastro – un hombre europeo, con quien ella logra conectarse, y la dura convivencia con su padre alcohólico y maltratador.

El relato de Wendy, su primera novela, es revelador desde lo emotivo – por contarse desde la perspectiva de una niña -, hasta lo político, sirviendo como radiografía de una Cuba vivida desde dos ángulos, representados en la historia por un padre que sigue la revolución al pie de la letra y una madre que quiere huir de ella.

La adaptación, hecha a tres manos por Cabrera, Laura Martel y Ramón Jimeno, es términos generales bastante fiel a la obra original. En ella esta casi que todos los momentos cruciales que marcan la vida Nieve y que la hacen ver como una niña más madura.

Sin duda, las historias contadas por pequeños siempre logran cautivar y ablandar el corazón del esepctador, pero el largometraje no escapa a varias limitaciones: Todos Se Van no pudo ser rodada en Cuba, y aunque hay grandes esfuerzos por recrear la isla de finales de los setenta en adelante, el exceso de decorados (espacios claramente intervenidos) en algunos casos, o ausencia de lugares reales en otros, restan algo de fuerza. Por otra parte, las dificultades de trabajar con niños y más si estos deben utilizar un acento que no es el propio. El largometraje opta por un montaje expresivo acentuando así el drama que viva la pequeña, la falta de comida y las golpizas de su padre, aunque a ratos cae en situaciones repetitivas.

Sin duda Nieve, intepretada por Rachel Mojena, niña cubana que lograron traer al país junto a su madre después de tramitar el permiso, ayuda a sostener la película con su ingenuidad y dulzura. A pesar de los evidentes fallos, la historia ideada por Wendy tiene muchos ingredientes dignos de ser llevados al cine, como también es grato ver de nuevo a Sergio en la pantalla grande. Me quedo con el trasfondo sobre una niña que sola debe construir el significado de libertad y autoridad, partiendo de dos visiones muy distintas y cercanas de la mismas.

Exhibiciones

  • Sábado 14 – 1:00PM – Teatro Adolfo Mejía
  • Lunes 16 – 9:30PM – Teatro Adolfo Mejía
  • Martes 17 – 12:30M – Caribe Plaza

 


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