Reseña “Triangle of Sadness” de Ruben Östlund – A propósito del MeToo y los intentos por uniformar el mensaje




Por Daniel Andrés Ruiz Sierra (@TatoRuiz)

La fiesta del cine por excelencia, o sea Cannes, despertó en su edición de 2022 miradas suspicaces ante la irrupción de influencers (TikTok fue patrocinador oficial del evento). La periodista de El País, Carla Mascia, escribía en mayo de 2022 sobre la irrupción de esta “nueva fauna Cannoise” no interesada en ir detrás de alguna función o filmografía en particular, pues su interés mayoritario estaba puesto en ensayar la sonrisa perfecta o el simpático puchero para los fotógrafos y que el resultado diera la vuelta al mundo a través de las pantallas del celular.

Y aunque lo de instagramers ,youtubers e influencers digitales es bastante nuevo, el postureo y la artificialidad no necesariamente cinematográfica ya es casi marca registrada de los festivales de clase A. Para la muestra: la asistencia de súper modelos – ennoviadas o no con estrellas de cine – que funcionan como escaparates y maniquíes de marcas de lujo, los rostros gloriosos que solo podrían venir del continente asiático o magnates rusos y sus yates, quienes, según artículos, siempre han puesto la cuota excéntrica de maneras mayúsculas. Esa fauna tuvo entonces, en esta última edición de Cannes, una pequeña y no menos importante transformación: los magnates desaparecieron a razón de la pandemia y la invasión ucraniana, y con ellos desaparecieron también las prostitutas de lujo. Las súper modelos, aunque no dejaron de aparecer, parece que minimizaron su participación y las asiáticas apenas y se vieron.

Pero toda esa fauna extra-cinematográfica fue rescatada de maneras fascinantes y socarronas por el sueco Ruben Östlund, que por segunda vez obtuvo el beneplácito del jurado de un evento que le ha abierto la puerta de par en par a esa fauna de la que hablo aquí. Lo que quiere decir que Cannes, de todas las maneras posibles, disfruta con todos esos mamarrachos y si hay que darle premios a quienes los exalten o se burle de ellos, pues lo hace.

“Triangle of Sadness” es la película con la que Östlund recibe una segunda palma de oro, convirtiéndose así en el tercer director en la historia en obtener el premio con dos películas consecutivas, la anterior fue en 2017 con “The Square” (Michael Haneke y Bille August lo consiguieron en 2009 y 2012, y 1988 y 1992, respectivamente). El título hace referencia al entrecejo, el primer lugar donde se aplica botox para quitar arrugas y salvo que esto lo lean antes de ver la película, en la misma hacen referencia a ello en el primer tercio, y así uno más o menos empieza a sospechar por dónde van los tiros.

Dividida en tres capítulos, la película es un potente relato que tira mala leche a diestra y siniestra y deja ver a un nutrido grupo de personalidades como unos genuinos estúpidos buenos para nada, salvo para posar a la cámara, mostrar constante indignación por lo que no les termina de cuadrar y, claro, usar sus bellos cuerpos como moneda de cambio ante la mínima oportunidad. En términos específicos, la película cuenta un poco sobre las peripecias a las que se ven enfrentados un par de modelos e influencers, Carl y Yaya, que se embarcan en un crucero de lujo por el que, por supuesto, no han pagado un solo peso. Una noche, dada una tormenta, la tragedia se vuelve protagonista y eso es solo la mitad. Entre vomitonas y diarreas de antología (nos queda la duda de cómo hicieron tales secuencias), diálogos que rebozan humor negro y situaciones disparatadas, Öslundt parece pretender reflexionar sobre lo incapaces que pueden llegar a ser lo más inútiles seres de este mundo, esos que presumen de abultadas chequeras o pasmoso atractivo físico, ante el mínimo problema, y cómo son capaces de perder la humanidad y no saber mostrar empatía ante los tiempos difíciles.

Pero el director sueco parece querer reflexionar sobre algo más, según sus propias palabras en entrevistas con diversos medios. “Triangle of Sadness” es para él el final de una trilogía que en principio ni planeaba, pero así parece le salió. Con ella dice reflexionar sobre “las expectativas de la masculinidad, y lo que significa ser hombre hoy en día”. El resultado de su meditación personal es posterior a todo el tema del “MeToo”, donde varias mujeres asumían que no eran conscientes de ser monedas de cambio en sus respectivos trabajos y en la industria en la que se movían.

Ruben Östlund siempre ha afirmado ser honesto con su trabajo y sus reflexiones convertidas en cine. Lo de lanzar conclusiones y opiniones polémicas depende también de quienes la reciben y en una industria y en un mundo que parece cada vez más políticamente correcto, sus opiniones escuecen. “Triangleof Sadness” es entonces, y según él, un diálogo que quiere entablar con su público a propósito de la explosión del MeToo, que para él, también traía consigo una falta de honestidad en la discusión sobre el uso del cuerpo y el físico como moneda de cambio, lo que ha dado pie a discusiones complejas y declaraciones que quizás no siempre resultan del todo honestas o incluso creíbles.

Parte del atractivo de Öslundt como director y persona del cine radica, para mí, en esa forma tan transparente con la que parece defender sus ideas y premisas. Ahora, hablando específicamente de la película, según sus intenciones, va acorde con el asunto de “las expectativas de la masculinidad…”.  En gran parte del primer tercio, la historia inicia con la pareja protagónica discutiendo sobre quién debería pagar una cuenta de restaurante y compartir gastos comunes, en una relación donde dos profesionales parecen estar bien, pero es ella, la mujer, la que se intuye tiene mejores contratos y mejor ingreso y aun así, se niega a hacerse responsable del pago de algunas facturas o responsabilidades.

Y confieso que esa discusión que el director arma la encontré fascinante y rápidamente se va desvaneciendo en el relato para darle paso a otro interés: lanzar mierda sobre una clase de seres humanos específicos como por ejemplo una pareja de ancianos fabricantes de armas, que aún no se enteran de todo el daño que han causado; o un ordinario y vulgar magnate ruso y su estúpida y envejecida esposa; una insufrible chiefstewar del crucero que trata con ligera indiferencia a unos migrantes que trabajan como esclavos; y otros tantos que por ahí van apareciendo, pero con los millonarios pone su mejor cara y esfuerzo. Con el único que Öslundt parece estar de acuerdo, quizás y porque sea una especie de alter ego exagerado, es el capitán marxista, un tipo que está hasta la polla de la gente que escoge viajar en el vehículo sobre el que tiene mando y que está magistralmente interpretado por Woody Harrelson.

La película que llega a las casi 2 horas con 40 minutos no tiene presa mala y contiene mucha desazón contra el mundo como va. Ruben Östlund ha encontrado que la mejor manera de representarlo es poner a la gente que más detesta en un crucero – como representación de una burbuja social – que termina en la peor situación. El tercer capítulo de la película logra complejizar lo que ya nos cuenta con sorna y humor negro en los dos anteriores. De hecho, se pone aún más crudo, menos cómico y bastante más complejo, reflexionando acerca de la inmadurez y la poca coherencia de la pareja protagonista, una crítica, parece, a las parejas y, en general, a las personas frívolas que ponen sus emociones por debajo de sus intereses económicos, haciendo del asunto un tema de exclusivo utilitarismo, algo en lo que parece haber profundizado mientras hacía investigación en el mundo del modelaje, mundo donde la esposa de Öslundt se mueve.

En este capítulo retoma también la tesis con relación a la masculinidad y las expectativas en el presente. Como un reclamo a aquello de que las víctimas del “MeToo” en su mayoría no quisieron responsabilizarse de cómo usaban sus armas, o sea sus cuerpos, Öslundt pone al hombre, a Carl, el protagonista, como objeto del deseo frente a un nuevo ser con poder, una mujer. Carl, empoderado y consciente asume su tarea y compromiso con esa poderosa mujer y el grupo de personas con los que se encuentra. Carl no tiene nada mejor que su cuerpo (sus abdominales y su bonito rostro) y con eso trabaja en medio de la carencia. Con esto, Öslundt también deja ver que no son solo los hombres poderosos los malvados. Las mujeres con poder hacen también mal uso de la influencia y la conversación no puede limitarse a un tema de géneros. Lo de comportarse como un ser rastrero no tiene nada que ver con el género. Crítica desbordante y honestidad por donde se le mire…

Cabría ponerse a pensar, viendo las otras que aspiraban al gran premio, ¿por qué una película como esta gana una palma de oro? ¿Afán en desligarse de lo solemne? ¿Quizás lo de desmarcarse de la corrección política y dar un mensaje tan controversial y poco correcto en tiempos donde parece haber un intento de uniformar un mensaje? ¿Se está hablando lo suficiente del subtexto de esta película o nadie lo quiere asumir? ¿Ese melón mejor no abrirlo?

Si es mejor no desgranar demasiado todo, entonces pongámonos a pensar en lo que parece será lo próximo del sueco: una película en la que sus protagonistas pasan 14 horas en un vuelo que se queda sin el servicio de entretenimiento. ¿Les suena? Es como querer ver explotar el mundo. De Öslundt tendremos entonces para rato y no puede emocionarme más.

Ficha Técnica

  • Dirección: Ruben Östlund
  • Guion: Ruben Östlund
  • Duración: 147 minutos
  • Género: Comedia negra, sátira
  • Producida por: Erik hemmendoff, Philippe Bober
  • Reparto: Harris Dickinson, Charlbi Dean, Dolly de Leon, Zlatko Buriç, Iris Berben, Vicki Berlin, Henrik Dorsin, Amanda Walker, Jean-Christophe Folly, Woody Harrelson, Oliver Ford Davies, Sunnyi Melles
  • Montaje: Ruben Östlund, Mile Cee Karlsson
  • Cinematografía: Fredrik Wenzel
  • Música: Mikkel Mathal, Leslie Ming
  • Países: Suecia, Alemania, Francia, Reino Unido
  • Año: 2022

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