Mar 27 2025 21:15
“Adolescencia” de Netflix desnuda la peligrosa evolución de la manosfera
| Por Sandra M Ríos U | |
| X: @sandritamrios |
“Adolescencia” de Netflix desnuda la peligrosa evolución de la manosfera. | La miniserie creada y escrita por Jack Throne y Stephen Graham, expone cómo la manosfera y los foros incels radicalizan a los jóvenes. El impacto cultural que ha generado ya se siente en la política británica que intenta frenar este tipo de violencia.
“¡La rebelión incel ha comenzado! ¡Derribaremos a todos los Chads y Stacys!”, dijo Alek Minassian, de 25 años, en su cuenta de Facebook antes de atropellar con una furgoneta a 10 personas, entre ellas 8 mujeres, e hirió a otras 16. Condenado a cadena perpetua por los hechos ocurridos en abril de 2018, este caso llevó a las autoridades canadienses a considerar a los incels como una amenaza ideológica seria.
Este joven criminal también citó a Elliot Rodger, idolatrado por la comunidad de célibes involuntarios (incels), como se denomina a este grupo masculino que cree no ser capaz de establecer relaciones románticas o sexuales con mujeres, pese a desearlas, debido a su apariencia física o a los estándares impuestos por la sociedad.

El señor Rodger, de 22 años, mató a seis mujeres e hirió a otras 14 en un ataque cerca de la Universidad de California. En sus redes sociales, publicó un manifiesto y profesaba su odio hacia las mujeres (Stacys) y hacia los hombres (Chads) atractivos. Se autoproclamó como un incel. Su caso marcó un punto de inflexión al visibilizar esta subcultura como una potencial amenaza.
El aumento de crímenes y ataques con armas blancas tras la pandemia, cometidos por hombres jóvenes ingleses, fue el punto de partida para la creación de la miniserie de ficción “Adolescencia”, que, tras su lanzamiento en Netflix el pasado 13 de marzo, ha alcanzado los 66 millones de visualizaciones en dos semanas, convirtiéndose en un récord histórico para la plataforma.

¿En quién se centra este demoledor drama? En la manosfera, una red de comunidades en línea donde se debaten temas de masculinidad y género, criticando a menudo el feminismo y las normas modernas. El problema es que dichos grupos han evolucionado hacia vertientes como los incels, los MGTOW (Men Going Their Own Way: hombres que evitan cualquier relación con mujeres) y los PUA (Pick-Up Artists: hombres que emplean técnicas manipuladoras de seducción), transitando del apoyo mutuo al resentimiento, lindando con la misoginia y la radicalización.
Con el exigente pero efectivo recurso técnico del plano secuencia para filmar cada uno de los cuatro episodios, “Adolescencia” nos sumerge, en el capítulo de entrada, en los 60 minutos que le cambiaron la vida para siempre a la familia Miller, comenzando a las 6:15 de la mañana con un fuerte dispositivo de seguridad que irrumpe en su casa ubicada en un suburbio de clase media de Inglaterra, despertándolos y quienes, aterrados, no comprenden qué sucede. El objetivo es el menor de la familia, Jamie Eduard Miller, a quien deben llevarse en custodia como sospechoso de homicidio de una menor de edad.

Ante la incredulidad de lo que ocurre y la insistencia del pequeño de 13 años de no “haber hecho nada malo”, lo que sigue es una sucesión de procedimientos penales observados desde tres puntos de vista: el de los policías a cargo del caso, quienes conocen las complicaciones cuando un adolescente está involucrado; el de los padres, que ven cómo su hijo es sometido a tecnicismos, preguntas y valoraciones incómodas; y el del acusado, aturdido e indefenso, mientras es conducido a una celda en espera de un primer contacto e instrucciones para su defensa con un abogado de oficio y así afrontar el primer interrogatorio donde la parte acusatoria presenta unas primeras pruebas que dejan pocas dudas respecto a su responsabilidad.
Con una coreografía prácticamente impecable y una música protagonista lo suficientemente pulsante para marcar el ritmo de un primer capítulo caracterizado por el aturdimiento, la confusión, la negación y los porqués, “Adolescencia” no volverá a reiterar en esas pruebas y en la noche en la que se cometió el asesinato de Katie Leonard, su compañera de colegio. Tampoco dedicará algún espacio a la víctima, más allá de los homenajes de la comunidad y el caos que desata su pérdida. Una omisión que podría verse de entrada como una forma de revictimizar a la mujer, pero que tiene como loable objetivo visibilizar la raíz de los ataques y la perpetuidad del machismo en la sociedad. De esta serie no se puede esperar aquellos clásicos del género donde la finalidad es completar el rompecabezas para descubrir al asesino, reconstruir el caso y aclarar cómo sucedió. (También te puede interesar: Bebé Reno, la serie con una mirada desconcertante y desgarradora al acoso y abuso sexual).

En “Adolescencia”, el crimen ya está prácticamente resuelto y lo que queda es ahondar en el universo de quien cometió el acto para evidenciar y denunciar la problemática y complejidad detrás de su accionar: niños y adolescentes que están creciendo frustrados frente a sus habilidades de socialización y conquista, por cuenta de la sobreexposición temprana al universo de internet y a temas adultos que, lejos de gestionar apropiadamente, generan distorsiones en su mente y comportamientos que llevan a casos como el de esta historia que, siendo ficción, sí es una amalgama de casos reales.
El pánico a los niños y adolescentes de padres y profesores
El segundo capítulo inicia en el día tres de la pesadilla vivida por esta familia, enfocándose en el colegio, los profesores, estudiantes y compañeros cercanos de Miller, un espacio vital para los propósitos de esta historia, no solo para entender qué ha pasado y quién era someramente la víctima, sino para plantear el fondo de la serie: la reflexión sobre la familia y el sistema educativo, donde se perdió por completo el control sobre los niños y jóvenes.

El tour por el colegio se muestra como un trepidante y aterrador recorrido donde reina el caos (lo resalta uno de los policías del caso): jóvenes peleando, profesores gritando una y otra vez porque los alumnos no apagan el celular, otros resignados, estudiantes haciéndose bullying entre ellos y a los mismos educadores, en situaciones que traspasan por lejos la rebeldía normal que caracteriza estas etapas de la vida. Se ha buscado proteger tanto la “privacidad” y el “libre desarrollo de la personalidad” (¡increíble!) de los más pequeños, que los adultos han perdido el acceso a su mundo, por ende la tutoría, y ahí está el peligro.
Esa sociedad que etiqueta y establece estándares de belleza, feminidad y masculinidad, ignora las dinámicas y los códigos del cómo se relacionan hoy en día las nuevas generaciones. Esto se refleja en unos policías perdidos que aún se preguntan qué motivó a Miller a cometer un crimen tan atroz, cuando para los estudiantes las señales son evidentes y están a la luz de todos (las redes sociales).
La sociopatía
Siete meses después del asesinato, presenciamos el episodio más escalofriante y lamentable de “Adolescencia”, el tercero, con la visita de una psicóloga a cargo de hacer un nuevo perfil mental de Miller, encargado por la defensa, donde se nos muestra las consecuencias que ha tenido en Jamie el acceso temprano a las redes sociales, a estas comunidades masculinas y a contenido adulto no apto para su etapa, desarrollando ideas distorsionadas y riesgosas sobre la mujer y cómo comportarse frente a ellas.

La manera en que evoluciona la conversación, de cómo este joven de 13 años pasa de la inocencia y el juego a la ira desbordada, los insultos, las insinuaciones de poder y menosprecio, revelan lo que se está cocinando frente a toda la sociedad, es decir, potenciales atacantes por cuestiones de género.
El capítulo final, que acontece 13 meses después, vuelve al núcleo familiar ahondando en los señalamientos de su entorno con los que han debido convivir, mientras intentan seguir sus vidas y reconstruirse. La forma como se narra busca fijar la mirada en una sociedad que juzga y estigmatiza como si no fueran parte del problema. Un capítulo que deja espacio para el silencio, no incómodo como sucede en los anteriores, sino el que genera el sinsabor de una realidad tan cruda y el vacío por una juventud que se hunde en sus ideas sobre la masculinidad y la guerra entre sexos.
El impacto de la serie
“Adolescencia”, coproducida por Brad Pitt y dirigida enteramente por Philip Barantini, es un inmenso logro técnico que, sin el efecto agobiante e inmersivo que produce el plano secuencia, probablemente no hubiese logrado la atención que ha despertado. Sin embargo, más allá del entusiasmo que genera y la abundante cantidad de datos sobre su realización, lo esencial de la serie es el llamado de carácter urgente para padres y educadores, gobiernos y sociedad entera, de no seguir ignorando y minimizando la creación y proliferación de culturas y comunidades que incentivan la radicalización de ideologías que alientan el odio hacia la mujer.

En Inglaterra, la serie ha tenido un primer impacto político al proponerse, por parte de una diputada (Anneliese Midgley) que se proyecte en el parlamento y en las escuelas, como un primer paso para contrarrestar la misoginia y la radicalización juvenil. Esta misma semana, la Ministra para las Mujeres y la Igualidad, Bridget Phillipson, anunció que se entrará a revisar las prohibiciones de los smartphones en los centros educativos.
Este año, el Reino Unido implementó la Ley de Seguridad en Línea, que tiene como finalidad regular el contenido en internet y proteger a los usuarios, especialmente a los menores, de materiales dañinos o ilegales. El debate por lo que plantea “Adolescencia” se ha presentado como uno de los primeros desafíos que cumplir. Hace una semana, según reporte de The Guardian, han presionado al regulador independiente de comunicaciones, la OFCOM, para que endurezca la regulación de contenidos violentos y misóginos. También, han saltado críticas al gobierno de Keir Rodney Starmer por rechazar una ley que prohibía las redes sociales a los menores de 16 años de edad.
Las miradas han estado puestas adicionalmente en los considerados “influenciadores tóxicos”, teniendo como abanderados de estas críticas a figuras como el exfutbolista y entrenador Gareth Southgate, quien exigió en la conferencia anual de la BBC, la Richard Dimbleby Lecture, mejores modelos a seguir en estos espacios, elevando la presión política para abordar la llamada crisis de masculinidad actual.
Queda esperar que los debates sobre las responsabilidades compartidas, pero sobre todo las acciones, se den en el resto del mundo y pronto para que esta producción complete su objetivo.

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