Cómo Franco Lolli Creó la Escena Más Poderosa de “Gente de Bien”


Cómo Franco Lolli Creó la Escena Más Poderosa de “Gente de Bien”. | El director colombiano analiza la escena del sándwich en Gente de Bien, donde María Isabel (Alejandra Borrero) intenta consolar a Eric tras un matoneo. Improvisada tras retos en el rodaje, esta escena captura el drama y el contraste familiar que son la esencia de su ópera prima. 

A 10 años del estreno en salas de cine “Gente de Bien”, invitamos al director Franco Lolli a analizar su escena favorita de este largometraje, a propósito de su reestreno en cartelera desde inicio de este mes de mayo como parte de los clásicos del Mes del Cine Colombiano.

Por Franco Lolli

La Escena del Sándwich: Un Adiós al Sueño

La escena que me gustaría analizar es la última escena en la casa de campo de Arbeláez, justo antes de que el personaje de Alejandra Borrero, María Isabel, devuelva a Eric (Brayan) a Bogotá. Es la escena del sándwich, podemos llamarla, la escena de la despedida, del final de un sueño.
 
Esta escena llega inmediatamente después de la que yo considero es donde está el clímax de la película, es decir, la secuencia de la piscina con los niños, donde vemos el matoneo que le hacen los niños de clase alta a Eric. Esa es una escena muy larga, donde el niño no se siente pertenecer, donde se la montan por haberse hecho pipí en la cama antes, donde le dicen que no quieren saber nada de él, donde le tiran el balón en la cara. La escena siguiente es esa escena donde María Isabel intenta consolar al niño, intenta darle de comer, intenta que el niño esté contento y que vuelva un poco a integrarse en esa familia que ella trata de construir, pero que se le salió completamente de las manos. Eric lo único que quiere es devolverse para su casa y le dice a ella que no es su mamá.
 
Del Guion a la Improvisación: La Crisis del Rodaje
 
Hablo de las dos escenas, a pesar de que de la que quiero hablar es más directamente de la segunda, o sea, la que es de noche, porque estas dos escenas originalmente eran una sola en el rodaje. Todo sucedía en la escena de la piscina y, cuando estaba pasando el matoneo, llegaba María Isabel a mirar qué estaba pasando, el niño la mandaba para la mierda, le decía que se fuera, que ella no era su mamá, que no la quería. Pasaba un poco lo que sucede en la segunda escena. Pero sucedió, como ocurre muchas veces en los rodajes, que la película habló y ¿qué me dijo? Me dijo que las dos cosas no cabían en una sola escena.
 
Entonces yo logré rodar, con bastante éxito y a pesar de todo, la escena de la piscina con los niños: el matoneo, el niño que está casi que ahogándose porque no sabe nadar muy bien…, pero no lograba integrar al personaje de María Isabel al final de la escena. Todo lo que intentábamos hacer con ella, con Alejandra y los otros niños en la piscina no funcionaba, parecía artificial. Entonces ese día cortamos esa escena con una frustración muy grande, a pesar de las cosas muy buenas que habíamos logrado filmar antes. Estábamos desesperados porque lo que debía suceder con el personaje de María Isabel era un giro dramático  esencial para la película, y no lo teníamos. En ese punto, además,  nos quedaban solamente una tarde y noche para poder rodar algo en esa locación, porque al día siguiente volvíamos para Bogotá.
 
Con los jefes de departamento, Claudia Pedraza (asistente de dirección); Oscar Durán (fotógrafo); Matthieu Perrot (sonidista); y Marcela Gómez (directora de arte), nos miramos y nos dijimos: ¿qué hacemos? Nos sentamos a hablar y a pensar, y les expresé que me sentía perdido, que no sabía qué hacer. Entonces recuerdo mucho que a Oscar Durán se le ocurrió que podíamos hacer una escena, cercana a la que tenemos al final, en la que Eric, el niño, estuviera mal, triste, acostado en medio del salón sin querer ver a nadie, que se viera deprimido después de ese matoneo, al que no asistieron los adultos, y que María Isabel llegara a levantarle el ánimo, le llevara un vaso de leche, pero él se lo tirara en la cara. Eso significaba que nos tocara lavarle y cambiarle la ropa a Alejandra en cada toma, o sea, una enorme pérdida de tiempo. Ahí fue cuando se nos ocurrió la idea del sándwich, que ella le llevara la comida al niño, y a partir de ese momento se fue construyendo la escena, en improvisación, entre Brayan y Alejandra. (También te p uede interesar: Gente de Bien – 5 Lecciones Esenciales de Producción Cinematográfica por Capucine Mahé
 
La puesta en escena tiene que ver con poner las cosas en su sitio y permitir que el cine suceda
 
Para ese momento, ya estábamos llegando al final del rodaje y tanto el niño como Alejandra estaban cansados. Yo creo que ese cansancio contribuyó mucho a la escena. Ahí fue que se dio el momento donde ella intenta que él coma varias veces, pero el niño no quiere hasta que termina pateóndola en la barriga y diciéndole ‘usted no es mi mamá’. En ese instante, ella le coge la cara con rabia al niño, entiende y siente que se le salió de las manos la situación.  Para mí ese momento es, posiblemente, el más fuerte de la película porque, además, toda su familia la está observando con juicio, mientrs eso sucede. En esa escena está la película; el centro dramático, temático y cinematográfico.
 
Si esta secuencia me gusta tanto es también porque fue la primera vez que yo lo ponía en escena de esa manera. Como no sabía exáctamente qué iba a pesar, porque no estaba escrito, instalé a toda la familia, por toda la casa, haciendo lo que harían en una noche de vacaciones normal. Hay unos que están bebiendo y jugando afuera a hacer el ocho con la cola, hay otros que están jugando cartas en la sala y, mientras tanto, Alejandra y Brayan están en esa situación del sándwich. Cuando finalmente empezamos a hacer la escena, di una libertad total para que Alejandra cogiera para donde quisiera, Brayan se metiera a su cuarto o donde quisiera, y los otros simplemente reaccionaran a esto, como lo habrián hecho en la vida real.
 
A mí, al final, me encanta la escena porque siento que hay una sensación muy real de lo que es una noche en una finca de este estilo, con este tipo de familia pero, a la vez, entra el drama de lo que está sucediendo con este niño y esta mujer que intenta a toda costa hacerlo adaptarse a un sitio donde él no se está adaptando. Entonces, aparece ese contraste que hay entre la felicidad y la complicidad de una familia en su casa y en sus juegos con dos personajes que, en realidad, son ambos como extranjeros a esa familia. Por un lado está el personaje de Eric, el niño, quien no pertenece ahí y quiere ir a donde su verdadera familia, pero también está el personaje de María Isabel, que está intentando un acto de caridad, en contra de la opinión de toda su familia, traer a ese niño a un sitio donde nadie lo quiere. La manera como la miran al final, como la mira su hija con compasión, pero a la vez con juicio, como la mira el resto de la familia como diciendo: “Evidentemente, esto no iba a funcionar”, me parece muy potente.
 
Todo eso se fue dando durante la escena de manera orgánica y rodábamos de un sitio al otro y cambiamos la cámara de sitio muy rápido. Creo que es uno de los momentos de rodaje más felices y más fuertes de la película. Fue un momento en el que entendí algo que intuía, pero no había experimentado aún de esa manera: que la puesta en escena a veces tiene que ver con poner las cosas en su sitio y permitir que el cine suceda desde la realidad de las situaciones, y no con tratar de hacer entrar la realidad en lo que uno escribió, al menos no cuando esta se resiste a hacerlo. Habría sido imposible, para mí, imaginar tan bien cómo salió, por ejemplo, ese plano, no previsto, en el que Alejandra se aleja deprimida hacia la piscina y atrás se ven las luces de navidad brillando en la noche. Un plano que cuenta lo que no funcionó: que recuerda el drama que sucedió en la piscina y a la vez cuenta el sueño de inclusión del que se despierta en ese momento María Isabel.
 
Yo creo que, si hubiera previsto esto desde el guion, no me hubiera salido así de bien y esto es uno de los grandes aprendizajes que me llevé de Gente de Bien. Aún en los momentos que más parecen difíciles hay que confiar siempre, no hay que perder la fe. Cuando una escena no funciona en un momento, puede que sea porque va a funcionar mejor en otro momento, o de otra manera, o porque no es la escena que había que hacer, porque hay una mejor para imaginar e intentar. En la elipsis que se hace al pasar  del día a la noche, de la piscina a la casa, en ese tiempo que sucedió, hay algo mucho más fuerte y verdadero que lo que habría sido si yo hubiera terminado de rodar todo en la piscina como estaba previsto originalmente. La escena de la noche es tal vez la mejor de toda la película, o de las mejores, al menos.

Revisa la escena completa descrita por Franco Lolli aquí:

Crédito escena e imágenes: Evidencia Films

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