[Especial] Reseña Pauline à la plage (Paulina en la playa. 1983) – Éric Rohmer






Por Daniel Andrés Ruiz Sierra (@TatoRuiz)

Verano inolvidable

Transcurre en pleno verano. Marion (Arielle Dombasle) y su prima menor Pauline (Amanda Langlet) llegan a una casa de veraneo. Mientras la menor desea tener amistades, irse a asolear y disfrutar sus días sin los papás, Marion desea relajarse dado su reciente divorcio, mientras decide averiguar e inmiscuirse en la vida amorosa de su pequeña prima. La hostiga y la incomoda, como dicen en ese fango de las redes sociales.

Luego como un par de buenas amigas, se van a pasar tiempo a la playa. Allí, Marion se reencuentra con quien parece fue una vieja conquista; Pierre (Pascal Greggory), un tipo que practica windsurf, de cara extremadamente sonriente, y que a todas luces sigue enamorado de ella. Al trío se une, por pura ‘casualidad’, Henri (Feódor Atkine), un hombre maduro con cara de sobrado y que alguna vez tomó clases de windsurf con Pierre. Tomando ventaja de todo, y echándole ojo a Marion, decide invitarlos a una cena en su casa.

Y como es usual en el cine de Rohmer, las conversaciones son mucho más importantes que lo que esos personajes aburguesados, complejos y pretenciosos hacen con su vida. O mejor, son en estas conversaciones donde quedan en evidencia las emociones, sentimientos y ciertos principios morales de todos ellos. Y aunque tratándose de personajes adultos y con ciertas experiencias amorosas, todo lo que dejan salir de sus boquitas son un montón de boberías propias de cualquier adolescente. Y Pauline, en medio de aquel trío de bobalicones, aplica al pie de la letra aquello de “no hables a menos que puedas mejorar el silencio”. No está interesada ella en cavar su propia tumba.

Y ocurre de todo en Pauline à la plage (Paulina en la playa). Marion se interesa sobremanera por Henri y terminan encamados, mientras Pierre muere de celos e intenta sabotear tal relación. Su argumento es que Henri solo quiere jugar con ella, en cambio él es realmente sincero con sus sentimientos. Para intentar sacárselo de encima, e intentar que se olvide de ella, Marion le sugiere que vaya tras su prima, pues no cree que Sylvain (Simon de la Brosse), un adolescente con quien Pauline empieza a dejarse ver coqueteando, sea suficiente para ella. La serie de enredos amorosos que aquí se producirán terminará de completarse con la aparición de Luisette (Rosette), una vendedora de cacahuates con mucha verborrea y vitalidad que terminará implicada en un divertido malentendido que no revelaré aquí.

Pauline à la plage es una comedia nada pretenciosa, ágil y moderna. Rohmer crea una serie de personajes bastante cínicos y desorientados que incluso a hoy consiguen tener eco. La inmadurez con respecto a las relaciones sexuales y de pareja parecen no haber cambiado en poco más de 30 años. Y en cualquier caso, una película como esta, con personajes igual de liberados, y una adolescente que en pleno despertar sexual es carnaza y motivo de deseo de un grupo de hombres de varias edades, parece no tener ninguna posibilidad de hacerse a día de hoy.
Pero eso no era algo que le preocupara al señor Rohmer. Ni por lo que le gustaría, se le cuestionara tres décadas después.

Me da la impresión de que su único interés era que en aquel verano del 83 esa adolescente tuviera una inolvidable experiencia mientras toma las decisiones más inteligentes y sensatas frente a unos adultos que se pasan de ingenuos, y que cuando de relación de pareja se trata, demuestran con suficiente proeza que son unos auténticos zoquetes.

Esta reseña hace parte del especial sobre la serie “Comedias y Proverbios” de Mubi. Para leer una introducción de Éric Rohmer e ir leyendo las demás reseñas dar clic aquí.

Ficha Técnica

Dirección: Éric Rohmer
Guion: Éric Rohmer
Duración: 94 minutos
Género: Comedia
Reparto: Amanda Langlet, Pascal Greggory, Féodor Atkine, Arielle Dombasle
Cinematografía: Néstor Almendros
Montaje: Cécile Decugis
País: Francia
Año: 1983


 


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