Reseña El intenso ahora, el triunfo de la imagen de archivo en el cine


Por Sandra M Rios U
Twitter: @sandritamrios


Quien conozca de la historia del Festival de Cannes, sabe que uno de su capítulos más fascinantes fue el que terminó desencadenando la creación de “La Quincena de Realizadores”. La famosa revolución de 1968 en Francia sentó las bases de esta prestigiosa sección paralela.

El periodista y documentalista brasilero Joao Moreira Salles revive esas intensas protestas que se extendieron por dos meses y que tenían en esencia la bandera de la célebre frase “Prohibido prohibir”.

El intenso ahora es un extraordinario ensayo ensamblado completamente con imágenes de archivo provenientes de material casero grabado por su madre, en un viaje realizado durante seis meses a la China comunista de Mao Tse Tung, videos amateurs que fueron testigos de los hechos y material oficial de los medios, que también nos trasladan a la liberación política en Checoslovaquia conocida como la Primavera en Praga y el Brasil del 68.

Narrado con voz meditativa del propio director, se engrana todo este material en un montaje exquisito para repensar el pasado y ver que en el futuro, nuestros años de ahora, muchas cosas no cambiaron en realidad y que el triunfo de la revolución vivida con fuerza y furia en aquel entonces se terminó desvaneciendo al ser un acto sin orden que creció de manera espontánea, aunque paradójicamente eso fue lo más bonito de aquellas protestas: la solidaridad que despertó. A pesar que al final terminan ganando los de siempre, los cambios  que este hecho histórico produjo, extendido a varios países, se dieron en el terreno del pensamiento y ahí radicó su valor.

Aunque son cuatro países los que revisita El intenso ahora (No intenso agora), hay dos ejes centrales en este documental. Por un lado, están las imágenes del viaje de su madre y la vida de infancia entre el país galo y el Brasil militarizado del director, con el cual se construye una conexión afable, íntima y emotiva con este ensayo. La otra es todo lo acontecido en Francia, donde participaron 6 millones de ciudadanos, paralizando prácticamente a todo el país – incluido el Festival de Cannes, aunque finalmente no por cuenta de sus organizadores sino de los autores Jean-Luc Godard y François Truffaut, entre otros, que en un acto de insurgencia pidieron suspender el festival, que ya llevaba nueve días de programación, en solidaridad con los estudiantes y todo lo que estaba sucediendo en las calles (esto no hace parte de la película).

Más allá de las posiciones del autor, que en todo caso y en términos generales son posturas críticas, procurando siempre la neutralidad, permanece constante la importancia del documento y la imagen archivada, que bien observadas se convierten en testimonios reveladores de momentos históricos. Nos invita el director al cuidado al detalle, a lo no expuesto en primer plano, a entrar en la lógica de lo grabado, a intentar interpretar lo que no sabemos con certeza quién y por qué lo grabó, sentenciando muy bien en un momento de la película: “no sabemos siempre lo que estamos filmando”.

 



Entre esas posiciones críticas expone la tesis mesurada de las limitaciones y contradicciones de esta revolución a través de la figura predominante del líder estudiantil Daniel Cohn-Bendit, como también pone en el foco la marginalidad que se evidenció con la posición que jugaran las mujeres y los afrodescendientes como actores menores y cierto desprecio y/o desconfianza de los trabajadores hacia los estudiantes en la idea de la aceptación de un cambio generacional capaz de producir reformas sustanciales (una solidaridad a medias). Todo esto justificado con su material hallado prestando atención al detalle; los gestos, las posturas, la ubicación de esta población en lo filmado, el vestir, e incluso hasta el corte de pelo. Cada imagen en pantalla tiene una intención y da continuidad a las reflexiones del autor. Lo poético y filosófico de su discurso y su voz nítida y compasiva terminan desvaneciendo los momentos densos. 

El intenso ahora es el triunfo de la imagen de archivo. Es un espejo hipnótico, melancólico y real sobre la idea que las revoluciones pasan y todo sigue marchando igual. Es un triunfo del rigor de la observación y la investigación, de la necesidad de revisar constantemente el pasado para anticipar el presente.

A 50 años de ocurrido el Mayo francés, la postura reflexiva y observadora de Joao Moreira Salles es oportuna, iluminadora y necesaria.

P.D.: Al año siguiente del acto de rebeldía de Godard y Truffaut en el que sabotearon la exhibición de la película “Peppermint Frappé” del cineasta español Carlos Saura (llegaba a Cannes después de ganar el premio a Mejor Director en el Festival de Berlín), se agruparon varios directores y fundaron la Sociedad de Realizadores de Cine, sentando como bases parte de las aspiraciones de la Revolución del 68; la defensa de la libertad profesional, moral, artística y económica de la creación fílmica, y la creación de nuevas estructuras. Al año siguiente armaron un festival paralelo, “La quincena de realizadores” con el lema “de cineastas para cineastas”.

Ficha Técnica

  • Director: Joao Moreira Salles
  • Guion: Joao Moreira Salles
  • Duración: 127 minutos
  • Género: Documental
  • Montaje: Eduardo Escorel, Lais Lifschitz
  • Música: Rodrigo Leão
  • País: Brasil
  • Año: 2017



 


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