Reseña Honeyland de Tamara Kotevska y Ljbomir Stefanov – FICCI Interruptus


Por Sandra M Ríos U
Twitter: @sandritamrios




Honeyland ofrece uno de los mensajes más poderosos y orgánicos del cine medioambiental reciente. La historia de unas abejas y una mujer apicultora silvestre sirve como metáfora a una serie larga de conflictos que tenemos como humanos y nuestra interacción con el entorno.

La película de Macedonia recibió en los Oscars de 2020 dos nominaciones en las categorías de Mejor Película Internacional y Mejor Documental.

Tras la Segunda Guerra Mundial se realizó un acuerdo entre Yugoslavia y Turquía para trasladar a la población, juntándolas con turcos-otomanos. La región era una área que no ofrecía buena calidad de vida, una zona árida, sin agua, sin electricidad ni carreteras, lo que hizo que los pobladores se fueran rápidamente a otros lugares. El área, en las profundidades de los Balcanes, fue olvidada incluso por el gobierno desde ese entonces.

De ese aislado lugar sale la protagonista de esta historia, Hatidze Muratova, una mujer de 54 años que vive con su madre de 85 en una modesta casa de piedra. Ella es la última apicultora silvestre de una larguísima tradición familiar. Su cotidianidad transcurre entre el manejo de la producción de miel y el cuidado de su madre enferma y cansada, y la búsqueda de los pocos recursos para alimentarse. La miel que cultiva, apetecida por su pureza, la vende en la ciudad más cercana a cuatro horas de camino a pie.

Los directores Ljubomir Stefanov y Tamara Kotevska construyen un relato a punta de paciencia (más de tres años de rodaje y más de 400 horas de material fílmico) que parece ir perdiendo la línea del documental y bordea la de los géneros, cuando la pacífica y armoniosa relación de Hatidze se interrumpe con la llegada de una familia nómada compuesta por madre, padre, siete hijos y su ganado.

A partir de ese momento acontece lo más valioso de este largometraje, pues la irrupción de esa familia saca a flote lo mejor y lo peor del ser humano. Hatidze, acostumbrada a vivir en armonía con lo que le propone su entorno, ofrece a sus nuevos vecinos, calidez y hasta enseñanzas de su tradición familiar. Ellos ven en eso enormes oportunidades de aumentar sus finanzas y ahí llega el conflicto, presionando a esta heroína a reflexionar y enfrentar con firmeza la defensa de las abejas.

La ruptura del ecosistema para las abejas y madre e hija trae consigo metáforas dramáticas; Hatidze siente miedo de perder su medio de supervivencia y las abejas recienten los cambios. Es un entorno salvaje, de supervivencia primitiva, donde se impone siempre el más fuerte. Pero también hay momentos luminosos e incluso cómicos, especialmente cuando el personaje central deja salir su lado femenino y deja escapar el deseo de verse bien, de acicalarse y disfrutar los momentos en los que logra salir a la ciudad. Así mismo su tierna y frágil relación con su madre.

Hasta aquí podría pensarse que Honeyland es una película de héroes y villanos, y no. La postura es mucho más objetiva, al permitir mostrar la difícil cotidianidad de la familia nómada, su escasez alimentaria y la forma de sustentarse del ganado a pura fuerza bruta. Todo esto le da muchos más matices y puntos de reflexión, no solo en el terreno de lo medioambiental, sino también de lo humano, social y político. Las condiciones tan extremas en las que viven son reflejo melancólico del olvido gubernamental. La forma de actuar es reflejo igual de ese descuido, y parte también de nuestra herencia conquistadora y depredadora. 

La construcción de esta historia a punto de paciencia les permitió ir tejiendo un mensaje orgánico y convincente, quizá ayudados por las barreras idiomáticas, pues la protagonista y su madre hablaban en un turco antiguo. Eso los obligó a dar relevancia a la universalidad del lenguaje corporal y lograr una conexión con ellas a través de este.  

Hay un momento de la película donde Hatidze Muratova camina por unos paisajes hermosos, que te quitan el aliento, acompañada por un perro. Ella enfrenta su soledad y después de todo lo que vive uno y siente a su lado es difícil concebir dejarla seguir en su mundo. Honeyland es encantadora por su grandioso personaje, una mujer fuerte y delicada, y con una gigantesca capacidad de resiliencia. 

El largometraje abrirá las funciones nocturnas del FICCI Interruptus, la edición especial 2021 del Festival Internacional de Cine de Cartagena, en la Plaza de la Proclamación en Cartagena (a las 20 horas).

Ficha Técnica

  • Dirección: Tamara Kotevska, Ljubomir Stefanov
  • Protagonista: Hatidze Muratova
  • Duración: 87 minutos
  • Género: Documental
  • Cinematografía: Fejmi Daut, Samir Ljuma
  • Montaje: Atanas Georgiev
  • Música: Foltin
  • País: Norte de Macedonia
  • Año: 2019

 


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