Reseña L’Homme qui a vendu sa peau (The ManWho Sold His Skin) de Kaouther Ben Hania




Por Daniel Andrés Ruiz Sierra (@Tato Ruiz)

Para muchos, incluyéndome, el mundo del arte es un asunto inentendible; complejo si se quiere; con mucha intriga, lleno de pretenciosos y gente haciéndose la interesante, mientras se llena los bolsillos. Y todo lo anterior, y un poco más, hace parte del universo de “L’homme qui a vendu sa peau” (El hombre que vendió su piel), una de las nominadas a Mejor Película Internacional en la pasada edición de los Oscar (2021), la primera película tunecina en llegar a tal reconocimiento, y la cuarta película de su directora, Kaouther Ben Hania, quien en 2017 despertó interés mundial con “La bella y los perros” que compitió en la selección oficial de Un Certain Regard, y con la que fue preseleccionada para los Premios Oscar de 2019.

Se narra aquí una historia de amor con muchos obstáculos. Unos obstáculos que no son cualquier cosa. Lo primero es el gran problema de ser un refugiado. Lo segundo, caer y llegar a prostituirse en el mundo del arte, y luego vienen otros como caer en las turbias y confusas aguas de los indignaditos sociales que creen estar salvando al mundo y responden al nombre de activistas, y otros relacionados al prejuicio y la discriminación según la nacionalidad y, claro, el más común, el de un tercero que le daña el caminado a cualquiera. Y te preguntas si todo eso es posible contarlo de maneras medianamente lógicas en menos de 120 minutos y Kaouther Ben Hania lo logra a punta de mucho cinismo, mucha parodia ejecutada con elegancia, sarcasmo, auténtica mala leche, pero, sobre todo, con una belleza estética magnética que incluye juegos de sombras, claro oscuros, intensos neones y un personaje que da la sensación de estar siempre en el borde del fracaso y que siempre está arriesgando. Una olla a presión que está a punto de explotar y dejar volar mierda por todos lados.

Pero poniéndonos más concretos, lo que aquí se cuenta es la historia de Sam Ali, un sirio que se enamora de Abeer, una mujer que, por mera burocracia familiar, por puras decisiones fríamente calculadas por terceros, ya tiene dueño. Y cuando ambos se quieren dejar llevar por el amor que sienten, y la idea de ser libres (lo que también incluye un grito de liberación en Siria), y gracias a la necedad de quienes se obsesionan por registrar con su celular absolutamente todo, Sam Ali termina en prisión, no obstante, logra escapar, y sabiendo que le toca esconderse, cruza ilegalmente la frontera libanesa para llegar a Beirut, lugar en el que le toca llegar a inventarse una manera de vivir. Una noche, buscando comida gratis en una exposición, se topa con Jeffrey Godefroi, un artista que se supone controvertido y le propone hacer con él una obra de arte que sea una denuncia por la situación de los refugiados. Esa propuesta es la de convertir su espalda, la de Sam, en un lienzo, o mejor, convertir a Sam en una obra de arte andante, idea altamente novedosa y con la que Jeffrey seguirá siendo ese artista tan admirado y provocador y no sé qué cuantas cosas más. Sam, y esa situación suya tan precaria, no pone muchos peros a la propuesta y se lanza al reto, que además le trae la posibilidad de viajar a Europa, específicamente a Bélgica, lugar en el que ahora está Abeer.

De ahí en adelante, la relación artista – obra de arte andante, traza una serie de conflictos que incluye a una suerte de manager fría y controladora interpretada por Mónica Bellucci, y la inesperada popularidad que, como trae lujos, también le generan una serie de conflictos y dilemas personales a Sam, que va por la vida únicamente queriendo ver realizado su sueño de amor. En poco tiempo somos testigos de cómo Kaouther Ben Hania logra hilar y dosificar todo lo que se plantea contar en su película. Sabe jugar con el erotismo, el poder de la dominación y la perversión, y al tiempo, narrarnos toda la podredumbre de ese mundo que retrata, y la violencia de la que podría ser víctima cualquier migrante. Sabe también narrar esa historia de amor frustrado con mucha sutileza y gracia.

El argumento de “L’homme qui a vendu sa peau” está inspirado casi en un 100% en una historia real, que involucra a un tipo en Suiza de nombre Tim Steiner, quien en 2007 conoció a un artista belga, Wim Delvoye, que, en esas cosas tan extravagantes del mundo del arte, buscaba un lienzo humano y luego de verse criticado por un trabajo anterior en el que tatuaba la piel de los cerdos, sabrá dios con qué fines. Luego, el lienzo humano aquel, que tenía como acuerdo sentarse varias veces al año en algunos museos del mundo mostrando la obra tatuada en su espalda, vendió la obra a un coleccionista alemán, una transacción que además indica que, cuando Steiner muera, la piel entrará a su colección privada. Sí, un asunto que genera auténtica grima. Me da la impresión, que, sumado a esta historia, su directora quizás encontró inspiración en el cuento corto “Tatuaje” del japonés Junichiro Tanizaki, que sabe crear una atmósfera de sensualidad, y algo de sadismo, y que narra la historia de un tatuador que en 1600 se obsesiona con la belleza de una joven a la que duerme, y por muchas horas le tatúa un diseño en su espalda que termina por revelar un asunto de personalidad ligada a la perversidad.

Volviendo a “L’homme qui a vendu sa peau”, y con afán de lanzar un juicio, se me hace una película lo suficientemente original y moderna, que nunca llega a tomar rumbos demenciales narrativamente hablando, hasta que logra dilucidar su mayúsculo tema y se acerca al clímax. Ahí, la película pega un volantazo bastante regular que no termina de convencerme, y a la que suma la resolución de esa historia de amor tan constantemente accidentada. Un final, que, a mi parecer, podría ser bastante condescendiente, pensando en un público amplio. O qué sé yo. En cualquier caso, vale la pena encontrarse con esta película, actualmente en cartelera, y que ratifica el enorme talento y esa enorme voluntad narrativa de su directora. Si con “La bella y los perros” lograba que pusiéramos un radar sobre ella, con esta logra convencer que es una grande. ¡Vayan a verla!

 

Ficha Técnica

  • Dirección: Kaouther Ben Hania
  • Guion: Kaouther Ben Hania
  • Duración: 104 minutos
  • Género: Drama
  • Reparto: Yahya Mahayni, Dea Liane, Koen De Bouw, Mónica Belluci, Darina Al Joundi, Christian Vadim, Win Delvoye, Jan Dahhouh
  • Cinematografía: Christopher Aoun
  • Música: Amine bouhafa
  • Montaje: marie-Helene Dozo
  • Países: Túnez, Francia, Alemania, Bélgica, Turquía, Suiza, Chipre
  • Año: 2020

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