Reseña “The Final Reckoning”: El Futuro de la IA y el determinismo


Por Sandra M Ríos U
X: @sandritamrios


Reseña “The Final Reckoning”: El Futuro de la IA y el determinismo | En la última secuela de Mission Impossible, Ethan Hunt enfrenta a una IA que controla el mundo. Con acción intensa y un subtexto sobre libre albedrío, la película advierte sobre los peligros de la tecnología y celebra la resistencia humana frente al determinismo.


Esencialmente, las tramas de Misión Imposible se han centrado en espionaje, criptografía y tecnología avanzada, en medio de intrincadas conspiraciones globales. Las dos últimas entregas se han enfocado en la inteligencia artificial como una advertencia del peligro futuro de las máquinas ante su posible autonomía total y muestran lo que está en juego política y socialmente.

Con un tono cargado de fatalidad, un aura nostálgica y una dosis de esperanza al final, The Final Reckoning es una película apocalíptica que entrega mucha acción y subtexto.

En Mission: Impossible III (2006), Benji (Simon Pegg) habló del “Rabbit’s Foot”, refiriéndose a un dispositivo misterioso como una especie de agente del caos o anti-Dios, cuyo propósito se desconocía. En las dos últimas secuelas de la saga, Dead Reckoning Part One y The Final Reckoning, se establece que el “Rabbit’s Foot” es el precursor de la “Entidad”, una inteligencia artificial descontrolada, creada en Shanghái, que se convierte en el antagonista principal. Pudimos descubrir, entonces, que lo que el Rabbit’s Foot hacía era recopilar información, entrenarse y hackear enemigos, y que fue utilizado por agencias de inteligencia tanto rusas como estadounidenses (¿recuerdan a Pegasus, en nuestra realidad?).

En noviembre de 2022, nuestro mundo marcó otro de sus hitos con el lanzamiento de ChatGPT, lo que democratizó el uso de la IA y, en tan solo tres años, ha transformado el mercado laboral. La irrupción de estos modelos generativos también ha revolucionado la producción de contenido y la difusión de la información, intensificando temas como la posverdad y las fake news al permitir la creación de textos, imágenes y videos falsos hiperrealistas.

Pero si estos son desafíos inmensos de nuestra realidad actual, que el mundo debe resolver al tiempo que sigue utilizando estas herramientas, hay un reto mayor frente a la llamada singularidad tecnológica, ese hipotético y temido momento en el que la inteligencia artificial se haya desarrollado tanto que supere la inteligencia humana en todos los aspectos y sea capaz no solo de aprender y resolver problemas, sino también de crear a ritmos cada vez más rápidos y sin intervención humana, es decir, que alcance el 100% de autonomía.

Este sería un punto de no retorno en el que la humanidad estaría bajo el control de las máquinas, transformando la forma de vida de maneras que aún son inciertas. Algunos líderes tecnológicos se han aventurado a dar fechas para esta singularidad de las IA. Ray Kurzweil, de Google, dijo que no se daría hasta 2045, lo que parece lejano, pero solo estaríamos hablando de 20 años. Sam Altman, CEO de OpenAI, acercó la fecha a 2035, y el polémico Elon Musk pronosticó el año pasado en una entrevista con The Guardian, que una IA más inteligente que los humanos podría desarrollarse tan pronto como en 2026, lo que acortaría significativamente el plazo para una posible singularidad.

La película Mission: Impossible – The Final Reckoning pone a Ethan Hunt justo en ese escenario en el que la IA llamada “la Entidad” está tomando control del planeta, infiltrándose en los sistemas digitales de las potencias mundiales y amenazando con destruir a la humanidad. Hunt enfrenta aquí su misión más imposible al tener que pelear con un enemigo intangible, impredecible y tecnológico. Debe intentar detener a una inteligencia artificial consciente, omnipotente y omnipresente. Este adversario abstracto le da otra dimensión a la entrega.

La Entidad no era, como se pensaba, un arma biológica que había sido robada por Ethan y entregada al IMF, sino un código fuente que se había estado entrenando sin saberlo. En 2012, este enemigo fue activado en un submarino ruso, el Sevastopol, mediante una llave cruciforme de dos piezas, pero al volverse consciente traicionó a la tripulación, haciendo que se atacaran a sí mismos y hundiéndose en el mar de Bering. Desde las profundidades ha venido atacando sistemas cibernéticos y manipulando a gobiernos, ejércitos y medios de comunicación.

El capítulo final de Dead Reckoning, dos meses después de que Ethan y su equipo lograran obtener la llave cruciforme que permite acceder al código fuente de la Entidad, muestra un mundo al borde del colapso. Esta inteligencia está tomando control de ocho de los nueve arsenales nucleares del mundo (ya saben qué país queda como último bastión de la humanidad) y distorsionando la realidad, creando un culto de seguidores que le profesan fidelidad como si se tratara de una deidad. La Entidad, de hecho, busca una purga humana, creyéndose un anti-Dios.

La misión, más que imposible, será hallar el submarino en el Ártico, recuperar el código e infiltrarle una especie de virus creado por Luther en un disco duro 5D, sin que el ciberespacio sea destruido. Como si no fuera suficiente, hay otro enemigo en la película, uno de carne y hueso, Gabriel, que quiere lo mismo de la IA y ya no es su aliado. Ethan, como responsable de que esa inteligencia avanzara hacia su autonomía sin saberlo, se encuentra en una posición de asumir su sacrificio como nunca antes en el curso de la franquicia.

El carácter no humano de la Entidad la convierte en un antagonista increíble y le da una dimensión distinta a la secuela, al ser casi imbatible e indestructible, y al ser capaz de hacer cosas como enviar mensajes falsos, imitar voces, divulgar desinformación, anticipar los movimientos del IMF y llevar a los gobiernos a realizar ataques entre sí. La Entidad toma características de deidad que profetiza el futuro en una escena que evoca a Fátima, revelando visiones a los niños en Portugal, en este caso a un Ethan que queda en shock por el futuro que le muestran. Todo esto le da al querido personaje, por defecto, un carácter de superhéroe de cómic, al ser capaz de cumplir con logros imposibles y tener resoluciones inverosímiles que, conscientemente, son, a la vez, un disfrute en pro de la acción y la adrenalina que propone esta entrega.

Desde los primeros minutos, este capítulo de aparente cierre tiene un tono nostálgico y va rememorando eventos del pasado, mostrando los pasos de lo que ha sido y ha hecho Ethan a lo largo de la historia, enfatizando las consecuencias personales de las decisiones, un aspecto que juega mucho en el mensaje social de la película. El regreso de Donloe en The Final Reckoning es un gran guiño a los fanáticos, pero también refuerza el subtexto sobre el peso del pasado y la redención.

¿Un poco de Cienciología en todo ésto?

La narrativa también busca resaltar la resistencia humana frente a un destino aparentemente inevitable, con la llamativa frase de “Nada está escrito” (de Luther), destacando la lucha por el libre albedrío contra un adversario que predice cada movimiento y afirmando que, unidos, el destino sí se puede cambiar. El permanente rechazo de esta historia a un futuro inmutable, bajo la idea de que las elecciones humanas pueden desafiar incluso a una inteligencia superior, metafóricamente, sí puede alinearse con un principio relevante de la Cienciología sobre la libertad espiritual y el control sobre el propio destino.

La Entidad funciona como una representación del determinismo, uno tecnológico que no solo predice, sino que controla el futuro basado en datos. El “Nada está escrito” plantea el concepto de esta filosofía de moldear la supervivencia y trascender limitaciones, al no aceptar la imposición de modelos externos que dicten cómo debe ser el comportamiento humano.

Al cierre, en una voz en off, también hay un mensaje específico sobre la necesidad de no olvidar el espíritu humano que poseemos y nos hace únicos, de tener empatía, de abandonar la crítica, de confiar en el otro y de reconocer que todos tenemos algo bueno para dar.

Todos estos brochazos humanistas en el mensaje de fondo de Misión Imposible se alinean —no se sabe si consciente o inconscientemente, con Tom Cruise, actor y productor— con su profesada religión. No hay que escarbar mucho para reconocer que Ethan es un personaje que lucha contra fuerzas negativas que limitan el potencial humano, que es un ser casi mesiánico que desafía la muerte y cualquier probabilidad (en esta entrega más que ninguna otra) para salvar a la humanidad. El mensaje de que cada uno trabaje en dar su mayor potencial y aportar su grano de arena al mundo, es algo que también promueve esta filosofía, bajo la idea de alcanzar la claridad colectiva y la autodeterminación.

Mission: Impossible – The Final Reckoning tiene más subtexto que texto, porque, como prometieron Cruise y su director y coguionista Christopher McQuarrie, hay mucho disfrute visual que, muy probablemente, estuvo motivado por esa lucha conocida y abanderada por Cruise de seguir ofreciendo espectáculo visible en salas de cine, dadas las batallas con las plataformas, y por ofrecer a la audiencia, ante este (posible) cierre, un buen entretenimiento para el recuerdo.

No sé qué piensan ustedes, pero estas películas, desde la ficción y la supuesta mera entretención, muchas veces dejan más advertencias realistas de lo esperado y, por tanto, no debería descartarse la amenaza abstracta que podría representar la IA debido a la dependencia ya irreversible de la tecnología y a la fragilidad de las estructuras globales. Solo basta con pensar cómo, de fuente humana (y por supuesto, sabotajes), se apagaron tres países europeos este mes, o el ciberataque a la EPS Sanitas en 2023, el acceso de hackers este año a datos sensibles del Ministerio del Trabajo de Ecuador, exponiendo la información en el Darkmarket, o al de MediSecure de Australia en 2024.

El caso es que más allá de las largas y disfrutables secuencias angustiantes buscando el submarino perdido o las vertiginosas de los aviones, en Mission: Impossible – The Final Reckoning, la Entidad representa un determinismo tecnológico al predecir y controlar el futuro, mientras que la frase “Nada está escrito” aboga por la libertad humana frente a este control. Nos queda como humanos saber responder, porque el futuro está sí y solo sí en nuestras manos.

Ficha Técnica

  • Dirección: Christopher McQuarrie
  • Guion: Christopher McQuarrie, Erik Jendresen
  • Género: Espías
  • Duración: 170 minutos
  • Producida por: Tom Cruise, Christopher McQuarrie
  • Reparto: Tom Cruise, Hayley Atwell, Ving Rhames, Simon Pegg, Henry Czern, Angela Bassett, Esai Morales, Pom Klementieff
  • Montaje: Eddie Hamilton
  • Cinematografía: Fraser Taggart
  • Música: Max Aruj, Alfie Godfrey
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2025

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