La película perdida de Georges Méliès: Un tesoro de 1897




La película perdida de Georges Méliès: Un tesoro de 1897. | El “Padre de los Efectos Especiales” vuelve a sorprendernos con un hallazgo inédito que reafirma su legado en la historia del cine.

En el vasto universo del cine, hay nombres que resuenan con la fuerza de una leyenda y Georges Méliès es, sin duda, uno de ellos. Conocido como el “padre de los efectos especiales”, su imaginación desbordante y su espíritu innovador sentaron las bases de lo que hoy conocemos como el séptimo arte y la ficción.

Ahora, más de un siglo después de que sus obras transformaran la percepción de la realidad en la pantalla, un hallazgo extraordinario en los archivos de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos ha vuelto a poner su nombre en el centro de la atención, reescribiendo otro pequeño pero significativo capítulo de la historia del cine.

La noticia, que sacude los cimientos de la cinefilia mundial, es el descubrimiento de una película de Méliès que se creía perdida: “Gugusse y el Autómata” (“Gugusse and the Automaton”), una joya de 45 segundos de duración, filmada alrededor de 1897.

Este hallazgo no es solo un rescate arqueológico; es una ventana a los albores del cine, un testimonio de la visión de un genio y, sorprendentemente, la primera aparición de un “robot” en la gran pantalla. Un hito que, hasta ahora, solo existía en la reputación y el anhelo de los historiadores y aficionados a la ciencia ficción.

La Magia del Descubrimiento

La historia de este redescubrimiento que recoge el Blog de la Librería del Congreso de los Estados Unidos resulta tan fascinante como las propias creaciones de Méliès. Un lote de rollos de película, antiguos y deteriorados, con el óxido y el paso del tiempo, llegó a la Biblioteca del Congreso. Estos fragmentos de celuloide, algunos desfigurados, otros con el nitrato descompuesto en pedazos, habían viajado de sótanos a graneros y garajes, esperando pacientemente su momento de revelación. Los bibliotecarios, con la delicadeza de quienes manejan tesoros frágiles, comenzaron la ardua tarea de desenrollarlos y examinarlos, cuadro por cuadro.

Fue entonces cuando, en uno de esos rollos, apareció la señal inconfundible: una estrella negra pintada sobre un pedestal en el centro de la pantalla. Era el logotipo de la Star Film Company de Méliès, un sello que garantizaba la autoría de una mente maestra.

La acción que se desarrollaba la película era la de un mago y un autómata en una batalla cómica, un slapstick (comedia física) que, en su simplicidad, ocultaba una importancia histórica inmensa. La exclamación de asombro no se hizo esperar, pues estaban ante “Gugusse y el Autómata”, una película que se creía desaparecida por más de un siglo.

Méliès: El alquimista del cine y la visión del futuro

Para entender la magnitud de este descubrimiento, es crucial recordar quién fue Georges Méliès. Ilusionista de teatro francés, Méliès quedó cautivado por las primeras proyecciones de los hermanos Lumière en París en 1895. Para él, la capacidad de una cámara para proyectar imágenes fijas en movimiento no era solo ciencia, sino una extensión de su propia magia. Fue cuestión de poco tiempo para que construyera su propia cámara y un estudio de cristal en París, simulando un invernadero, para que así la luz natural se convirtiera en su aliada.

Sus primeras películas eran escenas cotidianas, pero un accidente fortuito –un fallo en la cámara que transformó un autobús en un coche fúnebre en la pantalla– le abrió los ojos a las posibilidades ilimitadas de la manipulación cinematográfica. George Méliès fue pionero en técnicas como la doble exposición, las pantallas negras y la perspectiva forzada, trucos que se convertirían en pilares del lenguaje cinematográfico. En sus manos, un hombre podía quitarse la cabeza y lanzarla al aire (Un homme de tetes), una mujer podía desaparecer y reaparecer (Escamotage d’une dame au théâtre Robert-Houdin), todo ello con una fluidez que desafiaba la lógica y encantaba al público.

Méliès era también un ferviente admirador de la ciencia ficción de Julio Verne y H.G. Wells, y sus películas a menudo presentaban escenarios surrealistas y fantásticos, llenos de acción frenética. Su obra más famosa, “Viaje a la Luna” (1902), con la icónica imagen de un cohete aterrizando en el ojo del hombre en la luna, se convirtió en el símbolo por excelencia del cine primitivo. Incluso Martin Scorsese, en su película “La invención de Hugo” (2011), rindió homenaje a la figura de Méliès, mostrando su impacto duradero en la cultura popular.

“Gugusse y el Autómata”: Un vistazo a la innovación temprana

“Gugusse y el Autómata” es un cortometraje de un solo rollo, filmado frente a un telón pintado que simulaba un taller de relojes y autómatas. La trama es sencilla pero ingeniosa: el mago (interpretado por el propio Méliès) da cuerda a un autómata vestido como el famoso payaso Pierrot.

Una vez activado, el payaso comienza a golpear al mago con su bastón. El mago, en represalia, toma un enorme mazo y golpea al autómata en la cabeza, haciendo que este se encoja hasta convertirse en una pequeña muñeca, que finalmente es destrozada contra el suelo. Esta es una secuencia que, más allá de su humor, representa una de las primeras interacciones entre humanos y máquinas en la ficción cinematográfica.

Este filme, con su representación temprana de un “robot” –aunque en forma de autómata–, es un eslabón perdido en la evolución de la ciencia ficción en el cine. Su descubrimiento no solo enriquece el catálogo de obras de Méliès, sino que también ofrece una nueva perspectiva sobre los orígenes de un género que hoy domina la taquilla mundial.

Méliès produjo más de 500 películas, pero su enfoque en los efectos especiales y su resistencia a adaptarse a las nuevas narrativas cinematográficas lo dejaron atrás en la evolución de la industria. Durante la Primera Guerra Mundial, muchos de sus negativos fueron fundidos para recuperar la plata y el celuloide, y él mismo quemó más después de la guerra. Sin embargo, gracias a la popularidad de su trabajo y a la piratería generalizada de la época, muchas copias duplicadas sobrevivieron. Hoy en día, se conocen alrededor de 300 de sus películas, y la Biblioteca del Congreso posee aproximadamente 60.

El hallazgo de “Gugusse y el Autómata” es un recordatorio de la fragilidad de la historia del cine y de la importancia de la preservación. Es un testimonio del poder de la magia del cine para trascender el tiempo y de la incansable labor de instituciones como la Biblioteca del Congreso para desenterrar y proteger estos tesoros.

Este nuevo descubrimiento es una celebración de la inventiva, la imaginación y el espíritu pionero que definieron los primeros años del cine, y que continúan inspirando a generaciones de cineastas y espectadores. Un viaje inesperado al pasado que nos conecta con el futuro del arte cinematográfico.

La Biblioteca del Congreso ha digitalizado y estabilizado la película en formato 4K, haciéndola accesible para todos, un verdadero regalo para los amantes del cine y la historia.

Mira el corto “Gugusse y el Autómata” (1897) de George Méliès  aquí: 

Imágenes crédito: Shawn Miller. Centro Nacional de Conservación Audiovisual.

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