La Odisea: Christopher Nolan y el desafío de filmar lo infilmable




La Odisea: Christopher Nolan y el desafío de filmar lo infilmable. | A las puertas de su estreno más ambicioso, Christopher Nolan confiesa la ansiedad que le produce adaptar el texto primordial de la cultura occidental. Odyssey no es solo una película de época; es un experimento técnico sin precedentes que ha llevado el formato IMAX a límites que ni el propio director creía posibles.

Hay una frase que Christopher Nolan repite con cierta frecuencia en sus entrevistas y que resume perfectamente su filosofía: “Las películas pertenecen al público”. Sin embargo, a dos días del estreno de Odyssey, su proyecto más colosal hasta la fecha, el director británico no oculta que esa entrega final le genera una ansiedad profunda.

No es para menos. Tras el triunfo arrollador de Oppenheimer, Nolan ha decidido volver la vista atrás, no a la historia del siglo XX, sino al origen mismo de la narrativa occidental: La Odisea de Homero

En una reciente charla con TIME, recogida por el New York Times, Nolan se mostró inusualmente vulnerable. A sus 55 años, el cineasta confiesa que este proyecto ha sido su “ur-texto”, esa fuente primordial que ha estado presente, de manera consciente o inconsciente, en toda su filmografía anterior. Desde el viaje de Cooper en Interstellar hasta la supervivencia en Dunkerque, el mito del héroe que intenta regresar a casa ha sido una constante. Pero no fue hasta ahora, tras leer más traducciones del poema épico de las que puede recordar, cuando se sintió verdaderamente listo para ponerlo frente a una cámara.

Y cuando Nolan dice “frente a una cámara”, se refiere a algo que nunca se había hecho antes. La Odisea es la primera película comercial de la historia filmada íntegramente en formato IMAX de 70mm. Para lograrlo, no bastó con el equipo existente. El director y su inseparable director de fotografía, Hoyte van Hoytema, tuvieron que trabajar con los ingenieros de IMAX para inventar un nuevo “sistema de blimp” que permitiera silenciar las cámaras.

Para quienes no estén familiarizados con el aspecto técnico, las cámaras IMAX suelen sonar como una cortadora de césped industrial, lo que hace casi imposible grabar diálogos de manera directa. Con este nuevo avance, Nolan ha logrado que la inmensidad visual del formato no sacrifique la intimidad de las interpretaciones.

El rodaje fue una odisea en sí misma. Se llevó a cabo en seis países distintos, movilizando a miles de extras y técnicos. Fiel a su rechazo por el CGI excesivo, Nolan apostó por efectos prácticos para recrear los peligros del viaje de Odiseo. No esperen monstruos digitales de videojuego, sino una puesta en escena física, tangible, donde el mar y la arena se sienten tan reales como el sudor de sus protagonistas. Esta apuesta por lo físico llevó a situaciones curiosas en el set: debido al tamaño monumental de las cámaras y sus carcasas, los actores a veces tenían que usar espejos estratégicamente colocados para poder verse entre sí durante las escenas, ya que el equipo bloqueaba su visión directa.

El reparto es otra de las grandes fortalezas de esta producción de tres horas. Matt Damon asume el papel de Odiseo, un héroe que Nolan describe como “profundamente imperfecto”. A su lado, Anne Hathaway interpreta a Penélope, aportando una gravedad que el director considera esencial para anclar la historia. Pero hay sorpresas que han despertado dudas: Tom Holland como Telémaco, el hijo que busca a su padre; John Leguizamo como el porquero ciego; y quizás la apuesta más arriesgada, el rapero Travis Scott en el papel de un bardo. Nolan defiende estas elecciones buscando una accesibilidad que rompa con la imagen acartonada del cine de “espada y sandalia”. El largo reparto de estrellas lo completan Zendaya, Lupita Nyong”o, Robert Pattison, Charlize Theron, Mia Goth, Elliot Page y Bennie Safdie. 

En la entrevista de Time, Nolan también dejó ver pinceladas de su vida privada, esa que comparte con su esposa y productora de toda la vida, Emma Thomas. Es ella, según confiesa el director, quien devora libros a una velocidad que él envidia: cinco por cada uno que él termina. Esa dinámica de pareja ha sido el motor de su carrera, y Odyssey no es la excepción. Fue a mitad del rodaje, en algún punto entre los seis países visitados, cuando ambos se miraron y supieron que, a pesar de los retos técnicos y la presión del legado de Homero, la película iba a funcionar.

La expectativa es tal que las entradas para las funciones en IMAX empezaron a agotarse hace casi un año. No es solo el nombre de Nolan lo que atrae; es la promesa de una experiencia cinematográfica pura, de esas que justifican salir de casa y sentarse frente a una pantalla gigante. Odyssey se perfila como el evento cinematográfico del verano de 2026, gracias también a la culminación de una forma de entender el cine: como un espectáculo técnico al servicio de una historia humana universal.

Christopher Nolan admite que está nervioso, que siente el peso de la expectativa tras sus premios Oscar, pero también sabe que ha hecho la película que siempre quiso hacer. Una que, según sus propias palabras, busca ser “muy accesible”, eliminando las barreras del tiempo para recordarnos por qué, tres mil años después, seguimos fascinados con el hombre que solo quería volver a casa.

El hito para la historia del cine en contexto 

Odyssey marca un antes y un después en la historia del cine al convertirse en la primera película comercial filmada íntegramente en formato IMAX de 70mm. Hasta ahora, incluso en las producciones más ambiciosas de Christopher Nolan, el uso de este formato se limitaba a secuencias de acción o paisajes específicos debido a las limitaciones técnicas de las cámaras.

El principal hito ha sido la invención de un nuevo “sistema de blimp” (carcasa insonorizada). Históricamente, las cámaras IMAX son extremadamente ruidosas, lo que impedía grabar diálogos de forma directa en el set. Con esta nueva ingeniería, Nolan y Hoyte van Hoytema lograron silenciar el equipo lo suficiente como para capturar interpretaciones íntimas sin sacrificar la resolución monumental del celuloide de 15 perforaciones.
 
Además, el rodaje supuso un desafío de coreografía y espacio. Debido al volumen masivo de las cámaras insonorizadas, los actores tuvieron que utilizar un sistema de espejos estratégicos para mantener el contacto visual y la referencia espacial entre ellos, ya que el equipo físico a menudo bloqueaba su visión directa.
 
Finalmente, la producción llevó este formato a seis países distintos, demostrando que el IMAX de 70mm ya no es solo para entornos controlados, sino una herramienta versátil capaz de registrar una épica de tres horas con efectos prácticos y una claridad visual que, hasta hoy, era técnicamente inalcanzable para un largometraje completo.

A partir del 17 de julio, el público general dictará sentencia, pero por ahora, el viaje de Nolan hacia su propia Ítaca cinematográfica parece haber llegado a buen puerto.

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