Abr 21 2026 15:10
Adiós a Luis Puenzo, el hito de La Historia Oficial
Adiós a Luis Puenzo, el hito de La Historia Oficial. | Hay nombres que en el cine no se pronuncian, se respetan y Luis Puenzo es uno de ellos, no solo por ser el hombre que le dio a Argentina su primer Oscar, sino por haber tenido la osadía de filmar el horror cuando las heridas de la dictadura aún supuraban.
En la mañana de este 21 de abril de 2026 ha fallecido el reconocido cineasta argentino a sus 80 años en Buenos Aires.
“Desde la Secretaría de Cultura de la Nación lamentamos el fallecimiento de Luis Puenzo, director y guionista clave del cine argentino, cuya obra tuvo un impacto en la proyección internacional de nuestra cinematografía, y quien fuera reconocido por su trayectoria en el último Festival Internacional de Cine de Mar del Plata”, expresó el Secretario de Cultura de Argentina, Leonardo Cifelli, tras darse a conocer su deceso.
El cine más valioso es sin duda aquel que se atreve a mirar donde otros apartan la vista, y Luis Puenzo hizo de esa mirada un acto de resistencia y, eventualmente, de justicia poética cuando en 1985 Argentina intentaba respirar de nuevo.

En ese contexto, Puenzo estrenó La historia oficial. Lo que hoy vemos como un clásico indiscutible del cine latinoamericano, en su momento fue un salto al vacío. El director no eligió la pancarta fácil, sino la intimidad de un hogar burgués para desmoronar, desde adentro, la mentira del régimen. A través de la mirada de Alicia (una magistral Norma Aleandro), Puenzo nos obligó a todos a preguntarnos de dónde vienen nuestros hijos.
El premio Oscar de 1986 no fue solo un premio a la técnica o a la narrativa; fue el reconocimiento mundial a un cine que servía como herramienta de búsqueda para las Abuelas de Plaza de Mayo. Puenzo logró para ese entonces algo que pocos directores habían conseguido: que su ficción se convirtiera en un documento histórico vivo.
Tras el éxito global de esta obra que lo llevó también a ganar en Cannes y el Globo de Oro, muchos pensaron que Puenzo se instalaría definitivamente en la maquinaria de Los Ángeles y aunque tuvo su paso por allí con Gringo Viejo (1989), adaptando a Carlos Fuentes con Gregory Peck y Jane Fonda, su esencia siempre permaneció anclada al país del sur latinoamericano. Para él, el cine nunca fue una cuestión de presupuestos, sino de identidad.
Su regreso con La Peste (1992) y más tarde con La puta y la ballena (2004) confirmó que su interés seguía estando en los grandes temas: la moral, el aislamiento y las deudas emocionales que arrastramos como sociedad. Puenzo nunca fue un director de “hits” pasajeros; fue un cineasta de procesos largos.
En los últimos años, su figura trascendió la silla de director para ocupar la presidencia del INCAA. Su gestión no estuvo exenta de tormentas, marcada por la tensión entre la industria tradicional y las nuevas formas de producción. Pero incluso en la controversia, Puenzo mantuvo su norte en la defensa de un cine nacional que no dependa de los caprichos de un algoritmo extranjero. “No vengo de la política, vengo del cine”, solía decir, recordándonos que su lealtad siempre estuvo con la pantalla y no con los despachos. “El INCAA lamenta profundamente el fallecimiento de Luis Puenzo, quien se desempeñó como presidente de esta institución. Honramos su destacada trayectoria como director y productor, así como su compromiso con la industria audiovisual”, señaló la organización encargada de fomentar, regular y promover la producción cinematográfica y audiovisual del mencionado país.
El diario el Clarín reportó que en la última etapa de su carrera artística se enfocó más en producir varias películas de sus hijos Lucía (El niño pez y Wakolda) y Nicolás Puenzo (Los Últimos). En el caso de Lucía, siempre ha expresado la influencia de su padre en su propia carrera como directora que se ha traducido en un cine con una muy buena composición de planos, de narrativa precisa y de saber mezclar lo político con lo emocional sin caer en panfletos. Ella ha comentado que en su casa “se respiraba cine” y que su padre le enseñó a confiar en su propia voz.
Para el cine argentino, Luis Puenzo es mucho más que un hito estadístico con lo del premio de la Academia de Cine de Hollywood, pues fue el director que enseñó que se podía ser universal siendo profundamente local. Su filmografía, como legado, queda ahora como un recordatorio de que las palabras, las imágenes y el silencio tienen el poder de reconstruir una nación. También queda la valentía de haber contado una historia que nadie quería escuchar, hasta que él la hizo oficial.
Imagen Crédito: Ministerio Cultura Argentino










