Destroyer (Destrucción) – Crítica. Se desinfló la película de Kidman en los Oscar


Por Sandra M Ríos U
Twitter: @sandritamrios


La directora Karyn Kusama (The Invitation, Girlfight) lanzó el año pasado su tercer largometraje, Destroyer (Destrucción), una película de crimen protagonizada por una mujer que debe cerrar las hondas huellas de su pasado enfrentándolas.

Kusama se suma a las películas de género de 2018 que han traído la figura femenina a un nivel protagónico, ejerciendo roles de poder, de dominación y hasta de ilegales y de venganza sin mostrar señales de debilidad.

Ejemplos son la premiada The Favourite, A Private War, Oceans’s 8  y Viudas , o menos logradas pero que finalmente hacen parte de esta tendencia, Peppermint y Nación salvaje.

La protagonista de esta historia, Erin Bell, es protagonizada por Nicole Kidman en un papel donde tiene dos cargas: la física y la interna. La primera como espejo de la segunda. La primera mucho menos efectiva que la segunda, aunque a lo largo de una serie de flashbacks se intenta dar sustento. Bell es una detective de las que se infiltra en las bandas criminales para acabar con ellas, pero hace 16 años tuvo una brutal experiencia que acabó con su vida. Las grietas de ese pasado calaron tan hondo que su apariencia física la ha dejado irreconocible.

Su carácter, el tipo de policía insensible e inmodificable en el que se ha convertido se justifican por la pérdida que tuvo. Cuando descubre que el poderoso líder de una banda dedicada a realizar robos en gran escala sigue haciendo sus fechorías y se conecta directamente con su pasado, el estado inmutable en el que ha permanecido desaparece.

Esta es una película de crimen que tiene ese ingrediente emocional que hace a su protagonista un personaje con más motivaciones a las tradicionales y lo llena de capas que son interesantes: un trabajo que la comprometió y la fundió física y mentalmente y una bolsa de culpas por una familia mal lograda. Nicole Kidman maneja bastante bien este papel donde debe despojarse de su figura de realeza y su dulzura para darle pie a una mujer con fortalezas y locura de hombre y miedos internos que se revelan poco a poco.

Karyn Kusama nos trae una película donde presenta a Los Ángeles con un estilo distinto, con una atmósfera más oscura y de latente peligro en las calles de la ciudad de las estrellas y el entretenimiento, pero su guion tiene una narrativa con un tono más ceremonial de lo que necesitaba. Y no era necesario porque Kidman entendió perfectamente su personaje y lo lleva a buen puerto. Tampoco era necesario tal cantidad de maquillaje para justificar su inmenso drama. Es cierto que había una brecha de 16 años por cubrir y golpes de la vida que la marcaron, pero el exagerado trabajo en este orden terminan por distraer más que aportar, especialmente cuando vemos a Erin Bell en cada minuto de este metraje que sobrepasa las dos horas.

Al igual que Viudas, estamos ante una película de género disfrutable, con herramientas y miradas frescas, personajes más profundos y tramas más elaboradas, pero sin paso por los Oscars, como debe ser. A Kidman tampoco le alcanzaba para llegar, por ejemplo, a los niveles de Glenn Close (La esposa) o de la tripleta de La Favorita (Olivia Colman, Rachel Weisz, Emma Stone).

Ficha Técnica

  • Dirección: Karyn Kusama
  • Guion: Phil Hay, Mat Manfredi
  • Duración: 123 minutos
  • Género: Policial, drama
  • Reparto: Nicole Kidman, Sebastian Stan, Toby Kebbell, Tattiana Maslany, Bradley Whitford, Jade Pettyjohn, Scoot McNairy
  • Cinematografía: Julie Kirwood
  • Música: Theodore Shapiro
  • Montaje: Plummy Tucker
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2018



 


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