Reseña El caso de Richard Jewell de Clint Eastwood – Una víctima de la posverdad


Por Sandra M Ríos U
Twitter: @sandritamrios




Clint Eastwood estrenó a finales del año pasado su película número treinta y ocho, una historia que, como lo ha hecho en las últimas dos décadas, presenta a héroes de carne y hueso y sus ideas de militancia con la derecha política. Por eso no ha escapado a la crítica.

El caso de Richard Jewell es más que cualquiera de sus últimas producciones un ejemplo de los excesos, posturas y contrariedades del director al que desde lo cinematográfico poco o nada puede reprochársele.

Si lo prefieres, puedes escuchar esta reseña aquí:

Esta película con guion de Billy Ray (Capitán Phillips, Los juegos del hambre) se basa, con modificaciones de fondo, en el caso de Richard Jewell, el agente de seguridad que descubrió la bomba en el atentado a los Juegos Olímpicos de Verano acontecidos en 1996 en Atlanta. Su hallazgo permitió hacer una evacuación rápida del lugar de los hechos, el Parque Olímpico del Centenario, y así minimizar su impacto que dejó un saldo de una persona muerta y 111 personas heridas. Jewell fue rápidamente convertido en un héroe por los medios de comunicación y tan solo tres días después, fue convertido en villano cuando la periodista Kathy Scruggs divulgó, en la prensa local, la chiva que el FBI había perfilado al guardia como el único sospechoso.

En adelante fueron 88 días de infierno los que vivió este personaje junto a su madre, por el sensacionalismo de la prensa en la idea conseguir las pruebas claras de la sospecha y las despiadadas presiones y requisas del ente oficial por el afán de dar resultados. Olvidaron ambos y convenientemente que no era un acusado sino un simple sospechoso. Siempre se declaró inocente y dispuesto a cooperar con las autoridades, pero no le creyeron. Nunca hallaron las pruebas que necesitaban y fue sometido al polígrafo que pasó de forma positiva. Hallado inocente, el mal ya estaba hecho y recuperar su reputación costó varias demandas a varios medios, algunas saldadas con acuerdos económicos.

La redención llegó un año después cuando contó su versión a Marie Brenner en Vanity Fair, periodista que se comprometió con su historia y el deseo de limpiar su nombre. En ella es que se basó Eastwood para la película. Por supuesto, en ella detectó la figura de héroe que le gusta llevar a pantalla, pero ha dicho que su motivación principal provino de difundir la inocencia de este hombre del que asegura aún es visto como terrorista por sus compatriotas. 10 años después de esa publicación, a los 44 años de edad, Richard Jewell falleció por complicaciones relacionados con la diabetes.

Eastwood acierta en hacer un retrato donde refleja extraordinariamente la tensión de su protagonista, magnificando todo ese mar de atención que recibió y la pérdida de su privacidad, así mismo, la angustia y el punto por el que prensa y agencia de investigación criminal lo perfilaron como un terrorista en la categoría de lobo solitario y la cadena de errores por el afán de respuestas y resultados.

Solo hasta el año 2010 se comenzó a usar el término de posverdad para señalar esas acciones, hechos o acontecimientos que reciben una distorsión deliberada de la realidad que cambia el pensamiento de la masa. Lo sucedido con Jewell puede verse como un ejemplo temprano de ese término.

Para heroizar a su personaje, Eastwood obvia convenientemente parte de los hechos y centra todos sus dardos en la primera periodista que lo expuso ante la opinión pública. La visión que de ella presenta en la película, centro de la polémica en USA, va claramente encaminada a vengar sus acciones, poniendo en duda su ética profesional, en últimas, tejiendo otra posverdad, que es la que crítica claramente en esta historia. ¡Vaya contradicción!

Sin duda un hecho cuestionable de la que la propia reportera no puede defenderse, porque al igual que el protagonista, falleció temprano en el año 2001 por una sobredosis. A Olivia Wilde, quien la interpreta con otro nombre, le ha tocado soportar la lluvia de señalamientos.

Todo esto es una lástima porque se trata de una gran película de Eastwood, muy bien dirigida, precisa, de buen ritmo, humanos diálogos y unas actuaciones excelentes. Desde la propia Wilde, hasta Sam Rockwell como abogado, Kathy Bates como la madre y Paul Walter Hauser como Richard, destacándose, además de su impresionante actuación, por su gran parecido.

La polémica alrededor de El Caso de Richard Jewell caló entre los espectadores de Estados Unidos porque ha convertido en la de peor taquilla en la filmografía de Eastwood. Estrenada el 13 de diciembre en 2,502 pantallas, la película solo recaudó 18 millones de dólares con un presupuesto de 45.

Como película, Richard Jewell (título original), es mucho mejor que varias de sus últimas producciones (La mula, Jersey Boys y las multinominadas y premiadas American Sniper y Sully).

En los Globos de Oro, la película recibió la nominación a Mejor Actriz de Reparto por el también fantástico papel de Kathy Bates. (Aquí todos los nominados. La ceremonia será el próximo 5 de enero).  El American Film Institute la seleccionó entre las 10 mejores películas del año y el National Board of Review hizo lo propio además de destacar también las actuaciones de Bates y Paul Walter.

 

Un último dato. Eastwood contó de nuevo con el compositor cubano Arturo Sandoval para la banda sonora, como lo hiciera con “La mula”.

Ficha Técnica

  • Dirección: Clint Eastwood
  • Duración: 129 minutos
  • Género: Drama, thriller
  • Guion: Billy Ray
  • Reparto: Paul Walter Hauser, Sam Rockwell, Olivia Wilde, Kathy BatesMontaje: Joel Cox
  • Cinematografía: Yves Bélanger
  • Música: Arturo Sandoval
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2019

 


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