Reseña Judas and the Black Messiah de Shaka King. – No puedes matar la revolución






 

Por Daniel Andrés Ruiz Sierra (@Tato Ruiz)

Ocurre en 1969. El FBI asesinó a un tal Fred Hampton, el presidente de las Panteras Negras, y buscando acabar con una revolución que lo único que hizo – y ha seguido haciendo – es seguir viva. La agencia gringa le tenía ganas a Hampton, personaje que movilizaba hordas de gente en pro de hacer revolución por la justicia y defender los derechos de la comunidad negra. Inspirado en personalidades como el Ché Guevara y alentado e iracundo por los asesinatos a Malcolm X y Martin Luther King, logró instaurar un mensaje de radical protesta y al tiempo interesarse de manera autentica en ayudar a quienes más lo necesitaban dentro de su comunidad.

El asesinato a Hampton se dio en su propio apartamento. A punta de escopetas, ametralladoras y revólveres, sus asesinos abrieron paso a balazos (casi 100) para llegar a la habitación en la que Hampton dormía y de donde no se pudo levantar por estar sedado, gracias a uno de los soplones que el FBI tenía infiltrado en la organización, William O’Neal.

Lo anterior se narra en Judas and the Black Messiah, y que desde su título nos plantea de qué va la historia, por lo que entonces empezamos a suponer que el gran suspenso no va en conocer los hechos. ¿Spoiler? Si en algún momento les ha despertado mínima curiosidad lo que rodea a las panteras negras, entonces no. Aunque, para ser honestos, tampoco supone un problema llegar a la película sin saber absolutamente nada sobre ello. Basta con saber en qué mundo están parados. El segundo largometraje de Shaka King, más allá de intentar rodear de misterio y secretismo el suceso, crea toda una mirada crítica a la historia, a nuestro presente, y a la cultura gringa, xenofóbica, hambrienta de poder, y completamente aspiracional.

Aterrizando la sinopsis, se cuenta cómo O’Neal, un ladrón de pacotilla, es descubierto por la policía, robando autos. Para “perdonarle” su ingreso por 7 años a prisión, un agente del FBI le ofrece entrar como soplón a las panteras negras, donde conocerá de manera muy personal a Fred Hampton, quien a su vez, ha salido recientemente de prisión, y con la idea de revolución más viva que nunca.

Judas and the Black Messiah no supone una gran novedad desde el planteamiento narrativo. La forma en la que presentan la historia del gran héroe de la revolución negra y sus antagonistas, se asemeja a varias otras tantas películas que ya hemos visto, no obstante, la intensidad interpretativa, su (de nuevo) observación crítica, esa atmósfera de constante peligro que empapa de principio a fin, su vocación revolucionaria y ese atractivo visual, la convierten en una obra completamente contemporánea, que dista de ser gris, ‘ladrilluda’ o demasiado convencional.

Me parece que está erigida sobre esa forma intensa y salvaje en la que Daniel Kaluuya logra dar vida a Fred Hampton, y esa mirada ambivalente con la que Lakeith Stanfield le da matices a ese cuestionable William O’Neal, un tipo que en una lectura rápida es sencillamente una rata, un victimario que, de a pocos, va descubriendo la enorme trampa en la que cayó y lo va llevando a un dilema que evidencia una completa decepción. Con este personaje, el director hace una interesante inmersión presentando en paralelo la única declaración pública sobre el caso en 1989, en una cadena de televisión pública en Estados Unidos, y 15 años después de que se revelara su participación como infiltrado.

Entre su propuesta visual y un diseño de producción que cumple con el contexto histórico, lo que realmente logra predominar son esas interpretaciones principales, – aunque la Academia las haya puesto como actores de reparto – y en la que sus secundarios tampoco pasan desapercibidos: Jesse Plemons, que interpreta a ese agente muy hijo de puta, muy blanco y manipulador, y Dominique Fishback que da vida a Deborah Johnson, la pareja poeta de Hampton. Ese cuarteto protagoniza una de las escenas más fascinantes de la película, cuando en O’Neal se hace más evidente su dilema emocional, mientras el agente lo tiene entre ceja y ceja, encubierto entre la multitud que escucha a Hampton, que lo que dice es de completa antología, y al tiempo lo escucha Deborah, y quien en su estado cae en la cuenta del negro destino al que estará enfrentada.

Junto a The trial of the Chicago 7, es la película más urgente de la temporada de premios. Ojalá cada una logre alguno de esos reconocimientos que se suponen indispensables. De no lograr nada, el reconocimiento y el protagonismo que han obtenido suponen ya toda una revolución ganada, y que se sobrepone a la cultura de la supremacía blanca, o a la de la banalidad y esas cosas vacuas que alcanza grandes cuotas de protagonismo.

Esta reseña hace parte del Especial Temporada de Premios 2021. Clic aquí para ver más nominadas.

Ficha Técnica

  • Dirección: Shaka King
  • Guion: Shaka King, Will Berson
  • Género: Biopic
  • Duración: 126 minutos
  • Productores: Shaka King, Ryan Coogler, Charles D. King
  • Reparto: Daniel Kaluuya, Lakeith Stanfield, Jessee Plemons, Dominique Fishback, Ashton Sanders, Lil Rel Howery, Darell Britt-Gibson, Algee Smith, Dominique Thorne, Martin Sheen
  • Montaje: Kristan Sprague
  • Cinematografía: Sean Bobbitt
  • Música: Mark Isham, Craig Harris
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2020

 


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