Un lugar llamado dignidad de Matías Rojas se estrena en salas – Entrevista


Por Sandra M Ríos U
Twitter: @sandritamrios


“Para mí, la idea era generar preguntas y no plantear una “verdad” sobre los hechos”.

 

Después de participar en la competencia oficial del Tallinn Black Nights Film Festival a finales del año pasado, el segundo largometraje del director Matías Rojas se estrena en las salas de cine de Chile a partir del próximo 31 de marzo.

Un lugar llamado dignidad trae desde la ficción la historia de Paul Schäfer, un predicador luterano alemán que a inicios de los años sesenta fundó el asentamiento de Colonia Dignidad y que tras la fachada de una educación cristiana cometió una serie de acosos, abusos sexuales, torturas, secuestros y toda clase de violaciones a los derechos humanos, operando esta secta por más de cuatro décadas bajo la complicidad del Estado. 

La historia aterradora y singular de Matías Rojas se cuenta desde la perspectiva de un niño, las primeras víctimas de este enclave  acusado también de centro clandestino de detención y desaparición forzada. Es a través de su mirada inocente y una decisión de acentuar la puesta en escena para reflejar esa disociación con la realidad de las víctimas recluidas en este espacio, que se va evidenciando el accionar siniestro y manipulador de este personaje y con ellos la película busca más que una denuncia, la observación y la reflexión sobre los comportamientos humanos, sus límites éticos y morales, su actuar en comunidad y la revisión para no olvidar la historia.

En CineVista conversamos con Matías para que nos contara más de la intención y el proceso creativo de su nuevo largometraje que es una coproducción entre Chile, Francia, Alemania, Argentina y Colombia, este último a través de la compañía Séptima Films y el coproductor Jorge Botero (director de “Después de Norma“) y productor de “X500” y “La playa DC”).  

  • Para la audiencia por fuera de tu país, contextualicemos un poco sobre la historia de Colonia Dignidad, este lugar que en tiempos de dictadura se convirtió en epicentro de detenciones, torturas, abusos sistemáticos e impunidad.

En 1961, un grupo de alemanes viaja a Chile y funda en las cercanías de Parral -sur de Chile- la “Sociedad Benefactora y Educacional Dignidad” (más conocida como Colonia Dignidad), con la intención de prestar ayuda a los habitantes de aquella zona, la cual sufría de extrema pobreza, analfabetismo y las consecuencias catastróficas dejadas por el terremoto de 1960. Sin embargo, detrás de esa fachada de benevolencia y ayuda a la comunidad, se ocultaba un enclave de régimen sectario y hermético, controlado por su fundador y jerarca Paul Schäfer, donde se cometieron todos los crímenes imaginables: secuestros, abusos a menores, esclavitud, asesinatos y tortura durante la dictadura militar. Estas prácticas se perpetuaron por más de 40 años en completa impunidad.

Esta fachada de ayuda comunitaria se sostuvo principalmente a través del servicio gratuito que entregaba el hospital interno de Colonia Dignidad hacia ciudadanos chilenos, algo que provocó que muchos habitantes y autoridades de las zonas cercanas al enclave se acercaran buscando ayuda; la prensa de la época llegó a llamar a este lugar “el milagro alemán del sur de Chile”. Paul Schäfer construyó con el tiempo un nutrido círculo de protección conformado por amigos en los que figuraban importantes autoridades civiles, militares, políticas y empresariales. Personas que apoyaron y entregaron facultades que le permitieron permanecer a la cabeza de lo que se conformó como “un Estado dentro de un Estado”, y que permaneció funcionando posterior al regreso a la democracia en Chile en 1990.

  • Has comentado que desde adolescente desarrollaste una fascinación particular por las noticias que ahí se producían. ¿En qué momento decides que tu segundo largo contaría una historia ambientada en estos hechos y por dónde empiezas?

Desde niño tuve un interés específico por este lugar. Cuando tenía 12 años, fuimos con mi familia al restorán que Colonia Dignidad tenía abierto al público chileno. El lugar me llamó profundamente la atención y los rostros de algunas y algunos colonos que trabajaban ahí, me generaron gran impacto; evocaban profunda tristeza, resignación. Estas imágenes quedaron grabadas en mi memoria para siempre. Muchos años después, cuando comencé la investigación para escribir el guion de la película, me enteré de que muchos de aquellos colonos que estaban trabajando en aquel restorán en esos años, lo hacían bajo castigo, torturas y bajo el efecto de tranquilizantes que debían tomar día a día.

Pertenezco a una generación que creció con noticias e informaciones constantes sobre Colonia Dignidad, por ejemplo, el gran escándalo que hubo a fines de los años noventa con el escape de su líder, Paul Schäfer, hacia Argentina, el cual fue apoyado por políticos, militares y policías en una época post dictadura de supuesta democracia. Colonia dignidad es hasta el día de hoy un enigma en muchos sentidos y representa parte importante de nuestra historia reciente; un país que ocultó secretos bajo una “alfombra” de supuesto progreso. Actualmente, aún hay miembros de gobierno, políticos y civiles influyentes en diferentes esferas de poder en Chile, que formaron parte del “círculo de amigos de Colonia Dignidad” y que protegieron a Paul Schäfer directamente. Creo que reflexionar sobre este lugar, puede ayudar a generar una revisión necesaria -y urgente- de la historia reciente, no solo para mi país, sino también de otros países en los que se han permitido situaciones similares.

La idea de realizar una película inspirada en los hechos ocurridos en Colonia Dignidad nació incluso antes de realizar mi primera película, “Raíz”, sin embargo, sabía que iba a ser un largo y complejo camino; todo comenzó con la investigación, recopilar todo el material disponible, acercarme al lugar, a testimonios reales, etc., hasta que fui delineando el punto de vista de la película.

  • Hablemos de la voz de la película que es a través de los niños.

Para mí era primordial que la película estuviera, en mayor medida, narrada a través de los ojos de un niño chileno y así descubrir, junto con él, lo que ocurre al interior de este lugar. Pablo -el protagonista- es un visitante, alguien que ingresa a la Colonia en tiempos en que el enclave ha funcionado ya por más de 30 años, justo a fines de la dictadura cívico-militar en Chile, momento donde se realizaron muchas adopciones fraudulentas y verdaderos secuestros de niños en situación vulnerable por parte del enclave. Pablo es un niño inteligente, sin embargo, confía en Tío Paul, ya que se perfila como la imagen paterna que no ha tenido; alguien que le entrega atención. Es por esta razón que le toma tiempo comprender lo que está pasando a su alrededor; hay confusión, extrañeza y también dolor. Me interesaba mucho aquel cambio gradual de perspectiva por parte de Pablo, porque hace visible un viaje, un descubrimiento; elemento que tenía la intención de traspasar al espectador. Nunca tuve el objetivo de abarcar todos los hechos que ocurrieron en Colonia Dignidad, no me resultaba interesante, ni tampoco necesario para una película. Para mí, la idea era generar preguntas y no plantear una “verdad” sobre los hechos.

  • ¿Hablar de Colonia Dignidad hoy en día es fácil o aún es un tema que genera dificultades y recelos en tu país?

Es un tema que aún genera muchas preguntas. Si bien, hay más información periodística y también instancias reflexivas a través de las diferentes obras artísticas sobre Colonia Dignidad, sigue siendo un capítulo que no ha terminado; una cicatriz que no ha cerrado para muchas y muchos de los involucrados.

  • ¿Escoger la ficción y no el documental para este tema no te ha causado cierto conflicto?

Para mí la ficción es una herramienta que me da la posibilidad de acercarme al tema desde otro punto de vista; nunca fue el objetivo contar una cronología completa, testimonios directos o hacer un repaso estricto de los hechos. Es la elección de un punto de vista. Desde el inicio del proyecto y la escritura de guion, fue muy importante intentar una preocupación no solo argumental, sino también a nivel expresivo y sensorial vinculada a la historia íntima de los personajes. Es por esta razón, que las situaciones están construidas como si fueran una constante puesta en escena teatral, ya que, en la cotidianidad, los colonos vivían un mundo particular ante sus ojos, sin posibilidad de ver el exterior. Quería mostrar su existencia a través de fragmentos expresivos de su cotidianidad en este mundo cerrado y el nivel de control ejercido por parte de su líder, por ejemplo, la anulación de comportamientos humanos naturales a partir de un constante adoctrinamiento a partir del miedo, el castigo y la tortura. Muchas y muchos colonos nacidos al interior de este lugar, una vez que se convertían en adultos, no sabían nada sobre muchos temas, entre ellos, sexualidad. Me impactó mucho escuchar que el jerarca era una especie de director de orquesta, de teatro… construía verdaderas puestas en escenas para poder convencer o amenazar a las y los colonos. Esa perspectiva me pareció muy interesante como punto de partida en la construcción de un relato desde la ficción.

  • ¿Después de Tallin qué más viene para este largometraje? Las expectativas de estreno en Chile y Latinoamérica.

La película tuvo un proceso complejo de finalización debido a la pandemia, lo que retrasó todo nuestro cronograma inicial. Sin embargo, ahora ya estamos retomando el circuito. A principios de este año -posterior a Tallinn- estuvimos en el festival de cine de Gotemburgo y continuaremos presentando la película en otros festivales durante este semestre y el próximo. Sin embargo, el estreno en salas comerciales de Chile fue agendado para este marzo, específicamente el día 31. Estamos muy alegres por poder presentar la película en Chile, tenemos muchas ganas de escuchar la opinión del público.

  • ¿Qué reacciones que recuerdes especialmente tuviste de la película en Estonia?

Me llamó mucho la atención la reacción del público en el festival de cine de Tallinn en Estonia. Al finalizar la película, la mayoría del público permaneció en la sala y se generó una conversación muy interesante sobre la importancia de la revisión constante de la historia reciente de los países. “Las heridas que aún no cierran y cómo permanecen a través de cicatrices perpetuas, como probablemente le ocurrirá en la vida de los personajes si los imaginamos en el futuro…” me dijo una persona del público.

  • Hablemos del tono elegido para Colonia Dignidad que siento evita el tono de denuncia y más es una historia que apela al recuerdo de un caso aterrador.

Sí, en ningún caso quería realizar una película de denuncia. No me interesaba generar una narrativa vinculada expresamente a hacer visible la emoción a través de la victimización y la dualidad entre “el bien y el mal”; muchos colonos fueron víctimas y también victimarios, hay un gran espectro gris dentro de sus vidas; contradicción. Este fue un elemento clave en el trabajo formal estético y también de dirección en conjunto con actrices y actores: una perspectiva ligada a esa contradicción; el vacío, la frialdad, la distancia y también una inocencia perpetua. Estoy muy contento con el resultado del trabajo de actrices y actores, porque lograron dar vida a una perspectiva basada en expresar a través de los elementos de la ficción una sensación específica sobre este lugar.

  • ¿Con quién trabajaste la dirección de fotografía, la película es visualmente muy atractiva, tiene unas composiciones bellas y arrebatadoras? El color también está muy bien.

La dirección de fotografía fue realizada por Benjamín Echazarreta. Desde un principio nos adentramos en la construcción de una puesta en escena que hiciera visible aquella intención de “puesta en escena constante” en el mundo de Colonia Dignidad. La cámara, la iluminación y la óptica están enfocadas en expresar un mundo ordenado compulsivamente en el que cualquier movimiento era observado. Evitamos caer en el desglose constante de planos, para así potenciar esa pulcritud asfixiante. Fue un trabajo conjunto constante entre Benjamín y la directora de arte Laura Caligiuri.

  • Además de “Nuestra memoria”, tu próximo largo, ya estás también, entiendo, desarrollando otros proyectos. Detallemos un poco de ambos.

Así es, en estos momentos estoy en la fase de montaje de “Nuestra memoria”, un largometraje que se rodó durante el 2021, y que mezcla ficción y documental a través de dos historias distintas, que se unen a través de un tema central: la memoria. Esta película nació a partir de la investigación de “Un lugar llamado dignidad” y está relacionada con el tema memoria desde un punto de vista íntimo y también social. Es producida por los productores chilenos Clara Larraín y Tomás Gerlach, y tenemos la intención de estrenar el segundo semestre de este año. En paralelo, me encuentro escribiendo el guion de mi próximo largometraje titulado “El bosque arderá”, producida también por Clara Larraín.

Crédito foto en rodaje: Andrés Cárdenas. 

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