Entrevista a Miguel Salazar director de Ciro y Yo


Por Sandra M Rios U
Twitter: @sandritamrios


Ciro y Yo es un documental de Miguel Salazar (codirector de La Toma y Carta a una sombra) que cuenta la historia de un solo colombiano capaz de reflejar muy bien la historia entera del país. La violencia se ensañó con él y su familia y es a través de su golpeada vida que podemos conocer los actores del conflicto armado, cómo operan y como todos se convierten en una maraña difícil de deshilar entre víctimas y victimarios.

Es un largometraje que nos lleva también a recorrer una parte del país, las ciudades y la belleza de sus tierras tan desaprovechadas por causa de lo mismo. Es una película emotiva y también esperanzadora.


El personaje de este documental, Ciro Galindo, nació en Tolima en 1952, viéndose obligado con su madre a refugiarse en los Llanos Orientales por las crudas batallas entre Liberales y Conservadores, luego fue abandonado en un orfanato cuando solo tenía 9 años. Después de mucho luchar conoció en Guaviare a su esposa Anita, una indígena tukano con la que tuvo tres hijos (John, Elkin y Esneider), pero el conflicto volvió a tocarle y asumir un camino lleno de desplazamientos por cuenta de la guerrilla, los paramilitares y el propio ejército.

Con el proceso de paz con las FARC, su historia sirve ahora para representar un periodo y reflexionar, pero también para revisarlo con cierta distancia y una emocionalidad reposada. Hablamos con Miguel Salazar, quién conoció a Ciro porque su hijo le sirvió de guía cuando pretendía a finales de los noventa fotografiar Caño Cristales. Su hijo adolescente fallece frente al director tras sumergirse en el río. Darle la noticia a su padre los unió para siempre. Por tiempos desconocían el paradero el uno del otro, pero el destino se encargaba de reunirlos nuevamente hasta que llegó el momento, por los afanes del misma violencia, de contar en un documental su increíble historia.

  • Hablemos de dos cosas: la forma como se logró que la película representara todo el prisma que compone el tema del conflicto armado en Colombia y su tono con una postura claramente neutral.

Yo creo que el caso de Ciro es muy ejemplar y emblemático pues todos los grupos le hicieron daño; la guerrilla, el ejército, los paras y el Estado. Entonces digamos que esta película buscaba explorar los grises. A mí no me gusta el cine militante, el partidista. Eso es algo que se ha he hecho con las guerras, cuando se hace propaganda. Yo quería hacer todo lo contrario; explorar la complejidad de un asunto como éste. Sobre el tema del tono, yo creo que en este país hace falta escuchar a aquellos que han sido silenciados. Yo entendí muy pronto en el proceso que la película se llama Ciro y Yo pero no era mi viaje, sino la historia de él y darle voz. Entonces el primer trabajo era reconstruir su relato.

  • Has mencionado mucho que una tarea primordial del proceso fue la reconstrucción de la narrativa. ¿Cómo es eso?

Sí. Yo aprendí de esto en Sudáfrica cuando hice “La Toma”, editándola. Leí mucho sobre la comisión de la verdad y la reconciliación y la poetisa Antjie Krog. En Sudáfrica la comisión de la verdad tenía un espacio público que era los domingos y se transmitía por televisión. Era como ver “Café” acá. Realmente todo el país se sintonizaba. La poetisa narraba el caso de una mujer que se aproximaba a narrar su historia y se derrumbaba porque comenzaba a llorar y literalmente no podía porque sus recuerdos como que la abrumaban. Entonces ella hablaba que el terror destruye el relato, la imposibilidad de contar la historia los devuelve como a una etapa de prelenguaje, a una etapa donde ni siquiera se puede llamar las cosas por su nombre. Hablando con Ciro, recordamos que eso pasó. Al principio cuando él comenzaba a contar la historia, se derrumbaba, entonces parte del rol mío fue poder permitir que Ciro contara toda su historia con un principio, una mitad y un final. Es como asistir al nacimiento del lenguaje, cuando una persona puede ya contar su historia.

  • Y en este caso se cuenta esta historia con un alto nivel de honestidad, pero a la vez sin emocionalidad exacerbada, porque los hechos ya la contienen.

Acá hay una corriente que dice que la víctima que vuelve a contar su historia está siendo revictimizada, pero a mí me parece todo lo contrario, que lo que pretenden con eso es silenciarla. Me parece que la película muestra eso, que Ciro es un personaje que puede ya contar su historia, se puede sobreponer y la puede llevar consigo, lo que de alguna manera lo empodera, entonces lo primero que hicimos fue escucharlo, hacerle una entrevista que fue nuestra columna vertebral.

  • ¿Cómo fue esa entrevista?

Fue muy dura, duró como dos días, y en la que todos lloramos. Fue un acto colectivo de limpieza, de sanación, de escuchar. Esa entrevista fue catártica y así creo que es para el espectador. Esa entrevista es vital porque ahí Ciro contó su historia por primera vez. Asistimos al renacimiento del lenguaje del que te hablé. Él nos la contó toda completa, desde que nació. Su historia es muy dura, fue abandonado desde niño, regalado, y desde los 10 años se rebuscó la vida solo. Hay varias historias de su vida verdaderamente desgarradoras que no salen en el documental, pero fue capaz de contarlas con cierta distancia. Cuando llegó a la historia de su hijo, se quebró, pero esa entrevista fue un momento de verdad y que no se va a volver a repetir. Cuando estructuré el proyecto intenté que me narrara el reclutamiento de su hijo en La Macarena. Lo intentamos de verdad, pero no funcionó, porque al estar allá le dio físico miedo. Entonces ahí ya hablamos de querer acompañarlo en la reclamación de su vivienda y de regresar a Caño Cristales. Quise seguir una clara línea de tiempo: el presente de Ciro, su lucha por ser reparado y el proceso de contar su pasado.

  • La película tiene varios tipos de materiales. ¿Cómo fue la reconstrucción?

Para mí hay como varios niveles del archivo que se utilizó acá. Primero, yo fui recopilando un archivo personal bastante particular, por azar, porque nunca fue planeado. Fue la vida misma y mi trabajo como fotógrafo y como cineasta que me llevaron a documentar pedazos de la vida de Ciro. Desde el año 96 tengo fotos de él y su familia, del entierro de John, que al día de hoy no sé por qué las tomé, pero creo que fue un poco por tomar distancia. Después me reencontré con Ciro, ocho años después, en 2004, y ahí me contó que su hijo había sido asesinado. La historia me impresionó tanto que yo grabé esa entrevista en audio, en casete, con él y su esposa, con Anita, y que también fue fundamental para la película. Después hice un pequeño video, que grabé con una cámara pequeña que me prestaron, cuando bajamos a Villavicencio a ponerle una lápida a Elkin y a recoger el certificado de defunción, porque ellos ni siquiera habían podido hacer eso tras huir para salvar sus vidas.

Su historia siempre me impresionó y siempre estuve buscando noticias sobre el tema, sobre el reclutamiento infantil. También Ciro me compartió mucho del archivo que él tiene; fotos familiares y el archivo judicial, porque fue una persona que nunca dejó de golpear las puertas y logró poner una demanda contra el Estado y en los documentos de ese caso había mucho de la historia y del cómo reconstruir la historia de Memín, de Elkin. El otro material salió de Luis Fernando Castro que tenía fotos y quien aparece en la película. Ya después lo que hice fue involucrar su historia dentro de la historia de Colombia y el conflicto. Eso sí fue un proceso de investigación largo y muy, muy exhaustivo. Me apoyé en materiales de noticieros. Con todo esto yo siempre digo que esta es una película análoga, porque se hizo con diapositivas, casetes de cinta, e incluso se le dio un tratamiento respetando esa idea de ser como una película análoga.

  • ¿Cómo manejó Ciro el hecho de aceptar  hacer la película y confiar con tanta situación de su vida donde no salió tan bien compensado?

Yo le perdí el rastro a Ciro entre 2007 o 2008 y me reencontré con él en 2012. Fue a través de Luis Fernando Castro que nos reencontramos. Fue él quien me dijo que nos viéramos con Ciro. Ahí me entero que está desplazado en Bogotá y que está viviendo con su otro hijo Esneider, que su esposa había muerto unos años atrás y su situación era precaria y difícil anímicamente. Ahí es cuando Luis Fernando lanza la idea que yo contara la historia de Ciro y sus hijos que es tan dura. En realidad, este era un tema que yo había intentado trabajar de alguna manera. Siempre había querido trabajar la historia de Memín, un niño que se fue a la guerra, pero nunca había sido capaz de escribir el guion. Lo intenté varias veces pero no había podido.

  • ¿Por qué? ¿Por tiempo o por esa cercanía que sentías?

Un poco por la cercanía y por no conocer la experiencia, por no ser un niño soldado. El cine habla de la experiencia, de lo que uno conoce, de lo que uno ha vivido y viviendo en la ciudad no me daba esa experiencia real. Tampoco había encontrado la persona que me lo contara. Yo había hecho talleres, había tocado las puertas del ICBF, pero no había logrado acceso a esa experiencia real. Lo que había igualmente me parecía artificioso. Vi dos películas latinoamericanas abordando estos temas y no me gustaron. Todo se dio. Se había anunciado el inicio del proceso de paz, había arrancado la Ley de Víctimas, entonces pensé que era el momento de documentar esa historia, el presente de Ciro y la historia de la guerra en el país, sobre todo porque me parecía que el tema había sido tan maquillado algunas veces. Me gustaba el hecho que se contaba a través de una persona común y corriente, además también sentí que era una forma de ayudarle a Ciro con lo que yo sé hacer que es hacer una película. Se lo expresé así a Ciro y yo creo que confió en mí porque finalmente no teníamos máscaras. Después de haber enterrado a los hijos, de una experiencia como la que vivimos, uno ya no tiene armaduras.

  • ¿En qué momento aparece el título?

Te soy sincero. Ciro y Yo surgió desde el primer día que escribí el proyecto, un poco por accidente y pensando en que sería un título provisional. Yo la escribí en una sentada, con el propósito de presentarme en el Fondo de Cine. En un día escribí la estructura del documental, partiendo de cómo yo la había vivido. Ahí me di cuenta que en realidad era Ciro y Yo, aunque sin duda es un robo de “Roger & Me” de Michael Moore, y así no salga como Moore en su película, quería que se sintiera que yo estaba ahí presente, diciendo algo, así lo haya hecho como invisiblemente. En otro momento se llamó “Ciro y Yo ante la ley”, un poco por el cuento de Kafka. También pensé en otro título inspirado en la “Vida y Época de Michael K” de Coetzee, pero definitivamente se quedó “Ciro y Yo” porque funcionaba ese “yo”, pues llega el punto en que se convierte en el espectador.



  • ¿Qué lamentas ahora que no haya salido en la película?

Me habría gustado haber contado más de la vida de Ciro, pero la idea era también que se pudiera ver y no que durara seis horas. Me habría gustado una historia que hicimos en La Macarena y que era otro final, cuando encontramos la tumba de John en el cementerio con las fotos que yo había tomado en el 96. Desde entonces nadie la había vuelto a tocar y la tumba realmente no se veía. Hallarla nos tomó una hora y fue a través de una de esas fotos que lo logramos. Ciro encontró una madera donde había escrito el nombre de su hijo, limpiamos ese punto. Fue como una experiencia sanadora para todos.

Te he escuchado decir que el documental es el mejor recurso para hablar de estos conflictos. ¿La ficción limita en estos casos?

Lógicamente creo que los retos están ahí puestos para que todo el mundo pueda superarlos, pero creo que las experiencias de ficción sobre el conflicto reciente no han sido buenas. Pueden estar muy bien hechas, pero no sé, siento que no está la distancia y no se conectan con el público. No veo a nadie haciendo Tarantino con el conflicto colombiano. Yo creo que el documental está contando historias reales, de gente común y corriente, pero que hace cosas extraordinarias. Creo que además es el recurso que permite el uso de evidencias, de documentos, de pruebas que hacen que la película tenga fuerza. Ver al hijo de Ciro como informante es algo muy fuerte, es algo que te derrumba. Por supuesto, un buen guionista haría maravillas con eso. Con una entrevista comienza “Taxi Driver”, por ejemplo. 

  • Y a la hora del balance,  ¿como resultó esta experiencia al final?

Al final creo que fue liberadora y sanadora. Fue un poco también un proceso de acompañarlo en su ejercicio de ver qué pasaba con las instituciones y ver si de verdad le iban a cumplir. Recuerdo cuando fuimos a la Unidad de la Ley de Víctimas que al llegar me dijo que no quería entrar. Yo le pregunté el porqué y su respuesta fue que siempre le negaban las cosas. No lo presioné y le dije que si quería no entráramos, pero sí le expresé que quería creer que ahora había un cambio y había, quizá, disposición para cumplir, que lo intentáramos. Ese fue el único momento en que Ciro dudó y de ahí en adelante fue una experiencia de acompañarlo en la lucha.

  • Ciro y Yo es una película que te golpea y conmueve hasta las lágrimas, es dura pero tiene un final esperanzador. ¿Quiso dejar esa buena sensación?

Es que hay que tener esperanza y el cine tiene que tener esperanza como la vida. Eso aprende uno. Siento que hay muchas historias negras y que tienen mal final.

  • Me complace que la película se exhiba en salas, pero siento que debe encontrar también un espacio en la televisión pública y que pueda llegar a todos los rincones del país. ¿Lo han pensado?

Ojalá llegue a la televisión, que la considero como parte del proceso de mostrar esto. Mi meta final es que llegue a los colegios y a las universidades. Ahí ya hay una especie de alianza con varias organizaciones que trabajan alrededor de estos temas y la idea sí es poderla compartir a nivel educativo. La idea es que se vea. Esto no se hizo para hacer taquilla, sino para que se pueda dialogar de estos temas y sobre todo poder llegarle a muchos jóvenes, que pueda servir para que la historia cambie y que no se lleven más muchachos a la guerra.




 


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