Con homenaje al “Otro Cine Colombiano”, el Festival de Cine de Jardín celebra 10 años


Por Sandra M Ríos U
X: @sandritamrios


Con homenaje al “Otro Cine Colombiano”, el Festival de Cine de Jardín celebra 10 años | El 25 de septiembre inicia el evento que rendirá tributo especial a la generación de nuevos talentos que han creado cine local en las últimas dos décadas.

El Festival de Cine de Jardín, como parte de la Corporación Antioquia Audiovisual, nació para contribuir al desarrollo de la cultura y el audiovisual del departamento y ser parte de la difusión de las actividades en torno al sector en el país.

El festival se fundó en vísperas del Acuerdo de Paz firmado con la guerrilla de las FARC en 2016, un año crucial para el país que llenaba de esperanza y expectativas a los ciudadanos respecto a un nuevo rumbo de pacificación, verdad y reconciliación. Por eso, desde su primera edición han guiado cada evento a través de ejes temáticos que partieron de ese mismo sentir y de los retos de la agenda nacional que, por supuesto, nunca ha sido ajena al cine mismo.

De esos primeros pasos y la elección de los ejes temáticos, Víctor Gaviria, su director general y cofundador, recordó a CineVista parte de la historia de este evento: “Estamos felices porque llegamos orgullosamente a los 10 años de un festival que comenzamos en 2016 y del que hemos tenido unos ejes temáticos muy coyunturales, muy acordes con la agenda que se desprende de los Acuerdos de Paz y que nos pareció a todos que era una agenda importante, que han tratado sobre unos temas esenciales como el del perdón, que fue el de la primera edición bajo el lema de ‘Posconflicto. Solo se perdona lo imperdonable’”.

Durante estos diez años, otros de los agentes activos de esta etapa de la realidad colombiana que han hecho parte de su eje han sido el ciudadano, los campesinos, la tierra, el patrimonio y la interpretación de la democracia. “Sí, vinieron luego otros temas como el de los nuevos territorios desprendidos, liberados de la guerra, siempre bajo la idea de que estamos en guerra, pero comienza una nueva era en democracia. Por eso, también tratamos la revolución de la libertad sexual, que nos dio para un festival queer. A lo largo de estas ediciones, hemos elegido temas complejos como el narcotráfico y la corrupción, así como otros filosóficos, pero muy concretos, como el de la modernidad líquida que tratamos el año pasado”.

El otro cine colombiano

En 103 años del cine colombiano y casi dos décadas de inactividad –con “el gran silencio”, como nombró el crítico, ensayista y teórico Luis Alberto Álvarez (1945-1996) a la etapa de vacío cinematográfico entre los años cuarenta y sesenta–, ya es posible identificar marcadamente tendencias, narrativas, motivaciones, intereses y, sobre todo, lo que se deja ver como nuevas búsquedas y miradas desde lo formal, lo estético y narrativo para hablar de nuestras realidades y cotidianidades.

En las cuatro etapas en las que, a groso modo, se puede dividir la historia del cine colombiano: la inicial (antes de los años 40), la del gran silencio (de mediados de los 40 a finales de los 60), la de FOCINE (de inicios de los 70 a inicios de los 90) y la de la Ley de Cine hasta el presente, se ha pasado de la experimentación, las producciones esporádicas, la falta de apoyo estatal, la ausencia de profesionalización, los registros costumbristas e históricos, las historias románticas y hasta la censura, al predominio del cine narrativo, unas políticas públicas de apoyo al cine claras y efectivas, los enfoques en desigualdad, marginalidad y crítica social, a una producción audiovisual constante, con calidad técnica y diversidad de géneros, participación en festivales internacionales y premios hitos para el país.

Con el crecimiento exponencial de películas y la proliferación de talentos con ganas decididas de mirar más hacia su interior o integrar la realidad del país desde enfoques poco vistos hasta ahora, el festival propone en esta edición definir a ese nuevo cine nacional. “Para estos 10 años queremos hacerle un homenaje al cine colombiano. A nosotros nos parece que el cine colombiano es el sustrato, la piedra, el sostenimiento de una centena de festivales regionales que se alimentan fundamentalmente de esa cantidad de películas que se están haciendo en Colombia desde 2013. A ese cine de 2013 en adelante es al que le hacemos un homenaje especial y lo llamamos ‘el otro cine colombiano’, y lo tratamos de definir porque ese otro cine colombiano marca un cambio de conceptos y de paradigmas respecto al cine nacional de los años ochenta y noventa, donde están los directores de vieja guardia como Sergio Cabrera, Jorge Alí Triana, Felipe Aljure, mi persona, y tantos otros que hicimos un cine que de alguna manera nos motivó y creó muchas vocaciones”, explica Víctor.

La revisión de este otro cine colombiano tiene incluido en su programación la exhibición de lo que Gaviria llama una trilogía de películas caleñas que, según el festival, representan un “punto de cambio muy concreto” en la cinematografía colombiana. Se refiere a El vuelco del cangrejo de Óscar Ruiz Navia, La sirga de William Vega y La tierra y la sombra de César Augusto Acevedo. Así como lo comenta el director de La vendedora de rosas, estos tres largometrajes comparten varias características que reflejan una corriente renovadora en el cine nacional, especialmente dentro del llamado cine de autor.

La mujer en el otro cine colombiano

El papel de la mujer en el otro cine colombiano también hará parte del festival con la exhibición de títulos como La piel en primavera y conversaciones sobre las nuevas representaciones de la mujer y las nuevas miradas con la participación de las directoras Libia Stella Gómez y Yennifer Uribe.

Los espectros y fantasmas

El festival tiene un lema en su eje temático de 2025 sobre los “espectros como reclamos de justicia” que funciona para describir bien parte de las nuevas tendencias narrativas del cine nacional. Gaviria explica: “Vamos a tener igualmente una nutrida agenda académica, en donde se va a hablar de ese paso de la narrativa clásica a la moderna, del documental de autor referencial y de un tipo de realismo que ha irrumpido también en el cine, que es el realismo espectral del que se está escribiendo mucho últimamente y es un realismo que mete un elemento que pareciera del realismo mágico, pero que no tiene esa nostalgia, sino que tiene la presencia de una cantidad de personajes que están, digamos, conviviendo con la realidad, con la vida cotidiana, pero no como personas normales, sino como espectros, como fantasmas, y que están enmarcados en una especie de reclamo de justicia”. Entre las charlas respecto a esta interesante tendencia habrá una titulada “Cine Colombiano: entre la magia, el mito y el ritual”, a cargo del crítico de cine Pedro Adrián Zuluaga y se presentará un largometraje distintivo de este concepto, Anhell 69 de Theo Montoya.

La selección de películas cuenta con títulos de este año como Forense de Federico Atehortúa, un documental ensayo que, a juicio de Víctor, sirve de ejemplo de esos nuevos temas, preocupaciones y obsesiones del cine colombiano. También se presentará Andariega, que retrata la vida de Chena, una madre soltera de 26 años que recorre cientos de kilómetros cada año para trabajar como recolectora de café. Y antes de que llegue a cartelera nacional, los asistentes podrán adelantarse con la exhibición de la última película de César Augusto Acevedo, Horizonte, estrenada este año en el Festival de Cine de Toronto, que ha sido descrita por el propio director como una “odisea fantasmal” y una experiencia visual para disfrutar casi que exclusivamente en pantalla grande.

Extendiendo la invitación para asistir al festival, que finalizará el 28 de septiembre con la premiación de la competencia nacional de cortometrajes Caleidoscopio, Víctor Gaviria recomienda también  las funciones de algunos clásicos como El río de las tumbas, Cóndores no entierran todos los días y La primera noche, pues son obras que “tienen un conflicto claro y un encadenamiento de secuencias por la acción” que vale la pena volver a revisar. De esta sección igualmente se destaca el lanzamiento de la versión recién restaurada de Cada voz lleva su angustia, película documental de 1965, dirigida por Julio Bracho, y que es la primera producción nacional admitida en el Festival de Cine de Berlín.

La programación completa se puede revisar aquí.

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