Mar 4 2025 17:54
Pablo Larraín regresa al FICCI a recibir tributo
| Por Sandra M Ríos U | |
| X: @sandritamrios |
Pablo Larraín regresa al FICCI a recibir tributo. | El cineasta chileno vuelve al Festival de Cine de Cartagena, 18 años después, tras destacarse por su estilo único y una filmografía con focos en política, memoria e identidad, consolidándose como una voz clave del cine latinoamericano contemporáneo.
El Festival Internacional de Cine de Cartagena, FICCI, ha tenido en cuenta al cineasta Pablo Larraín desde los inicios de su carrera, bien sea incluyendo sus películas en la competencia de Cine Latinoamericano (Fuga, Tony Manero, Post Mortem, El Club, No) o en la sección de galas o exhibiciones especiales (Neruda, Spencer, Jackie), una vez su carrera tomó vuelo y se internacionalizó.
Larraín es uno de los referentes de la región que, incluso habiendo llegado a Hollywood, ha podido conservar su estatus de autor, con un estilo plenamente reconocible.
Nacido el 19 de agosto de 1976, el FICCI había hecho intentos para que el cineasta regresara al festival más antiguo de Latinoamérica, pero no había sido posible, pues ha tenido una carrera imparable, conectada al cine de Hollywood y el desarrollo de varios biopics de personajes femeninos: Lady Di en Spencer, Jacqueline Kennedy en Jackie y, más recientemente, María Callas en María.
Su carrera prolífica tiene un estilo distintivo que lo ha llevado a consolidarse como una de las voces más importantes del cine latinoamericano contemporáneo, destacándose como director, guionista y productor. Su obra se ha caracterizado por abordar temas incómodos y polémicos como la historia política de Chile, la memoria colectiva, la identidad y el poder, a menudo explorados a través de personajes reconocidos, enigmáticos y complejos.
“El cineasta chileno Pablo Larraín ha construido una filmografía que disecciona los momentos clave de la historia reciente de Chile y el mundo, abordando el poder, la memoria y la política a partir del enlace afectivo de sus protagonistas, creando un lenguaje cinematográfico y una estética visual inconfundible. Desde obras como No (2012), que exploró el plebiscito que marcó el fin de la dictadura de Pinochet, hasta sus retratos de figuras icónicas como Jackie (2016) y Spencer (2021), Larraín ha sido reconocido internacionalmente como uno de los directores más innovadores del panorama actual”, ha citado el FICCI, que la mañana de hoy dio a conocer la programación de su edición 64 desde la Cinemateca de Bogotá. El evento se llevará a cabo del 1 al 6 de abril.

Larraín proviene de una familia influyente en la política y la élite chilena. Es hijo de Hernán Larraín, un político destacado conservador, exsenador y expresidente de la Unión Demócrata Independiente (UDI), partido de derecha que apoyó el legado de Augusto Pinochet, y de Magdalena Matte, exministra de Vivienda y Urbanismo durante el primer gobierno de Sebastián Piñera. A pesar de su conexión con este entorno derechista, Larraín ha desarrollado una filmografía que critica abiertamente las secuelas de la dictadura militar en Chile, dejando clara su postura antipinochetista.
Pablo Larraín es artista de profesión. Se formó en la Universidad de Artes, Ciencias y Comunicación (UNIACC) en Santiago, donde estudió Comunicación Audiovisual, lo que le proporcionó herramientas técnicas y creativas para incursionar en el mundo del cine. Tres años antes de estrenar su ópera prima y dado su interés por el arte cinematográfico, fundó junto a su hermano Juan de Dios Larraín la productora Fábula en 2003.
Esta compañía se ha convertido en un pilar fundamental de su carrera, permitiéndole desarrollar proyectos tanto de cine, como de televisión y publicidad, y apoyando también a otros directores emergentes y de propuestas únicas en su momento como Sebastián Lelio, que ganó bajo esta casa el Oscar a Mejor Película Internacional por Una mujer fantástica; Maite Alberdi, dos veces nominada al Oscar por sus documentales La memoria infinita y El agente topo; y Gaspar Antillo (Nadie sabe que estoy aquí).

Fuga, su primer largometraje, se estrenó internacionalmente en el 46º Festival Internacional de Cine de Cartagena, que se realizó en febrero de 2006. La película narra la historia de un músico obsesionado cuya vida se desmorona. Le sucedería una especie de trilogía dedicada a los efectos de la dictadura de Pinochet y las consecuencias en la memoria colectiva chilena: Tony Manero (2008) –la más destacada indiscutiblemente de esta etapa–, Post Mortem (2010) y No (2012). Los tres largometrajes comparten una atmósfera opresiva y un enfoque en unos personajes que se encuentran atrapados por las circunstancias históricas.
Luego, vendría un cambio temático con El Club (2015), sombrío drama basado en un grupo de sacerdotes pedófilos que son exiliados por la Iglesia católica en un pueblo lejano en las costas de Chile. Con ella, Larraín obtuvo el Oso de Plata al Gran Premio del Jurado del Festival de Cine de Berlín y también alcanzó una nominación en los Globos de Oro. (Te interesaría leer también: Pablo Larraín, una bola de fuego en el cine latinoamericano – Memoria, dictadura y posdictadura).
En 2016 arrancaría con los biopics, diseccionando la vida de figuras históricas poderosas y visibles, desde visiones poco convencionales y con estéticas cuidadas, en la que además se atreve a romper los límites entre la realidad y la ficción, empujando así nuevas narrativas para este género, en algo que él ha denominado “retratos imaginarios”. El punto de partida fue Neruda, que le abrió las puertas de Hollywood, con una historia que se centró en la persecución del poeta durante el gobierno de Gabriel González Videla y contando con el mexicano Gael García Bernal en su reparto. Por otra parte parte Jackie, que representó su incursión en idioma inglés y alcanzó varias nominaciones, entre ellas los Oscars, los SAG y los Globos de Oro, con una interpretación muy destacada de Natalie Portman, en la piel de Jacqueline Kennedy, en los días posteriores al asesinato de John F. Kennedy.

Larraín ha creado un matrimonio único entre actriz y personaje que ha llevado a sus protagonistas a elevar sus carreras. Tras Portman, vendría Kristen Stewart con Spencer y, más recientemente, Angelina Jolie, quien llevaba tres años sin actuar para cine y mucho menos involucrarse en un proyecto intenso y personal como María, inspirado en la vida de la cantante soprano María Callas.
El cineasta chileno ha intercalado las producciones con Hollywood con proyectos más personales como Ema (2019), sobre una bailarina (Mariana Di Girolamo) que navega las consecuencias de una adopción fallida, utilizando la danza y colores vibrantes para hablar de libertad y deseo, y retomó la política con la sátira El Conde (2023), en la que imaginó a Pinochet como un vampiro.
Pablo Larraín no ha escapado de la crítica en su país ante sus posturas sobre las estructuras de poder y las cicatrices sociales que la dictadura ha dejado en la sociedad, pero no se le podrá negar jamás lo auténtico que resulta, lo provocador y estimulante, su rechazo a los convencionalismos, asimismo la búsqueda de una narrativa que privilegia lo emocional sobre lo factual y la exaltación de las contradicciones y ambigüedades de sus personajes.

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