May 16 2026 15:56
El Ser Querido: El audaz experimento de Sorogoyen en Cannes
El Ser Querido: El audaz experimento de Sorogoyen en Cannes. | En un año histórico para el cine español en el Festival de Cannes, Rodrigo Sorogoyen presenta “El Ser Querido”, una obra de raíces experimentales donde Javier Bardem y Victoria Luengo se enfrentan a un duelo actoral rodado bajo condiciones de realismo extremo, explorando las grietas de una relación padre-hija marcada por el abandono y el complejo mundo del cine, generando una enorme expectación.
A Rodrigo Sorogoyen le ha tocado el turno este sábado 16 de mayo de competir por la Palma de Oro en Cannes 2026, con una propuesta cinematográfica que, según cuenta la producción misma y las declaraciones del director, promete ser un ejercicio de riesgo y autenticidad.
Con Javier Bardem y Victoria Luengo en la cabeza del reparto, la película se adentra en el complejo reencuentro de un director de cine y su hija, utilizando el set de rodaje como un escenario donde las heridas del pasado buscan, quizás, una forma de sanación. Un proyecto que, desde su concepción, se anuncia como un desafío a las convenciones narrativas y técnicas.

En un reciente conversatorio en el Festival Internacional de Cine de Cartagena (FICCI), Rodrigo Sorogoyen, con esa franqueza que lo caracteriza, compartió su visión sobre el cine, distanciándose de la etiqueta de “cine de autor” para abrazar la idea de una creación colectiva. Esta filosofía, que entiende el cine como una maquinaria coral donde cada sensibilidad suma, parece ser el motor detrás de El Ser Querido. Los detalles que emergen de su producción sugieren que Sorogoyen ha decidido llevar al límite esa búsqueda de la verdad, arriesgándose en cada decisión creativa.
La trama de El Ser Querido nos introduce a Esteban Martínez, interpretado por un Javier Bardem quien, según las primeras reacciones, podría entregar una de sus actuaciones más intensas de su carrera. Esteban es un director de cine de renombre, cuya trayectoria está tan marcada por sus éxitos como por una vida personal de excesos. En un giro que entrelaza lo profesional con lo íntimo, ofrece a su hija Emilia (Victoria Luengo) un papel en su nueva película. Emilia, una actriz cuya carrera se encuentra en un punto de estancamiento, acepta la propuesta. El rodaje de esta película bélica, ambientada en el Sahara colonial de 1931, se convierte en el telón de fondo para un reencuentro que, tras trece años de distancia, promete desenterrar viejas heridas y confrontaciones.
Lo que distingue a El Ser Querido y genera una enorme expectación es su naturaleza experimental, un rasgo que Sorogoyen ha enfatizado en sus declaraciones. El director se propuso explorar cómo narrar la historia de personajes que, a su vez, son contadores de historias. Para ello, se ha desmarcado de los cánones tradicionales, optando por una diversidad de formatos y texturas visuales: la película alterna entre blanco y negro y color, y se ha rodado en celuloide de 65mm, 35mm, 16mm, e incluso en Mini DV.

El punto culminante de este audaz experimento, y lo que sin duda será uno de los aspectos más comentados en Cannes, es la concepción de una escena clave en un restaurante. Este segmento, que abarca diez páginas del guion y se traduce en veinte minutos de metraje, fue abordado por Sorogoyen con una metodología radical. Según lo cuenta la producción, Javier Bardem y Victoria Luengo no tuvieron contacto previo, no ensayaron juntos y no discutieron sus personajes hasta el momento en que la cámara comenzó a rodar. La intención era capturar una autenticidad cruda, el nerviosismo genuino y la tensión palpable que surgiría de un reencuentro tan cargado emocionalmente.
La secuencia se filmó en una única toma, sin la presencia visible de equipo técnico, permitiendo a los actores sumergirse por completo en la experiencia. El resultado, anticipado por el propio director, es un retrato de honestidad que se manifiesta en los silencios, las miradas y las dudas de dos personas que intentan reconectar. Victoria Luengo, quien ya ha demostrado su capacidad para encarnar personajes complejos en trabajos anteriores con Sorogoyen, como en Antidisturbios, se perfila para ofrecer una actuación que subraya la vulnerabilidad consciente de Emilia. Su personaje no se presenta como una víctima, sino como una mujer que busca su lugar y su voz en un entorno que históricamente la ha relegado.

La colaboración con Isabel Peña, co-guionista habitual de Sorogoyen, ha sido fundamental para construir una narrativa que evita los clichés y las simplificaciones. El Ser Querido se adentra en un terreno moralmente ambiguo, donde no hay figuras completamente “buenas” o “malas”. Esteban, el director, representa una figura de autoridad de otra época, cuya concepción del éxito pudo haber justificado el abandono. La película lo confronta con una nueva realidad, donde las mujeres en su equipo de producción, incluida su hija, desafían las dinámicas de poder establecidas.
La presencia de El Ser Querido en la Competición Oficial de Cannes se suma al gran año del cine español en este evento cinematográfico. Esta edición marca un momento histórico con tres producciones españolas compitiendo por la Palma de Oro, un “triplete” que comparte con Pedro Almodóvar (Amarga Navidad) y Los Javis, Javier Calvo y Javier Ambrossi (La bola negra). Con un presupuesto de 6.5 millones de euros y el respaldo de Goodfellas y Movistar Plus+, El Ser Querido se posiciona como una de las propuestas sólidas y esperadas del festival, especialmente tras su cercanía temática con la también ganadora Sentimental Value.
@sandracinevista Rodrigo Sorogoyen estrenará en Cannes 2026 la misma película de Joachim Trier (Sentimental Value). Dos autores distintos, dos miradas distintas, dos carreras consolidadas e increiblemente crearon una historia idéntica. Así compartió esta coincidencia el director español en el FICCI 65, el hecho de descubrir que su nueva película “El ser querido” tenía una hermana gemela. @FICCI Festival @CineVista #rodrigosorogoyen #sentimentalvalue #elserquerido #cannes2026 #javierbardem ♬ sonido original – Sandra Ríos/CineVista
El enfoque narrativo, que sitúa a un director y su hija actriz en el centro de un drama personal y profesional, inevitablemente nos trae a la memoria la aclamada obra de Joachim Trier, ganadora del Oscar y un hito en Cannes. Al igual que en la obra de Trier, El Ser Querido explora las dinámicas de poder, la creatividad y las complejidades de las relaciones familiares dentro del exigente mundo del cine.
Tras esta primera exhibición recibida con gran aceptación y una ovación de 7 minutos, sin duda crecerá el entusiasmo por ver ganar de nuevo al cine español alguno de los reconocimientos del festival, mientras siguen apareciendo opiniones que por un lado la comparen con la de Trier, algo inevitable y esperado por Sorogoyen, y que, por el otro, hablen de la forma como el director plantea un drama sobre lazos familiares y el acto de perdonar.
El 26 de junio llegará a la cartelera de España.
Reseña de Liliana Bravo, productora de Soul Pictures, desde Cannes:
Rodrigo Sorogoyen se consagra en Cannes con un incendio cinematográfico absoluto
Mucho cuidado con lo que ha pasado en la Croisette hoy, porque lo de El ser querido no es solo una película, es un puñetazo en la mesa. Sorogoyen llegaba con la siempre pesada losa de la comparación y la presión competitiva por la Palma de Oro, ¿y qué ha hecho? Ha barrido cualquier sospecha a base de puro fuego cinematográfico. Una demostración salvaje de que la ambición es un adjetivo que su cine ya no puede eludir jamás.
Olvídense de la mesura escandinava, del distanciamiento de Joachim Trier en Sentimental Value o de los fantasmas intelectuales de Bergman. No, hombre, no. Lo de Sorogoyen es arrebato ibérico en vena. Es la misma electricidad, el mismo nervio y la misma violencia latente con la que nos encerraba con los antidisturbios o nos amenazaba en la Galicia profunda.
Desde una larguísima y magistral secuencia inicial que te deja clavado a la butaca sin poder respirar, lo que viene después es un festín formal inaudito. Sorogoyen echa el resto y nos lanza una cantidad descomunal de recursos estéticos en continua mutación:
- Pasamos de la invasión íntima con cámara al hombro a la majestuosidad del celuloide clásico.
- Del encajonamiento claustrofóbico en 4:3 a la deformación del scope y el espectáculo panorámico.
- De la orgía del color a la textura rugosa de un blanco y negro que te araña el alma.
No hay ni una sola secuencia repetida en su planteamiento. Es una experiencia fascinante pensada por y para la pantalla más grande posible. Sales agotado, roto, pero extrañamente sanado. Como el descanso tras la tormenta. Para aguantar este transatlántico en constante amenaza de descarrilamiento, hacía falta un casting milagroso. Javier Bardem está impresionante. Encarna a un artista ególatra que es pura dinamita. Un trabajo tan trascendental que no desentonaría al lado de su Anton Chigurh. ¡Majestuoso! Vicky Luengo es la mecha prendida. Una actriz con una rabia y un nervio descomunales, capaz de sostenerle la mirada al mismísimo Bardem, mientras se desgarran las heridas a pantalla abierta. Todo esto, por supuesto, articulado por un guion portentoso de Isabel Peña (otro más para estudiar en las escuelas de cine) cargado de diálogos clarividentes, mala baba y secuencias que ya son historia del cine, como ese rodaje de una simple comida familiar que empieza en un desastre divertidísimo y termina en una congoja absoluta sobre los demonios de la creación.
En definitiva: No busquen aquí una bella contención. Para Sorogoyen, hacer cine —e intentar expiar los pecados con la gente que amas— es una putada asfixiante, un acto violento de desinfectar una herida abierta y sangrante. Y a nosotros nos encanta que nos duela así. ¡Qué exhibición, por favor!










