Entrevista a Rubén Mendoza y el equipo de Tierra en la Lengua – Estreno Julio 18


Por Sandra M Ríos U
Twitter: @sandritamrios


Rubén Mendoza es uno de los directores más sólidos del cine colombiano reciente – mi favorito en una pequeña, pero muy prometedora lista. Lo es porque entre sus cortos y largometrajes ha sido coherente con el tipo de cine que quiere hacer y las historias que desea contar, en donde el entorno es muy importante.

Rubén es el director que debutó con “La Sociedad del Semáforo” (Leer reseña), una película ruda pero vital, de unos personajes que, por diversas circunstancias, se han tomado la calle y luchan con sus escasas herramientas por sobrevivir.

El lenguaje directo de ese film no caló en todo el público, pero su cine definitivamente no es para las masas, y eso me lo ratifica en esta entrevista que era planeaba para conversar exclusivamente con él, pero que cuando llegué al lugar del encuentro (el día en que realizaba la premiere en Cartagena), estaba acompañado del productor (Daniel García), el fotógrafo (Juan Carlos Gil) y dos de los protagonistas, Alma Rodríguez y Jairo Salcedo. Esta generosidad hizo que esto se convirtiera en una mesa redonda en donde no solo yo terminé preguntando.

Tierra en la Lengua (leer la reseña) se estrena el próximo 18 de Julio en Colombia, fue rodada en 5 semanas y se realizó con estímulos ganados para las etapas de pre y posproducción. Uno de ellos fue en la Riviera Maya y el otro en Ventana Sur (en Argentina).

  • La película se desarrolla como fruto de una beca de escritura de Cannes, ¿cómo fue la experiencia de escribir allá?

Rubén Mendoza (R.M.). Allá conocí a otros loquitos; una afgana, otro colombiano, un chileno, un chino y una nigeriana, con ellos se dio una complicidad hermosa y tremenda, entonces no me dediqué a escribir. Yo hice dibujos de la película y mastiqué material de archivo. Allá el largometraje creció de otra manera, porque la beca también incluía cine gratis por todo París, y allá está la cartelera más completa del mundo. Entonces me nutrí de amigos y de rumba. Todo eso me sirvió de alimento. Después, me encerré un mes en Portugal y ahí sí traje una primera versión.

Lo que si hice en las últimas semanas de la cine-fundación fue el cuento, el tratamiento. Yo me permito varias versiones antes de abrirla en guión, entonces cuando tuve como el sexto o séptimo tratamiento, la abrí en guión y ya era una versión más certera. De ahí salieron otro chorro de versiones, antes de poderla presentar. Eran unas versiones muy maduras, que incluían una idea que yo venía masticando desde los 21 años.

  • ¿Cómo defines a Tierra en la Lengua?

R.M. Como otra prueba de cómo la geografía atraviesa al hombre y lo determina todo. Pienso que es la base de mis películas; un lugar y ese lugar no es solo el paisaje, sino las personas que están ahí, que están detrás y delante de la cámara, con las que vas a convivir y que terminan por hacer crecer una idea.

  • Como para Rubén es tan importante la poesía visual, ¿cómo fue el proceso de fotografía?

Juan Carlos Gil (J.C.G.). Esta es mi segunda película con Rubén y yo creo que ha sido con la que más hemos encajado en términos de la dinámica que se hizo durante toda la película, y no solo me refiero a la parte del rodaje, sino de la preproducción y la corrección de color.  Creo que ambos sabíamos a dónde queríamos llegar con la película y cuál debía ser el tratamiento, así que estuvimos de acuerdo en que iba a ser muy naturalista, para aprovechar la maravillosa luz del Llano, los amaneceres y atardeceres, y que nos íbamos a dar la licencia, aunque el productor no le gustara mucho, de esperar la luz que nos sirviera para cada escena.

  • ¿En qué momento se rodó la película?

R.M. La película se rodó en la curva extrema del verano, cuando el intenso calor es capaz de matar animales y luego llega el invierno.

  • ¿Cómo manejar los tiempos y las presiones cuando se decide rodar con luz natural?

R.M. Trabajar con Juanca  ha sido delicioso porque, en general, los directores de fotografía son muy vanidosos con su trabajo. En una película uno arriesga y yo trato que todos se arriesguen. En esta película se nota menos, pero en “Memorias de Calavero” (su tercer largometraje, estrenado también en el Festival de Cartagena 2014), por ejemplo, el sonidista le tocaba pasar por hacer mal su trabajo intencionalmente para ciertos efectos dramáticos que se querían. En este film lo que queríamos era respetar el espíritu de la película, de hecho, nuestra relación específica para este proyecto nació con una carta que yo me permití escribir para cada uno de los actores y el director de fotografía.

  • ¿Qué decían esas cartas?

R.M. En el caso de Juanca decía que un director de fotografía tiene la oportunidad de reinventarse con cada director. Hay directores que dicen que se entienden con los actores y dejan que el fotógrafo decida que lentes pone y cómo resuelve.

  • ¿Qué tanta libertad le dejas a un fotógrafo?

R.M. Yo pienso que un director está para dos cosas: para concretar qué se hace con los actores y para decir desde dónde se ve. Por supuesto que es un punto de partida, y con la experiencia de alguien como Juanca, lo que  se hace es que esa idea crezca o la pula, o en otros casos, me demuestre que con algo completamente opuesto se pueda lograr lo que queremos.

  • Volviendo a las cartas, ¿qué pretendías conseguir con ellas?

R.M. La carta estaba muy centrada en lo artístico y en algo que para mí ha sido determinante y es la presencia en mi vida de “El Sol del Membrillo” (film del español Víctor Erice) y de los films de Abbas Kiarostami. Para mí era muy importante eso de cuál es el centro de las cosas y cómo liberar de estética. En particular, yo vengo hace rato peleando contra los tercios y contra la composición de proporción áurea. Son cosas que ya no me interesan, porque me parece que es un recurso agotado, que es utilizado ahora para que la gente crea que ya compuso, y aunque es algo que parte fundamentalmente de la composición, como en “El Sol del Membrillo”, tiene que ver con muchas más cosas.

Foto de izquierda. a derecha: Juan Carlos Gil, Daniel García, Alma Rodríguez, Jairo Salcedo y Rubén Mendoza.

Y todo eso llevado al rodaje, ¿cómo lo manejaron?, ¿qué tan duro fue para el productor?

J.C. G. Con Tierra en la Lengua hubo cosas interesantes en el proceso. Aparte de esa dinámica que tenemos con Rubén de poder opinar y retarnos artísticamente y mutuamente, algo que no pasa regularmente en las producciones, significa que tuvimos todo un abanico de posibilidades donde ambos pudimos tomar decisiones sobre la luz y la cámara, y cómo llevarlo a cabo para determinada escena. Esa manera de trabajar funciona mucho.

R.M.Tuvimos la consciencia de la paciencia, la paciencia del pescador y el cazador cuando era del caso, y eso se extendió al resto del equipo, por ejemplo, la escena de la entrada al Llano, ese momento lo rodamos cuatro veces, me refiero a cuatro tardes diferentes, pero es que el Llano (los Llanos Orientales de Colombia) es un gran set, donde el horizonte no tiene fin, además teniendo a Jairo (Salcedo, el protagonista), que es un hombre de allá, todo se facilitó. Allá,  los campesinos nos enseñaron a nunca pedir que no lloviera, y nunca lo volvimos hacer. Yo pienso que mis rodajes siempre son muy bellos porque envés de luchar contra el medio, nos unimos a el, y siempre termina poniéndose de nuestro lado.

Daniel García (D. G.). De todas las necesidades de producción que uno siempre está tratando de encontrar, siempre uno intenta tener ciertas comodidades: tener un buen hotel, una buena comida, en general, una calidad buena, porque el proceso de rodaje es largo y complicado. Al llegar al Llano las cosas cambiaron y tocaba ajustarse a lo que nos daba la región. Allá uno no puede decir que quiere un hotel 5 estrellas, porque literalmente no se puede conseguir, porque es que no existe.

¿Anécdotas del rodaje?

R.M. Nosotros por ejemplo nos llevamos a una persona para que nos preparara la comida, para no atiborrarnos de papas, arroz, carne o pescado, y yuca que es lo que cocinan allá.

D.G. Esa cantidad de harinas, sin ser balenceadas, y con todo el tiempo de rodaje que teníamos por delante, era complicado. Por eso llevamos a un cocinero. Él diseñó el menú de toda la gente y le daba gusto a todos, desde la lejanía donde estábamos, que era a 40 minutos del primer pueblo.

Alma Rodríguez (A.R.). Era algo que necesitábamos porque mi personaje, por ejemplo, era vegetariano, y pues obviamente no podía comer carne en todo el proceso para poderme conectar con mi personaje de Lucía.

  • ¿Y la experiencia desde el punto de vista del actor?

A.R. El Llano es un lugar místico, claro que no solamente allá, porque nosotros empezamos el rodaje en un clima frío (en un páramo), y comenzamos este viaje viendo las montañas, con un clima extremo, con neblina, sin embargo, era una experiencia hermosa. Ese fue como el abrebocas, porque ahí nos comenzamos a entrar en un viaje que no era solamente geográfico, sino también un viaje al centro del corazón, y creo que es algo en lo que muchos del equipo podrán coincidir. Fue una película que desde el guión te sacude las tripas y el alma. Rubén es especialista en eso, en crisparte todo. Los llaneros son viscerales, son vitales, reales, y curiosamente te dan la mano de forma muy suave (risas).

  • A pesar de la belleza, ¿esos cambios de clima no fueron una dificultad?

A.R. No. Realmente todo fue placentero, todo fue felicidad. Creo que todos a medida que iba avanzando el rodaje entramos en un estado de mute, en un estado muy profundo con el guión. Cuando se acabó la película yo tuve semanas para aterrizar todo lo que había vivido. Fue de verdad una convivencia extrema, muy bella.

R.M. Mira que lo que dice Alma es muy cierto y bello. Yo pienso que una película puede fracasar con la crítica o en el público, pero si no logra tocar internamente a quienes participan en ella, no vale la pena.

  • ¿Cómo fue la aproximación con los actores?

Jairo Salcedo (J.S.). Yo tengo una amistad de mucho tiempo con Rubén, con el papá y su familia, y fue así como llegó este proyecto para mí, que era algo que nunca esperaba. Cuando yo llego a la película, Rubén ya había entrevistado a más de 100 personas y habían hecho varias audiciones. Un día llegó alguien a la casa y yo me puse a mamar gallo (a molestar) cuando me contaron que estaban buscando un actor. Yo molestando dije que aquí estaba yo para hacerlo.

R. M. Esa persona fue mi abuela que me dijo que le hiciera una prueba a Salcedo, y cuando lo pensé, intuí que él era el personaje que me casaba perfecto en mi historia.

  • ¿Cómo llega Alma al papel de Lucía?

R.M. Estábamos buscando desesperadamente este personaje. Yo vi unas fotos y la llamé para reunirnos.

A.R. Hubo un casting en el que me dijeron que estaban buscando a una chica yogi para la película. En ese casting no estuvo Rubén, pero después nos reunimos con él y el resto de actores, que no son actores. Rubén tuvo la paciencia de modularme, porque yo soy actriz, y todo tenía que ser absolutamente honesto y desprovisto de pose, de técnica y estética.

R.M. En la carta para Alma  yo le pedía no actuar. También se lo pedía al resto, y les preguntaba sobre cómo íbamos a hacer para no actuar. Yo se que fui duro con Alma, porque es trabajar de otra manera.

  • ¿Hubo libertad para improvisar y decir los diálogos a su manera?

R.M. Yo soy muy fiel a los diálogos, pero más que al qué, lo que importa es el cómo. Entonces ser fiel, es ser fiel al espíritu de ellos, y si funciona mejor el diálogo dicho de otra manera, no tengo ningún problema.

  • El Llano fue importante, pero aún más Salcedo, ¿qué siginificó él para la película?

Yo le tengo un respeto inmenso y un amor que no ha hecho sino crecer. Jairo también fue para mi la materialización de que definitivamente yo quiero ampliar el tiempo de preparación con los actores. Yo gasto mucho más tiempo buscando a los actores que ensayando, para mi la búsqueda ya es un ensayo, decidir quien queda, quien va a encarnar.

  • Sé que me dirás que no, pero  ¿algún tipo de expectativa con ésta película?

R.M. No tengo ninguna expectativa. Es que así uno no sufre. Mis expectativas son antes de hacer la película, eso es con lo que uno tiene que ser serio y coherente. Ya hacerla es un milagro. Esta vez no tuve “depresión posparto” porque salí de una película a la otra. Yo siento que son otro tipo de películas las que comulgan con el público en masa, y si un film mio tiene unanimidad, más bien comenzaría a sospechar de lo que estoy haciendo. Pienso que la unanimidad no es buena, entonces está bien que hayan personas que amen y odien mis películas.

Con Tierra en la Lengua han sido los días de rodaje más alegres de mi vida, yo rodé descalzo toda la película, arrancaba muy temprano y hacíamos un paro hacía las 11 de la mañana, hora de un calor impresionante, y nos íbamos al río a refrescarnos para retomar de nuevo a las tres de la tarde.

J.C.G. Y hacíamos una mini siesta en hamacas (risas).

R.M. Yo no se por qué la gente se queja de hacer cine, si se pueden lograr este tipo de cosas. Siempre con disciplina y rigor se puede disfrutar mucho. Pero antes de terminar, quiero que te lleves esta respuesta de Juan Carlos sobre lo que le quedó después de trabajar la luz del Llano.

J.C.G. Fue una sorpresa, la verdad. Yo no conocía Yopal ni Aguazul, pero fue una sorpresa encontrar una luz muy parecida a la que tu ves en el Valle del Cauca, pero acá es mucho más intensa en los amaneceres y los atardeceres, y el color mora, que eso si no se ve en ninguna parte del país. Eso sí es único, pero también había una comodidad, porque aquí no hay pelea con la luz, como la tienes en Bogotá. La experiencia fue maravillosa y el resultado me dejó muy satisfecho, es decir, lo que está pantalla, lo veo muy bien.

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