Reseñas de Amparo de Simón Mesa – La maternidad en medio del poder, la violencia y el machismo




Por Sandra M. Ríos (@sandritamrios)

En la edición 2021 de la Semana de la Crítica, sección paralela del Festival de Cannes, Amparo, el primer largometraje de Simón Mesa Soto (Madre, Leidi), recibió el reconocimiento de la Fundación Louis Roederer a “Estrella Revelación” por su protagonista Sandra Melissa Torres, actriz no profesional que encarna a la protagonista que da el título a la película. 

Tras presentarse el mes pasado en el Festival de Cine de Cartagena, “Amparo” llega ahora a la cartelera nacional, trayendo una historia que, aunque ambientada en los noventa, nos habla de ese sacrificio tan inmenso y atemporal que se asume con la maternidad. 

Es noviembre de 1998, en Medellín. Época convulsa en Colombia. Una década donde la capital de Antioquia fue catalogada como la ciudad más violenta del mundo. Asesinatos, bombas, secuestros, extorsión y masacres. El país estaba, además, a las puertas de una de sus más grandes crisis económicas. En las calles de los barrios populares de la ciudad,  conocemos a Amparo, una madre cabeza de familia que lucha por el día a día con sus dos hijos. El mayor, Elías, cae en un retén y al no tener su situación militar resuelta es considerado apto para prestar servicio militar. Todo ocurre en una noche. Su hijo sencillamente desaparece, no vuelve a casa. Cuando se entera que está en manos del ejército y aún sin recursos, toma la decisión de emprender una desesperada misión de recuperar a su primogénito y evitar a toda costa (mayúsculas) que se lo lleven a una zona de sumo peligro.

En el contexto en el que se da esta historia, la lucha de Amparo por traer a su hijo devuelta a su hogar, pasa por temas que revelan el estado de las cosas en una Colombia violenta y corrupta hasta en sus esferas institucionales, y por esas costumbres sociales, alrededor de esas dinámicas de masculinidades y machismos con las que ha debido convivir la mujer. En esto último está lo más valioso del primer largometraje de Simón Mesa. 

En el camino tortuoso por librar a Elías de prestar el servicio militar obligatorio, la película va dejando huella de los inmensos obstáculos que enfrenta una madre, de la brecha de la desigualdad y lo degradado que llega a ser su condición de mujer en estos ejercicios donde se ejerce poder sobre el otro. Eso del sentido distorsionado de la posesión del otro no solo pasa por un Estado que establece el disponer de un ciudadano como si de una propiedad se tratase, sino también por una madre que en reiteradas ocasiones clama por Elías, porque es suyo, porque nació de sus entrañas, porque lo ha criado, en una (lógica) pertenencia que la hace incluso desprenderse de la propia protección de su ser y arriesgar su integridad. En la aceptación, inyectada en la venas, de ese sacrificio dada su condición de madre.

Simón Mesa acierta cuando presenta a su protagonista como una mujer real, esto es, una madre que comete errores – provocados, por cierto, por sus necesidades, limitaciones y entorno -, que no es una santa, sino ante todo una guerrera, un personaje determinado que no le importa enfrentarse al mismísmo establecimiento, en últimas, una mujer como muchas en la calle que lleva a cuestas sus propias batallas, fracasos y victorias. También lo hace cuando evita convertir esta historia en un despliegue de violencia de aquellos que suele espantar a los espectadores nacionales y se centra en ella, mostrándola en su inocencia, en una angustia que pasa por una introspección, por un estado meditativo, casi que ida, por una contención y por unos silencios que por momentos transmiten incomodidad y desespero, y en otros sirven como reflexión profunda.

Amparo no es una película perfecta – eso sí, tiene un estupendo trabajo de fotografía -. Hay situaciones donde la carga dramática se queda corta frente a lo que se pretende mostrar, pero es curioso cómo esa misma imperfección le da cierta autenticidad, algo que se puede llegar a explicar por su propia protagonista, que encarna un personaje – como actriz no profesional – con un notable nivel de verdad, que me hace pensar que su cara, su cuerpo, su físico, su mínima gesticulación y la forma como encara los dilemas que le pone la historia, justifican, por lo menos para esta película, el hecho de no contar con una actriz profesional.  La historia tiene esas limitaciones que supone una protagonista natural, que no permiten la exploración un poco más profunda de un personaje como Amparo y que se llenara de más complejidades, pero sobre todo, matices. 

Mesa presenta en su primer largometraje una historia sencilla con un tema que si bien no es novedoso, sí está bien narrado y es muy universal; la historia de una madre en su estado más puro de amor y sacrificio. Por supuesto también está toda esa resonancia política alrededor de infamias como la de los “falsos positivos”, ahora que se ha dado el hecho histórico ante la JEP del reconocimiento de los asesinatos de campesinos por parte de integrantes del ejército. En su instinto maternal, Amparo casi que puede representar a todas esas mamás queriendo saltarse este capítulo nefasto de nuestra historia y salvar a sus hijos de las garras de una guerra que no les pertenece, de un destino inmerecido y cruel. 

“Amparo” me parece que no tiene el espíritu de denuncia tan marcado y que si bien, tiene una evidente carga política, no pretende un discurso divisorio, sino más bien una revisión a la historia, incluso una conversación entorno a la violencia, del oficio de ser mamá, del ser mujer, a la ausencia de los padres y el machismo. Decir lo contrario, reducirá audiencia a una película que merece ser vista por un público amplio.       


Por Daniel Andrés Ruiz Sierra (@TatoRuiz)

El cineasta más célebre de Antioquia, Víctor Gaviria, ha creado todo un movimiento de fanáticos, admiradores y, sobre todo, emuladores. La fuerza, la autenticidad y el realismo de sus relatos ha generado una huella fuerte alrededor de su nombre. Varios y varias realizadoras han visto en su trabajo, y su posterior éxito, toda una inspiración. Y aunque bastante valida e interesante, esa fórmula me parece que empieza a desgastarse; además, no todos(as) tienen el talento del señor Gaviria, no todas(os) son capaces de transmitir lo que quieran contar en sus historias, ni traducir esa fuerza realista a través de sus actores naturales. Muchas veces me da la impresión que emular la fórmula es un intento por la posibilidad de éxito, por lo menos en los espacios internacionales, donde al parecer siguen necesitados de películas limitadas a eso que he visto nombrar en un par de espacios como “neorrealismo paisa”.

Lo anterior se me viene a la cabeza luego de ver la ópera prima de Simón Mesa Soto (y en general cuando pienso en el cine que viene de esa región del país), que con sus trabajos en formato corto ha logrado el beneplácito de la crítica internacional, incluido el espaldarazo de Abbas Kiarostami, que fue presidente del jurado en la sección de cortometrajes de la edición 67 de Cannes, donde “Leidi” ganó la Palma de Oro al Mejor Cortometraje.

“Amparo” es todo un ejercicio consecuente y en armónica concordancia con “Leidi” y “Madre”, un par de trabajos en los que Mesa Soto pone en evidencia ese interés suyo por las historias mínimas, por las malogradas historias protagonizadas por mujeres, todas víctimas de diferentes esferas de poder, que van desde las instituciones hasta los espacios más comunes, como sus entornos sociales. También hay en Mesa Soto un gusto por los personajes completamente apáticos y fríos, marca Gaviria, y que, dicho sea de paso, a veces luce como algo poco realista en un país y en una cultura como la colombiana. Y no, con esto no quiero decir que apoyo esa irresponsable y ridícula conclusión del estudio que dice que el país es el más feliz del mundo.

“Amparo” es un viaje a la Medellín de mediados de los 90. En ella se cuenta la historia de su homónima, una mujer cabeza de familia con un par de hijos de diferentes padres. Su parsimoniosa vida se ve alterada cuando su hijo mayor desaparece como motivo de las batidas del ejército que, sin más, tenía como objetivo reclutar a jóvenes sin documentos, o con una situación militar sin resolver (o sea, sin libreta militar, ese invento horroroso, burocrático y de exclusivo negocio), y así llevárselos a distintas zonas del país a darse plomo con quien se ponga en frente. A partir de ese momento, Amparo tiene como único objetivo recuperar a su hijo, salvarlo de una muy posible y absurda muerte, y para ello recorre media ciudad, busca apoyos inconcebibles, y se vende al mejor postor. La historia tiene como panorama unos complicados espacios urbanos donde el abuso de poder, las jerarquías cumpliendo al pie de la letra, la violencia intrafamiliar y la pobreza son cosa de todos los días.

A simple vista, “Amparo” cuenta con un guion efectivo, sencillo y bien trabajado. Es un viaje a la memoria de una Colombia compleja, violenta y nefasta, y ese recordatorio, esa evocación tan realista, cercana, reciente y dolorosa es completamente atractiva. Simón Mesa sabe incorporar los conflictos principales y los secundarios con mucha habilidad y pericia narrativa. ¿Mi problema? Su protagonista. Amparo es un personaje complejo, pero la forma en la que es interpretada hace que no logremos captar todas las dimensiones de ese personaje. La forma tan fría y robótica en la que es interpretada hace que a veces ni me inmute por lo que sale de su boca. Su conflicto es lo suficientemente atroz, pero cuando actúa, se mueve y verbaliza todo lo que tiene que decir, casi como que me da igual, y muchas veces no le creo absolutamente nada. Da la impresión (estoy consciente de que no es así) de que se aprendió unas líneas de diálogo y las escupió. Todo eso me parece que responde al uso de la fórmula Víctor Gaviria, donde la falta de garbo y ese interés por personajes tan reservados, tan pasivos y tan monosilábicos es parte del ejercicio, y ya empieza a aburrir. El excesivo uso de la fórmula ha hecho que muchas historias se vengan abajo, y sigue echándole leña al argumento aquel de que el cine colombiano sigue narrando lo mismo y es poco atractivo. Para la muestra: las salas con poca asistencia y unos números paupérrimos (sumado, claro está, a otra serie de problemas).

A pesar de esa actriz principal, que recién me entero se llevó un premio importante por su trabajo, “Amparo” me parece una película de obligatoria revisión. Lo efectivo que resulta su guion, el trabajo fotográfico, ese balanceado trabajo con la cámara que no abusa de los planos cerrados para tapar sus problemas presupuestales en pro de narrar desde una época, ese compromiso de sus responsables por sumar, de alguna forma, a la memoria del país a través del cine, y que tampoco abusa del activismo cuando de hacer denuncia se trata.

“Amparo” es una película que deja ver a un cineasta completamente interesante, y en forma, reafirma que el éxito de Simón Mesa Soto no es un tema gratuito y vacuo.

Esta película pudimos verla en el marco del Festival Interncacional de Cine de Cartagena. 

Ficha Técnica

  • Dirección: Simón Mesa Soto
  • Guion: Simón Mesa Soto
  • Duración: 95 minutos
  • Producida por: Manuel Ruiz Montealegre, Héctor Ulloque Franco, Juan Sarmiento G., Simón Mesa, David Herdies, Martín Heisler, Michael Krotkiewski
  • Género: Drama
  • Reparto: Sandra Melissa Torres, Diego Alejandro Tobón, Luciana Gallego, John Jairo Montoya, Adriana Vergara
  • Montaje: Ricardo Saravia
  • Cinematografía: Juan Sarmiento
  • País: Colombia
  • Año: 2021

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