Adiós a Bernardo Bertolucci, otro exponente del neorrealismo italiano




En el año 2013 Bernardo Bertolucci fue invitado junto a otros 69 directores a celebrar los 70 años del Festival Internacional de Cine de Venecia con la realización de 70 cortometrajes que se agruparon bajo el lema “Venecia 70 – Futuro Recargado. El del cineasta italiano se tituló “Zapatos rojos” y en el que vemos las dificultades de transitar por las empedradas calles de Roma mientras se está en una silla de ruedas.

La intención del festival a través de esta invitación en la que también participaron Yorgos Lanthimos, Hong Sang-soo, Weerasethakul y el también desaparecido Abbas Kiarostami, era la de crear una pieza de máximo un minuto y medio donde se pudiera reflexionar sobre el futuro del cine a través de la sensibilidad personal de cada realizador.

Esa última pieza conocida públicamente de Bertolucci representaba un futuro muy personal del cineasta y fue el reflejo de los tropiezos de salud que lo aquejaron desde inicios de 2000 cuando quedó en silla de ruedas tras una complicación en una operación de espalda. Tras combatir un cáncer por varios años el cineasta nacido en Parma falleció en el día de ayer.

Con su partida, se va uno de los representantes máximos del cine italiano y la corriente del neorrealismo, así como también lo fueron Antonioni, Fellini, Pasolini, De Sica y Rosellini. Bertolucci trabajó varios géneros, pero en ellos habló tanto de la historia, con perspectivas audaces, como del amor, con todas sus intrigas y pasión desbordada.

Habiendo debutado en 1962 cuando tenía tan solo 21 años de edad con “La commare secca” (La cosecha estéril), demostró todo su potencial con una película policiaca, en la que pudo desplegar la experiencia adquirida tras servir de asistente de dirección de Pier Paolo Pasolini en su ópera prima “Accattone”. Ese primer largometraje muy al estilo de Pasolini – el guion fue escrito por este director para ser dirigido por él mismo, pero involucrado en nuevas películas el productor decidió confiarle a su asistente el nuevo proyecto-, ya dejó mostrar trazos de un sello propio al impregnarla con una narrativa poética, lo que era la historia de una prostituta que es encontrada muerta en un parque público, donde varios hombres comienzan a ser interrogados para reconstruir las últimas horas de la mujer y resolver así el asesinato.

En adelante continuaría explorando un estilo propio con películas como el drama Partner, adaptación de la novela “El doble” de Fyodor Dostoyevsky que compitió en Venecia y representó su entrada a Cannes (en la Quincena de Realizadores) y “El conformista” (1971) su primer éxito internacional con el que obtuvo reconocimientos en Berlin, en los Oscar (mejor guion adaptado) y los Globos de Oro (mejor película extranjera). Escrita por el propio Bertolucci era una adaptación de la novela de Alberto Moravia. Con ella sale a relucir varias de las características esenciales de su cine, el gusto por la puesta en escena, la estética y el erotismo. Este año precisamente se estrenó una versión remasterizada de este clásico moderno cargado de subtextos, que hablaba del facismo y que irritó al propio Jean-Luc Godard, uno de sus maestros, y quien no dudó en hacérselo saber. La historia sigue a Marcello Clerici, quien tiene un pasado sombrío cuando a los 13 años disparó a un homesexual que intentó seducirlo. Ya adulto es un funcionario público que aspira a casarse con Giulia, mientras opera como espía facista dispuesto a participar en un atentado a un exiliado político italiano que fue profesor suyo.

Vendría otra película política “La estrategia de la araña“, inspirada en el cuento de Jorge Luis Borges “Tema del traidor y del héroe”, en la que retoma el tema del fascismo con la historia de un hombre que desea averiguar si su padre fue asesinado por los facistas, convirtiéndolo en un mito para la población. Estrenada en 1970 es con ella con la que se considera alcanzó su madurez artística.

La polémica con El último tango en París

En 2016 Bertolucci dijo en una entrevista: “fui un poco desleal con María (Schneider) porque no le conté qué iba a pasar, porque quería una reacción no actuada. Ella me odió a mí y a Marlon porque nunca le contamos la escena de la mantequilla y todavía me siento culpable por ello… Yo quería que María no actuara su violación y humillación, sino que la sintiera. Ella me odió toda la vida por eso”. Y es que una de las películas más populares en los 70s y toda su filmografía estuvo bañada de controversia por la polémica escena que la actriz llevó a cabo a los 19 años de edad con la estrella Brando, quien interpretaba a un cincuentón viudo y lujurioso que sostiene una relación casual con una joven actriz de 20 años. El último tango en París era una historia sobre dominación sexual gráfica y de marcado erotismo que la llevó a ser censurada en varios países. Bertolucci y Brando fueron nominados a los Oscar por mejor dirección y actor, mientras la actriz francesa continuó una vida tortuosa con abusos de drogas e intentos de suicidio. A pesar de ello, siguió con una carrera activa en su país tanto en el cine como en la televisión hasta su fallecimiento temprano por causas de un cáncer de seno en 2011 a sus 58 años de edad. El planteamiento de esa relación de pura atracción física supuso una ruptura en la narrativa de la época. De revolucionaria e inusual fue celebrada.



Robert De Niro, Gerad Depardieu, Donald Sutherland y Burt Lancaster trabajaron en la siguiente producción de Bertolucci, Novecento (1900),  un drama épico que coescribió con su hermano Giuseppe. Bertolucci saltó a una historia de exploración de la lucha de clases a través de la relación de una familia de patronos y una de campesinos. Dos niños de ambas clases nacen y tejen una gran amistad que luego se empañará con la llegada del fascismo. La película sirve también como documento histórico e ideológico al reflejar (desde la perspectiva marxista) una época convulsa en Italia.

Esa misma ideología lo llevaría a estrenar diez años después “El último emperador”, película con la que recibiría nueve nominaciones al Oscar, obteniendo el premio a Mejor Película y Mejor Dirección. Recreada con fidelidad incluida escenarios reales, nos muestra de forma deslumbrante, majestuosa y sobrecogedora la historia de China en el Siglo XX y la vida sacrificada de Pu yi, un niño que a los tres años de edad es separado de su familia y llevado a la Ciudad Prohibida para ser formado como emperador, para después ser encarcelado con la llegada del comunismo y la caída de la época imperial china y terminar como jardinero en Pekín en tiempos de Mao.

En la pasada década ya con los quebrantos de salud pero aún activo, lanzó el buen drama romántico “Soñadores”, ambientada en el año 68 en Francia, época que se caracterizó por las protestas estudiantiles del país galo que provocaron un cambio mundial en la cultura. En 2003 retomaba esa época de nostalgia de una energía inherente por el cambio, a través de la historia de dos jóvenes que invitan a otro estadounidense a vivir con ellos unos verdaderos días parisinos donde se establecen una reglas propias, mientras van experimentando con sus emociones y por supuesto su sexualidad. Su cierre ocurrió en 2012 con “Tu y yo”, donde mostró su vitalidad y estado emocional presentando la historia de un adolescente hastiado de todo que decide encerrarse en el sótano de su casa, siendo salvado por su hermana que se mete en su espacio para recordarle que a pesar de la cotidianidad hay pequeñas cosas que vale la pena descubrir. La última película de Bernardo Bertolucci es una obra sencilla, íntima, personal y sin pretensiones donde retomó temas como la soledad y la desconexión en una etapa de la vida.

Al año siguiente, 2013, ejerció como presidente del jurado en el Festival de Cine de Venecia.




 


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