Entrevista a Adriana Lucía, directora de Porro Hecho en Colombia


Por Sandra M Ríos U
Twitter: @sandritamrios


“Hemos trabajado incansablemente, con mucho amor y conciencia para entregarle esto a Colombia. Mi mayor sueño es que esto no sea solo una pieza de museo”.

En algún punto de esta conversación, una de las más placenteras y relajadas que he tenido, Adriana Lucía me dice que no quiere que esta película se quede solamente como una pieza de colección y que no pretendió que se convirtiera en un documental de los típicos de NatGeo o de History. ¡Cuánta razón tenía!, especialmente con lo segundo.   Ambos canales han producido tal cantidad de documentales sobre temas diversos que conocemos ya su estructura y nivel. Ya todo lo que se nos parezca, nos aburre o, por lo menos, nos sorprende muy poco.

La película documental de la cantante Adriana Lucía es distinta. Tampoco se parece a los de  otros cantantes que hablan de sus carreras y su discografía. Porro Hecho en Colombia (en cartelera en salas seleccionadas) habla de los orígenes de este género musical que la ha acompañado desde que tenía cinco años. Con su investigación, la película que es contada de forma genuina y amena, nos permite (re)descubrir un universo musical lleno de tradición, de mestizaje, de gente alegre, de rica gastronomía, de magia y color.

 

  • No es la primera vez que vemos documentales que hacen cantantes, bien sea para promocionar su música o hablar de su historia. Lo distinto en esta película es una búsqueda genuina de dar a conocer tus raíces musicales y  de paso la de todos.

Pues realmente la película no es ni de mi música ni de mi vida, por lo cual sí creo que hicimos algo con pocos referentes en Latinoamérica, que es mostrar la historia del porro desde sus orígenes. Que se entrara a estudiar un género musical y hacerle todo el recorrido. Lo termino haciendo yo que soy cantante, pero sobre todo fue un ejercicio de investigación. Yo no soy la protagonista, sino todos los que aparecen en la película y hablan de su experiencia.

  • Fueron muchos los artistas que involucraste en esto, ¿verdad?

Fueron 574 artistas los que salen. Realmente fue un trabajo arduo de investigación que tomó ocho años. Todos los que participamos en ella creemos que Porro Hecho en Colombia va a contribuir a reconstruir la memoria musical y cultural, y a acortar la brecha generacional, porque me atrevo a asegurar que por lo menos el 80% de lo que está ahí filmado nunca antes había sido filmado. Con esa película, de alguna manera, estamos descubriendo un tesoro, y en donde los protagonistas son todas esas personas anónimas que son los que han hecho la verdadera historia musical de una parte del país.

  • Hace ocho años inició el proceso, pero ¿cómo y por qué inició?

Inició por una serie de cuestionamientos personales. Yo empecé a ver que en los apellidos míos, de mi familia y de la gente de mi tierra, había mucho apellido árabe o español. Es obvio que los que vivimos a la orilla del río, nos tocaron las migraciones, algo que nos marcó más fuertemente en aspectos como la música, la gastronomía y, en general, en nuestra idiosincrasia. Luego me di cuenta que la música era la que me soplaba esas conexiones genéticas. Por ejemplo, yo oía que una armonía de un porro, eran muy similares a las que se escuchaban en el sur de España, que al mismo tiempo tiene conexiones árabes. Así que empecé el proceso de investigación con mi amigo el historiador William Fortich, quien me habló del porro y me dio pistas de algunos pueblos donde debía ir, también nombres de personas que yo debía entrevistar. Así lo hice y conversando con uno, me remitía a otra persona. Yo iba con mi propia grabadora. Era todo de una manera artesanal, porque no pensaba siquiera hacer una película.

  • ¿Entonces en qué momento o quién te dijo que todo ese material daba para hacer un largometraje?

Pasaron los años y yo seguí investigando. Había averiguado acerca de la décima, de los gitanos, de la conexión entre el porro y el jazz, y así. Fue increíble con todo lo que me fui encontrando en el camino. En un momento de demencia absoluta (risas), porque no hay otra explicación, es que decido que esto será una producción cinematográfica, pero también un poco el ver que no tenemos forma de encontrar documentos sobre nuestros orígenes. Fui a Salvador de Bahía en Brasil y allá te sorprendes, porque puedes encontrar la historia de lo que quieras. Una de las cosas tristes con las que me topé, es que muchos de los que yo quería filmar ya estaban muertos, de hecho un par de los que salen en el documental ya no están.

  • ¿Quiénes?

Medardo de Jesús, el creador del sombrero vueltiao sin costura, murió hace pocos meses, y Adolfo Ortega, un “rockstar”, una persona muy importante dentro de la película y el que habla todo sobre la gaita. Hace unos meses le dio un derrame cerebral lo que fue muy triste, pero al tiempo es valioso para mí saber que estuvo en la película.

  • Además de ser la realizadora, tu figuras como guionista. ¿Cómo hiciste para estructurar la historia con tanta información, tantos lugares y gente entrevistada?

Yo lo primero que hice fue buscar a Ciro Guerra, quien una vez le conté todo me dijo que yo era quien debía dirigirlo porque, y según él, yo ya tenía perfectamente claro lo que quería contar. Al principio me asusté, yo no soy realizadora, pero luego tomé un respiro y me convencí de eso, que tenía en mi cabeza la historia. Lo que si puedo decirte es que mi equipo de producción hizo un acto absoluto de fe conmigo, porque todos confiaron en que en mi cerebro estaban las cosas muy bien definidas. Hay una persona muy importante en este proceso y es Claudia Currea, la directora de fotografía, porque supo sacar lo más hermoso que tiene el departamento de Córdoba, que no son sus ríos, sus playas y sus sierras, sino retratar a su gente.

Yo tenía un guion bien claro. Es más, debo decirte que cuando fui a grabar a la gente yo ya sabía qué me iban a contestar. Yo sabía cuál pregunta hacerles para provocarles las respuestas que necesitamos, para eso ya había estudiado bien años antes. Pero también hay algunos personajes que salen de la espontaneidad que se da en el mismo caribe. También me ocurrió con Sandro, el gitano, porque no tenía la certeza de poderlo filmar, ya que, evidentemente, son una comunidad itinerante y la gente no sabía dónde estaban y nadie me daba razón de ellos y nunca habían sido filmados. Otra cosa que me sirvió fue el hecho de que como cantante uno debe contar una historia completa en dos minutos.

  • ¿Pero imagino que Ciro te hizo tus recomendaciones?

Claro, yo le pedí que necesitaba que me revisara algo muy importante para mí. Yo no quería aparecer en la película como una salvadora, quería hacerlo como una extensión de la historia. La televisión mexicana nos enseñó a nosotros que la gente que triunfaba era aquella que cogía una maletica y se iba a la capital. Acá hablamos de personas campesinas que son profundamente felices en el campo y que jamás han pretendido irse a la ciudad. Ciro me dio confianza diciéndome que aunque no era realizadora sí sabía hacerlo y que al no ser directora no tenía las mañas que suelen tener, que confiara en mi intuición y por esa intuición hubo cosas a las que no le hizo caso, como por ejemplo, un embolate con la champeta y el jazz. Ciro no se imaginaba cómo iba a armar eso, pero se sorprendió cuando lo logré. Seguí mi intuición.

  • ¿Qué tan consciente es de que el documental resulta muy didáctico, cualquiera puede absorber su mensaje, educarse o reeducarse?

Primero debo decir que yo soy profundamente inconsciente (risas), pero en eso de hacer música, en eso de hacer música popular y ser cantautora sí hay en mi una necesidad de claridad en la comunicación. Yo vengo del mundo pop, de lo fácil de digerir, de lo fácil de entender, de un lenguaje mucho más rápido. Siempre quise que, aunque tuviera “mucha comida”, fuera bien dosificada. Quiero que cuando la gente la vea aprenda y no se de cuenta. Fue muy lindo ver cómo en la premiere de la película, la gente salía haciendo la seña de la décima. Yo no quería que quedara como un documental de History o Discovery Channel, sino que hubiera un equilibrio.

  • Haciendo tu una retrospectiva de lo que has hecho con tu película, ¿qué te sorprendió de tu Córdoba, de tu gente, tu música? ¿Con qué te quedas?

Yo tengo una particularidad y es que el mejor momento de mi vida es cada vez que me monto al escenario. Cuando era niña, íbamos a la playa todos los domingos y yo me emocionaba viendo el mismo pedacito, la misma playa, como si nunca lo hubiera visto. Así mismo me sucede con la música y los músicos de mi tierra. Cada vez que hablo con ellos o los veo se me paran los pelos, me emociono igual, me se ya los diálogos. Hay algo que me sorprende mucho y es cómo todos los que salen ahí quieren contar lo mejor, compartir su saber, no para sobresalir, sino para tomar su canto como referente. Para mi, primero era la historia y luego incorporar las canciones. Yo primero rodé y luego grabé las canciones.

Cuando estaba grabando en Montería, justo hay una escena que te cuento que nadie entendía. Yo le dije al equipo de producción que necesitaba a un señor anciano, de unos ochenta y pico de años, que manejara bicicleta, que se viera sintonizando un radio, que fueran las cuatro de la mañana, que hubiera un planchón. Todo el mundo se preguntaba pero ésto qué es. En mi mente, era la transición a una canción que para mí nacía de esa forma. Una canción como “Voy a coger la maleta”, que es la primera que abre el documental, fue un tema que escribí hace muchos años y que estaba en formato de décima, sin embargo, lo que ellos hacen de manera espontánea, a mi me costó muchísimo tiempo entenderlo, estudiar los fonemas, estudiar rimas con consonantes (risas). Me ayudó mucho el hecho de ser compositora, de hecho, Ciro me recomendó también que incluyera más canciones mías y que fueran completas para no cortar la emoción, porque yo lo que inicialmente pensé era poner fragmentos de tres segundos. Yo sencillamente le hice caso (risas).

  • Siento que la película te describe mucho como artista, que conserva una imagen de una Adriana Lucía delicada, dulce y apasionada por sus raíces.

¡Qué bonito lo que me has dicho! Es lo más valioso para mi. Te agradezco de verdad lo que me acabas de decir, porque a veces a uno le provoca “tirar la toalla” (renunciar). Yo no soy música por elección, sino que, en verdad, no tenía otra posibilidad. A los cinco años sabía a lo que me iba a dedicar toda la vida. Mi padre es músico, al igual que mis hermanos. En esta carrera es muy difícil no venderse, no obstante, siempre he peleado por conservar la esencia. Este documental es una excusa para mostrar cómo ha sido mi vida, de dónde vengo yo y cómo he podido llevarme a mi pueblo a todos lados.

  • Volviendo a tu música, este documental pareciera ser parte de un proyecto tipo transmedia que incluye más cosas además de la propia obra cinematográfica. En tu caso es el lanzamiento de un álbum, con canciones inéditas y un DVD.

Uno de los retos grandes que no había tenido en toda mi carrera era hacer un disco en vivo, estar en un estudio, pero tocar todos en bloque al tiempo, como se hacía antes, por eso quisimos hacer el DVD así. Es que yo soy artista de tarima, vengo de la calle y el escenario, esa ha sido mi escuela, de estar en vivo y tocando, de vernos las caras. Yo hago caras muy feas cuando estoy cantando y ahora tenía la presión de tener que cantar perfecto y además tener una cámara al frente (risas).

  • El que vea el documental con qué cosas específicas puede encontrarse.

Creo que primero debemos ser congruentes con el discurso. Una manera de respetar y apoyar a los artistas nacionales es verlos. Yo creo que podemos hacer y criticar de lo que somos y lo que no en el país, pero lo mejor es ser parte de la solución, y una forma es construir, en este caso dando a conocer tanta gente anónima que merece estar donde tienen que estar. Otra cosa, es que este es un viaje musical. Como lo digo en la película “Nadie puede querer lo que no conoce”.  Lo que pretendo es que nos conozcamos más para amarnos más.

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