Reseña “Ana Rosa”: Mujeres Silenciadas – Sobre la Lobotomía y la Estigmatización Femenina


Por Sandra M Ríos U
Twitter: @sandritamrios


Tener episodios de depresión, sufrir depresión posparto, ser diagnosticada con epilepsia, no querer hacerse cargo del esposo, sentirse no opta de criar hijos o quedarse soltera pasada cierta edad, eran algunas de las condiciones, enfermedades, padecimientos y decisiones consideradas una amenaza al rol femenino, con la que se hacía “un notable daño al buen servicio”, en esa concepción arcaica de que la mujer debía ser abnegada y sacrificarse en virtud de la familia, al considerarse dadora de vida y pilar fundamental de la primera institución de la sociedad.

Desempolvando un secreto familiar, “Ana Rosa” es una investigación que se adentra en la práctica psiquiátrica conocida como lobotomía, vendida inicialmente como la cura milagrosa y definitiva a los trastornos graves de la mente y que en el país se llevó a cabo en las décadas de 1940, 1950 y 1960. La película al destapar una serie de secretos traspasa los límites de lo privado a lo colectivo, cuando se evidencia la tendencia de este macabro procedimiento de la neurocirugía con la condición de ser mujer.

La directora de este documental es la narradora de su propia historia. La película “Ana Rosa” comienza cuando Catalina Villar regresa al país para desocupar la casa de sus padres, junto a sus hermanos. En uno de sus rincones encuentra una foto tipo documento de quien fuera su abuela paterna, una mujer nacida en 1904 de la que nadie menciona, de quien no existe más registros fotográficos y de la que nadie o muy pocos tienen recuerdos vagos o confusos de su existencia.

Esa única foto despierta en ella un primer impulso;  el de reivindicar una figura tan adorada como el de una abuela, haciéndose preguntas sobre qué debió pasar para que toda su familia quisiera borrarla de la memoria. Y comienza así el proceso de reconstruir poco a poco su vida, con la gran dificultad de no tener muchos testimonios de quienes compartieron directamente con ella y arranca por su entorno, con aquellos que aún les quedaba algunos recuerdos de infancia con Ana Rosa, recordándola con dos aspectos claves: ser una experimentada pianista y sufrir de unos incapacitantes dolores de cabeza.

Ese padecimiento médico, en particular, la encamina a la esencia de este documental, pues su abuela hace parte de la estadística de las mujeres a quienes se les practicó lobotomía en Colombia, según reposa en la escasa memoria de su familia, porque no hay rastro de su historia clínica y Catalina se propone ubicarla. En ese ejercicio, recorre espacios que dan cuenta de una parte de la historia de la psiquiatría en el país, de sus métodos de choque que, reveladoramente, dan cuenta de cómo estaban directamente relacionados con la condición de ser mujer y que no era un hecho nefasto ajeno a lo que ocurrió alrededor del mundo con la lobotomía, una práctica que se llevó a cabo a un 85% de pacientes de sexo femenino en el planeta.

La búsqueda de Catalina de los registros médicos de su abuela no es solitaria, ni limitada a su entorno familiar, entre ellos el único hijo con vida de Ana Rosa, sino que lo acompaña con el testimonio de muchos especialistas de la salud (cirujanos, neurólogos, psiquiatras, psicoanalistas) y empleados de los lugares donde estas mujeres “desquiciadas” iban a parar, algunas de ellas abandonadas por sus propias familias.

Si el capítulo del pasado de Ana Rosa no deja de sorprender por esas dinámicas familiares donde lo feo y desagradable se oculta, y de ser paradójico porque su familia tiene tradición y un apellido instaurado en la historia de la medicina psiquiátrica en el país, lo que va destapando la directora alrededor de esos reclusorios mentales como el del Asilo de las Locas de Bogotá es aún más denigrante y escalofriante, no solo por su repaso a la historia documentada de la lobotomía, sino a las paupérrimas condiciones en las que intentaban curarse estas pacientes en estos asilos de caridad y sus tratamientos de choque (como el del coma insulínico o los electrochoques).

Acierta Catalina Villar en no intencionar el documental hacia el cine de denuncia, sino más bien hacia el cine reflexión y de reconstrucción de la memoria. En su ejercicio, se posiciona en el rol de investigadora que va narrando y socializando sus hallazgos y sobre las conclusiones establece las del terreno privado, estimulando las públicas con una serie de preguntas tras las más que claras evidencias.

Su abuela Ana Rosa es, en definitiva, una representación de un colectivo de mujeres víctimas de una época, de ser muy posiblemente adelantadas a su tiempo. De mujeres víctimas de una sociedad que ha cuestionado sus acciones en virtud de su sexo, que ha pretendido constreñir sus libertades y su capacidad de elección, estableciendo para ellas parámetros morales y éticos ambiguos que jamás han sido iguales a los del sexo opuesto. En últimas, de estigmatizarlas bajo la etiqueta de “locas” cuando han intentado subvertir las normas. La psiquiatría en ese entonces se ejerció como una herramienta no solo de control mental sino físico de la mujer.

El documental hace justicia merecida a Ana Rosa, al traer su historia de vida de vuelta, al completar la parte no contada de su vida y decisiones, al instaurarla en la conversación (por incómoda que pueda resultar) en su círculo familiar y aterrizarla en estos tiempos que por avanzados que parezcan, continúan siendo desafiantes para la mujer. Persisten los ataques, los estigmas, los señalamientos y hay otros métodos para cercenar sus libertades y pensamientos. Por supuesto, hace también justicia a una serie de mujeres anónimas usadas como experimento. Esa reconstrucción de la memoria alrededor de este tema, permite abrir diálogos sobre cómo se ha ejercido la violencia sistémica hacia la mujer en el país.

Como decía un testigo del horror en la película: “Que la nostalgia por lo arquitectónico sea borrada por la alegría de que esto nunca más vuelva a ocurrir”.

“Ana Rosa” se encuentra en cartelera alternativa. ¡Busquen verla!

Ficha Técnica

  • Dirección: Catalina Villar
  • Género: Documental
  • Duración: 93 minutos
  • Guion: Catalina Villar
  • Producida por: Cristina Villar, Nicolás Martínez Lozano, Federico Nieto, Fabrice Marache, Raphaël Pillosio
  • Testimonios: Eleonora Rueda Efler, Dr. Hugo Sotomayor, Dr. Fernando Hakim, Dr. Hernán Santacruz, Dr. Enrique Jimenez Hakim, María Angélica Ospina, María Fernanda Pinto, Camilo Rosas, Julia Emma Montero, Eduardo Villar, Ernesto Villar, Leopoldo Villar
  • Fotografía: Mauricio Vidal
  • Países: Colombia, Francia
  • Año: 2024

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