Roma de Alfonso Cuarón – Reseña – El tesoro detrás de los recuerdos de infancia


Por Sandra M Rios U
Twitter: @sandritamrios


Tras una fuerte (y predecible) polémica por las pujas entre la distribución tradicional de cine y las nuevas plataformas, se estrena Roma de Alfonso Cuarón en Netflix a partir del 14 de diciembre.

Roma no solo es la película más personal, contemplativa y emotiva del cineasta mexicano, sino una (o la más) importante de todo el 2018.

El cine ofrece caminos de satisfacción cuando despliega todo su arsenal para vendernos los argumentos más fantasiosos como una realidad. Cuando nos vemos inmersos en sus mundos y nos dejamos deslumbrar por todo lo creado, pero también tiene la maravillosa virtud de hacernos emocionar con lo mínimo, con la simpleza de una historia.

Ese es el caso de Cuarón que de la emocionante ciencia ficción Gravity, nos lleva al reposo, a un viaje introspectivo de los recuerdos de infancia, su infancia, que a su vez es nada ajena al resto de países latinos. El 90% de esta película fue construida por los recuerdos del director en su niñez en la conocida colonia de Roma, en México, de donde toma su título y a donde regresó para grabar en los sitios reales varias de las escenas. El reparto fue buscado minuciosamente para parecerse a los reales y hasta más de la mitad del mobiliario usado fue prestado por sus familiares.

Esos recuerdos de la película están determinados por la figura central de la nana, aquella mujer que presta sus servicios a una familia, ayudando en las labores domésticas incluida la crianza de los niños. Son estas personas externas quienes conocen de fondo la realidad de un entorno familiar y las que de paso aprenden a manejarlo con asombrosa pericia.

Cleo es la nana de origen indígena de Cuarón y a través de su perspectiva conocemos la historia de Antonio y Sonia, una pareja de esposos residente en Ciudad de México en 1970, con sus cuatro inquietos hijos y una mascota. Cleo con discreción presencia el desmoronamiento del matrimonio y se convierte, sin pretensión alguna, en soporte indispensable para la madre y los niños.

Sí, Roma es la historia de una separación familiar, llena de momentos de simple cotidianidad y de pequeñísimos detalles que van desde reflejar el ambiente político del país, en medio de las acaloradas revueltas estudiantiles de la época, hasta las costumbres: vivir en casas amplias, los carros de latas gruesas, las bandas, el cine y los vendedores de barrio, el desayuno, la distribución de los dormitorios para hermanos, el tipo de juegos o las reuniones para ver programas en televisión. También refleja con muchas sutilezas esas relaciones, a veces tensas, entre clases sociales y la servidumbre. Como Roma está cargada de las memorias íntimas de Cuarón, le parecerá curioso a algunos las repetidas tomas a aviones que funcionan como respiro, un escape o distractor y no son más que el deseo cuando niño de ser piloto o astronauta. Compartiéndonos así su afición por el espacio y los viajes.



Esa revisión profunda que Cuarón hace de una familia a través de este personaje es también un ejercicio casi perfecto del quehacer cinematográfico. Un retrato emotivo y trascendental, adornado con una fotografía impecable, en blanco y negro, rodada mayoritariamente con tomas panorámicas, una estética sumamente refinada, un grandioso diseño de producción y un diseño sonoro absolutamente inmersivo. Vuelve a repetir Cuarón la maestría con el uso de planos largos y los maravillosos travellings.  No solo la dirige tras escribirla, sino que también hizo la fotografía y su edición.

Pero volviendo a la historia, el director ha escrito un guion precioso en honor a su nana – texto que curiosamente no reveló al reparto, sino a cuenta gotas a medida que se iba rodando de forma cronológica como suele hacerlo. Y dibuja a Cloe como observadora de una familia, que entiende su rol esencial en un momento tan duro para ellos, pero que también sobrelleva su propio drama. Yalitza Aparicio, el todo definitivo de esta película, es la actriz no profesional que la interpreta, educadora de profesión (de preescolar) en Tlaxiaco, un pueblo de origen mixteco. Sin duda su experiencia con niños hicieron que su actuación tuviera esa orgánica dulzura, sensatez e instinto maternal con el que todos conectamos.

La suma de esos eventos; a veces intensos, otros emocionantes, otros divertidos, y unos muy dolorosos, son los que tejen entre ellos un lazo más profundo que el que se cree solo puede darse con la sangre. Esa es Roma, una película con una historia contada varias veces en el cine sobre las huellas imborrables de la infancia y la empatía de las relaciones humanas, pero pasada por las manos mágicas de un cineasta sensible.

Roma es la representación por México en los Premios Oscar para la categoría de Mejor Película de Habla No Inglesa. Cannes no la aceptó en su programación, pero Venecia sí donde ganó el máximo galardón, el León de Oro. 

La polémica por la distribución vía streaming

Es cierto que esta película por sus inmensas cualidades técnicas es plenamente disfrutable en una sala de cine, pero también es cierto que Cuarón optó por aceptar la distribución vía streaming como una forma de llegar a un mayor público. Con su decisión envía un claro mensaje a la industria y la distribución negligente que le cuesta ceder ante la realidad de este otro modelo que bien lo dice el director mexicano hace parte del “futuro del cine”.

Como sucedió en su momento con las descargas mp3 de la música, la aceptación de la audiencia a estas plataformas provocará el cambio obligado en la industria cinematográfica, de hecho ya se viene dando especialmente desde el año pasado con las producciones serias de Netflix y Amazon, y seguramente Cannes cederá (o se quedará replegado) en sus reglas para permitir que películas como Roma, con distribuciones de este tipo, entren en sus competencias, o que los exhibidores no las boicotean como ha ocurrido en España, cerrando filas al “nuevo” competidor. Allá solo en cinco salas podrá verse esta película – pero esa cantidad, aunque baja, es una absoluta ganancia.

Los exhibidores tradicionales – y también los productores y cineastas -, deberán entender que las salas cine van a quedar para suplir las necesidades de grandes experiencias especialmente para los jóvenes y el cine familiar. El cine 3D, el cine de gran formato (70mm) y 4DX (sillas que se mueven, golpean y soplan viento), salas con juegos infantiles dentro de ellas. Ahí es donde deberán enfocar su negocio.

En una era de globalización, el cine se ha quedado replegado frente al tiempo al que llega a los espectadores con sus productos nuevos. Es muy curioso (por decirlo menos) que en estos tiempos una película que se estrena mañana en Estados Unidos, no pueda ser vista ese mismo día en todo el mundo. Eso ocurre hoy en día solo con superproducciones de los grandes estudios, pero, ¿y el resto del cine qué? Son los intereses particulares de los exhibidores y los viejos modelos de distribución los que hacen que el espectador se vea sometido a ver producciones en salas con uno, dos y hasta tres años de espera. Roma, en la distribución tradicional, habría sido estrenada – por lo menos en estos lados – después que se aseguraran nominaciones y premios. Algunos países con suerte la verían entre enero y febrero del próximo año, y los menos afortunados a lo largo del resto del año. 

Por otra parte, el debate entre que el cine solo es bueno y apreciable frente a una pantalla grande, cada vez es una apreciación más relativa, porque en las casas cada vez hay más televisores de grandes pulgadas y de calidades ultra HD:  los 4K (cada vez más económicos) y 8K con sistemas de sonido súper dignos. El discurso de la injusticia de ver una película en un PC, tableta o dispositivo menor, también se cae por su peso, pues es finalmente el jurado mayor, el público, quien tiene la facultad de decidir cuándo, cómo y dónde verlo, y su decisión debe ser respetada. Ahora, seguramente un cinéfilo experimentado sabrá escoger cuál es el mejor formato para ver determinada película y apreciará cada uno de los aspectos de la misma. Los demás no, y en ese sentido Alfonso Cuarón ha sabido entender la necesidad de llevar su historia a un mayor público que, quizá, no disfrutará o captará de todo el derroche técnico de Roma, pero se sentirá plenamente satisfecho con la historia y el estilo que tiene. Además, es hipocresía de los exhibidores cerrar las filas y hablar de una distribución generosa en el caso de esta película, cuando en la práctica hubiera sido todo lo contrario. El blanco y negro, hablarse en español y en lengua mixteca y su tono contemplativo habrían sido tropiezos y una excusa para una distribución limitada en todas partes. 

Los dos modelos de distribución pueden convivir perfectamente y, como en este caso, hasta cruzarse. Tuve la fortuna de ver la película en pantalla grande y tan pronto se estrene en Netflix la repetiré. Siendo una “entendida” del séptimo arte, me hubiese gustado hacer lo mismo si primero la hubiera visto en la plataforma online. Encantada con lo visto y sintiendo el potencial técnico, habría salido a pagar la boleta para verla en cine. Eso es lo que no comprenden los distribuidores tradicionales en su afán por acaparar el 100% de los espectadores, especialmente la audiencia joven – claro está que apenas lógico su dinámica de rechazo. 

Demos gracias entonces a Netflix  y demás plataformas streaming que siguen empujando cambios en la forma del cómo y cuándo consumimos las películas. A Cuarón también, porque lo que ha hecho con Roma es definitivamente un doble acierto.

Ficha Técnica

  • Dirección: Alfonso Cuarón
  • Guion: Alfonso Cuarón
  • Género: Drama
  • Duración: 135 minutos
  • Reparto: Yalitza Aparicio, Marina de Tavira, Jorge Antonio Guerrero, marco Graf, Daniel Demesa, Carlos Peralta, Nancy García, Diego Di Cort, Verónica García
  • Cinematografía: Alfonso CuarónMontaje: Alfonso Cuarón
  • Música: Lynn Fainchtein, Caleb Towsend
  • País: México
  • Año: 2018



 


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