The House That Jack Built (La casa de Jack): ¿Herencia o egolatría? – Crítica






Por Juan Carlos Lemus Polanía (Twitter: @jclemus)

The House That Jack Built le permitió a Lars von Trier volver a la Croisette siete años después de su expulsión del Festival de Cannes. Sin embargo, el recibimiento fue bastante frío y el Lumiere se fue desocupando durante la premiere de este trabajo en clave de epílogo de la obra del danés.

Apuesto a todo o nada que para von Trier la desbandada que generó su película —dentro del festival que le tuvo como hijo mimado—, por “asquerosa” y “violenta”, fue un motivo de risa y satisfacción. El schadenfreude (la alegría por la desgracia ajena) en carne viva. Apuesto que fue gracioso para el director puesto que la actitud de la platea solo da malas referencias sobre la manera en la que el festival está llevando.

Jack (Matt Dillon) es un ingeniero que se concibe como arquitecto y viaja acompañado por Verge (Bruno Ganz). Para amenizar el trayecto, Jack decide contarle a su compañero sobre dos de sus proyectos personales: la construcción de la casa de sus sueños y su afición por matar seres humanos. Jack intenta una explicación bien filosófica bien teórica del arte que encierra emprender ese par de tareas, además. Verge tiene experiencia en oír estos cuentos siendo una contraparte crítica e inteligente que no se deja manipular ni asombrar con facilidad. En lo anterior se asienta la historia que quiere contar von Trier para en el subtexto hablarnos de lo bello y de cómo y desde dónde esta categoría ha venido siendo considerada dentro del arte. Entre tanto sus intenciones artísticas y de los materiales usados para formar su propio legado cinematográfico. The House That Jack Built es una confesión, y, socarronamente, una explicación de los porqués él hace las cosas que hace.

Sobre los materiales, las anécdotas contadas por Jack van de acuerdo al Dogma 95 con cinematográfica fotografía (35 mm y aspecto 2.39:1) y un sonido proveniente de la acción. Para los porqués y los matices de esos porqués la película recurre al 1.37:1; es decir, que en la explicación de sus referencias el danés llena la pantalla con imágenes televisivas de archivo donde pasan obras de pintores, cineastas, músicos —Glenn Gould y David Bowie empezarán a traer otros recuerdos. Nunca que le ha sobrado humildad a Lars von Trier, y me aventuro con una explicación: en ese contrapunteo de tamaños él aclara que tomando esas influencias él hizo algo más grande. ¿Qué es el arte? ¿Cuál es la tarea del artista? Teoriza el autor en las dos y media horas que dura The House That Jack Built. Sus certezas se meten dentro del modernismo cuando deja de lado el platonismo en el arte y su idea de lo bello, explica. A la manera de Duchamp, von Trier siempre ha tanteado con lo cotidiano como material de su obra; pero dando un par de pasos más por cuanto el danés también incluye como materia de arte lo estúpido, lo perverso, la muerte y el asesinato.

Síncope del artista atormentado, su ready made, patente en las escenas violentas tanto físicas como verbales, le deja buscando respuestas estéticas en la muerte, su materia de arte principal en esta historia. No obstante, guste o no, es innegable qué honestidad hay en The House That Jack Built. Aunque sea brutal, por corrosiva e inescrupulosa, su autor usa los diálogos para inmiscuir al espectador dentro de un soliloquio psicótico en el que debate sus motivaciones y las formas de sus respuestas en tanto se burla de sí mismo, de su supuesta inteligencia y de su falta de elegancia y desfachatez. Así entonces Verge pregunta el porqué de la idiotez de sus víctimas femeninas, y Jack, que por si quedan dudas es el mismísimo von Trier, responde: “Trabajar con ellas es mucho más fácil”. La perla que suelta sobre su supuesta misoginia. Y cuidado, porque Verge también significa en inglés “descender en el horizonte”.

Porque ser honesto no significa que se tenga la verdad, es decir, si se parte de inferencias falsas o si no se terminan de aclarar las contradicciones —como el antiidealismo planteado por su obra, que contrariamente busca respuestas en el platónico más allá, la muerte—. ¿No es la verdad como el horizonte? Más que una meta, un camino lleno de bifurcaciones y parcialidades. Como queda planteado al final de esta película en la que von Trier declara que prefiere “tomar su chance” que ser guiado a donde debería llegar. Habrá, también, que tomarse la tarea con buen humor y esperando que la buena suerte del destino nos acompañe, y Bruno Ganz será recordado por la mejor interpretación Hitler. ¿Qué mejor chiste que eso?

Desde que la obra y su relación con el que la mira ganó preponderancia en el arte, queda en cada uno de los espectadores, pues, la definición y la significación de Lars von Trier dentro de la historia del cine como arte. Para mí The House That Jack Built es un prolijo ejercicio de egolatría en tanto habla de su herencia y se afana como moribundo a explicarla. Al fin y al cabo, y a pesar de que nuestra necedad existencial, se dedique a su negación, la muerte es parte fundamental del proceso vital. Y él ha dejado una casa “que puede ser habitada”, aunque al entrar en ella solo quede un hueco por el que se llega al infierno y su inaguantable zumbido.

Ficha Técnica

  • Dirección: Lars von Trier
  • Guion: Lars von Trier
  • Género: humor negro
  • Duración: 152 min
  • Reparto: Matt Dillon, Bruno Ganz, Uma Thurman
  • Producción: Louise Vesth
  • Fotografía: Manuel Alberto Claro
  • Música: Víctor Reyes
  • Montaje: Molly Malene Stensgaard, Jacob secher Schulsinger
  • Año: 2018

 


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