“Alis” de Clare Weiskopf y Nicolas van Hemelryck. – “Todas agradecen mucho a Alis, porque les permitió decir cosas que nunca habían dicho”.  


Por Sandra M Ríos U
Twitter: @sandritamrios


“Nos gusta mucho profundizar y tomarnos el tiempo en el desarrollo para entender qué película queremos hacer”.

 

Está en cartelera ALIS, el esperado segundo largometraje de Clare Weiskopf, en codirección con Nicolás van Hemelryck, tras su grandioso debut con el documental “Amazona”, en el que nos hizo reflexionar fuertemente sobre esa dicotomía entre el ser mujer y ser madre, que puestos en la realidad responden, en  ocasiones, a expectativas distintas. Ese debut lo hizo a través de una película personal, contando la historia de su propia madre, quien en coherencia con su filosofía de vida de ser ella lo más importante , ha perseguido su libertad, aún cuando eso significara sacrificar la vida de sus propios hijos. La directora en ese entonces estaba en embarazo.

Para este segundo largo, pasa de lo íntimo a una historia con un carácter de responsabilidad social enorme, en el que da voz a un grupo de adolescentes pertenecientes a un internado público (La Arcadia) que las acoge tras vivir en las calles. En ALIS no se disfraza, ni se imposta nada, su realidad se cuenta a través de la imaginación  y un personaje ficticio con el que se acercan a ellas, pero es en realidad un ejercicio revelador y luminoso, un acto de bondad y empatía con sus protagonistas, un llamado a visibilizar estas historias – y de paso ayudar -, y una demostración de coraje y resiliencia.

Conversé con ambos directores tras un larguísimo y exitoso recorrido en festivales el año pasado, donde han cosechado muchos reconocimientos, varios de ellos de jurado joven o del público.

Desarrollando el proyecto se encontraron con una frase cuando Nicolás hacía una certificación holística, que quisieron incorporar a la historia y traerla a la realidad del país. ¿Cuál es y qué hubo detrás?

Nicolás van Hemelryck:  Es “el problema no es la forma como nos relacionamos con el planeta, sino la forma como nos relacionamos con nuestros niños”. En ese certificado hablábamos con el director sobre el cambio social, el medio ambiente y sobre la tarea que tenemos, y ahí él la mencionó. En ese momento le expresé que era perfecta para lo que estábamos haciendo y le dije que lo iba a citar, entonces se volvió como una frase guía en todo el proyecto en desarrollo y él nos acompañó en ese camino, aunque no tuviera nada que ver con el mundo del cine.

¿Por qué Alis?

Clare Weiskopf: Alis dice mucho más de nosotros que simplemente una biografía y también tiene una doble función que es la de protegerlas. La historia un poco nos encontró a nosotros, pero igual para nosotros hay una cosa que nos gusta mucho y es el desarrollo. Nos gusta mucho profundizar y tomarnos el tiempo en el desarrollo para entender qué película queremos hacer.

¿Cómo fue la escogencia de este grupo de chicas?

C.W.:  Pues no hubo escogencia (risas). Ellas nos escogieron a nosotros, o sea, no hicimos ningún casting, ni nada. Todo el trabajo que hicimos siempre fue voluntario, en todo el proceso siempre todas querían. En los talleres a veces nos tocaban 60 niñas, obviamente eso se iba reduciendo a medida que pasaba el tiempo y nos quedamos con 20. Todas eran fuertes y con una personalidad como tan clara. Inicialmente pensamos que iban a participar unas 10 a 12 jóvenes y resultaron las 20. 

El imaginar un personaje para que ellas hablaran de sus experiencias hace que la película desvanezca la línea del documental y la ficción, pero más allá de eso la película se estructuró de forma no convencional para este género. ¿Cómo fue?

C.W.: Normalmente en un documental se hace un seguimiento muy largo y acá fue muy diferente. Fue un desarrollo muy largo, una investigación muy larga, pero el rodaje se hizo en un corto período, más como se realiza una ficción, entonces lo que hicimos fue convocar, contarles lo que íbamos a hacer y pues que ellas voluntariamente quisieron participar, advirtiendo, eso sí, que no todas iban a salir en la película, aunque al final, todas estaban en él (risas).

Entiendo transcurrió un tiempo entre la aprobación para rodar en La Arcadia y la realización. ¿Qué pasó en ese tiempo con el proyecto?

N.v.H:   Creo, no estoy seguro, fue la pandemia. Nosotros ya estábamos listos para rodar y llegó la pandemia. Estuvimos un año encerrados, pero lo hemos terminado agradeciendo, porque nos dio tiempo de seguir trabajando con la guionista, con los editores, con todo el equipo de rodaje y los coproductores. También nos sirvió para tomar distancia con las chicas, con el lugar, con el calor del momento y poder aclarar realmente qué iba a ser la película y cómo.

C.W.: Puesto que se trataba de una institución del distrito, el acercamiento fue lento para poder lograr todos los permisos y pues que ellos entendieran un poco lo que queríamos hacer. Lo bueno es que como llevábamos mucho tiempo haciendo talleres, ellos entendieron de dónde veníamos.

N.v.H: Otra cosa que pasó fue el cambio de alcaldía, que al haber el cambio, cambia el director de todos los institutos distritales, cambian los jefes de todos los departamentos y ese empalme pues toma un tiempo para que el nuevo equipo diga ven, cómo así que están haciendo una película, quiénes son. Como  es un proyecto con menores de edad y en esta situación extrema, es muy delicado, entonces eso también implicó un empalme y que la gente que ya había trabajado con nosotros apoyara y contara todo lo que habíamos hecho a los nuevos directores de los internados.

La película habla de otras realidades del país que también son importantes que el cine las aborde.

N.v.H: Exacto. Como que siempre está muy de moda hablar del medio ambiente y de salvar el planeta. Bueno, todas estas cosas que están pasando ahora, pero muy poco se habla de infancia, de adolescencia, digamos que son temas menos sexys, venden menos, pero realmente lo que no se aprende en casa es muy difícil aprenderlo también por fuera. Los problemas que tenemos en Colombia actualmente, como el narcotráfico, la corrupción, las bandas criminales, etc, han hecho que la infancia y la adolescencia sean secundarios. La película es un llamado a mirar más qué está pasando dentro de nuestras casas, cómo nos criaron y cómo estamos criando, ahí está la clave para poder hacer algún cambio. 

Alis no oculta la dura vida de estas adolescentes, pero nunca lo aborda desde un punto de vista lastimero. Hablemos de su tono luminoso

C.W.: Para nosotros es importantísimo romper esos prejuicios, porque en el fondo son prejuicios que uno tiene de entrada, y creo que eso se logra con el tiempo y con el desarrollo,  no hay otra manera, porque si lo hubiéramos hecho apenas las conocimos, pienso que sería otra película. Siento que teníamos que tomarnos el tiempo para entender realmente quiénes eran y cómo contar la historia. Entonces creo que eso es clave. Lo otro clave es eso que tú dices. Para nosotros, lo tenemos clarísimo, esas películas lastimeras no producen ninguna reacción, para nosotros es importantísimo el público y que el público salga conociéndolas. En esta película están estas jóvenes que son increíbles, que no solo tienen una vida pesada, ellas no se pueden definir solo por eso, se definen por muchas más cosas.

En Alis fue clave ponerlas al frente del público, mirándolas a los ojos, sin escapatoria, y que el público realmente las pueda conocer desde otra perspectiva y no simplemente desde sus historias trágicas. Esto es un llamado de atención, pero digamos que uno sale de la película con el corazón lleno y admirándolas mucho, queriendo darles oportunidad.

¿Sintieron ustedes mismos ese prejuicio cuando empezaron a trabajar con ellas?

C.W.: Claro. También fue como un llamado de atención para nosotros mismos de, bueno,  cómo vamos a contar entonces esta historia, que no sea desde ahí, desde esa fórmula y desde ese prejuicio, porque sí creo que es un prejuicio que al final es nuestro, de todos.

Hay mucha espontaneidad en la película. Hablemos de la forma de conectarse con el público.

N.v.H.: Con Claire, que nos encanta ver documentales y vemos documentales pesados, nos preguntábamos mucho sobre ese tono lastimero, denso. Sabíamos que es algo que pasa mucho, porque el documentalista siente esa labor social de que la gente tiene que conocer determinada realidad terrible que está pasando, pero nosotros creíamos que no era suficiente solo con contarla y quedarse ahí. Eso genera ese rechazo y la gente lo ve y se siente muy mal, entonces prefiere ir a ver otras cosas más entretenidas.

Nosotros sí nos preguntamos mucho cómo hacer películas que hablen de temas urgentes, pero que den más herramientas, que den inspiración, que den motivación y que no se queden solo con mostrar las injusticias del mundo. Queríamos ser propositivos y buscar maneras para que el que vea la película sí sienta el deseo de querer ayudar, que se sienta implicado y que abra discusiones más allá de solo presentar un drama.

C.W.: Para nosotros es muy raro que la gente todavía no tenga en cuenta  que el documental es una película, tanto el público como los propios documentalistas. Yo creo que no hay diferencia entre una ficción y un documental, hay siempre un punto de vista subjetivo y hay que contar una historia. Para nosotros lo más importante es que haya un viaje emocional, que el público pase por un viaje emocional en donde se conecte no solamente con el entretenimiento, sino que vaya un poquito más allá y se conecte con sus propias vivencias, que haya una reflexión y abrir discusiones, nos gusta mucho generar confrontación y que haya temas tabú.

Hablando de temas tabú, la película recibió el Teddy Award, destinado  a las películas con temática LGBTIQ+, pero curiosamente Alis no tiene esa intencionalidad. ¿Cómo recibieron ese galardón?

N.v.H.: El premio Teddy es un premio queer y nosotros nunca hicimos una película queer,  entonces fue una sorpresa gigante que nos nominaran. Clare, al principio, me dijo que negáramos la nominación, porque pensaba que en adelante iban a catalogar la película en algo que no era, pero obviamente no la negamos y se ha ganado otros premios queer y de jurados jóvenes, entonces es impresionante cómo uno hace una película y después hay comunidades y poblaciones, que uno nunca había imaginado, y terminan conectándose con ella. En Berlín fue demasiado fuerte emocionalmente para nosotros.

Sabemos de la reacción del público y la de ustedes. ¿Cuál ha sido la de ellas durante todo el proceso?

N.v.H.:  Digamos que el rodaje tal vez fue la parte más ligera y más intrascendente para las jóvenes. Los talleres de documental previos al rodaje fueron muy movidos. En el rodaje obviamente se movieron emociones,  pero esos encuentros con cada una de ellas, era de una media hora, un poco más, un poco menos. Ahí ellas sabían  que iban a estar en una película, pero no se imaginaban que iba a ser una película de verdad, que iba a estar en los cines. Cuando lo hicieron no se les pasó por la cabeza y ya cuando lo vieron en el cine  y ven la película y se ven ahí, hubo un impacto gigante para ellas.

Todas agradecen mucho a Alis, porque les permitió decir cosas que nunca habían dicho. Ellas también han agradecido al público por verlas, como que  no pueden creer que la gente fuera a un cine y se sentara a verlas. Son chicas que nunca han sido valoradas, nunca nadie ha estado orgulloso de ellas, así que también ha sido lindo ver cómo ellas mismas han podido valorarse.

Con Alis el cine trasciende su frontera y se convertirá en un proyecto para ayudar a esta población vulnerable. ¿En qué consiste?

N.v.H.: Nos dimos cuenta que realmente el momento crítico era cuando ellas salían de la institución a los 18 años, porque pasan de tener todo cubierto a no tener nada. El instituto hace un seguimiento muy cortico, entonces tampoco hay estadísticas  de la gente que ha pasado por estos procesos, cómo ha terminado, si ha terminado bien o no, y pues, en última, si el proceso sí funciona o no.

Nos asociamos con la fundación Tiempo de Juego, con quien ya habíamos colaborado en el pasado en proyectos de ellos, y resultó una alianza increíble, porque nosotros no podemos ser tan ingenuos de pretender que tenemos la respuesta. Uno a veces con buenas intenciones también hace cosas negativas. Ellos en cambio llevan casi 20 años trabajando precisamente con esta población. En ese sentido la película funciona perfecto, porque la gente ve la película y sale con el deseo de ayudar.  Llevamos más de un año trabajando con ellos, estamos ahorita en un piloto del proyecto con las chicas de la película, en talleres de liderazgo, acompañamiento psicológico, en generar los lazos, porque ellas son muy desconfiadas. La idea es que ellas, por participar en las actividades, también reciban un pago. Queremos hacer un proyecto a largo plazo no sólo con ellas, sino con los que van a venir después, hombres y mujeres.

¿Y el tercer largometraje?

N.v.H.: Alis nos ha chupado muchísima energía, tanto haciendo la película como con la campaña de la distribución, no hemos tenido tanta cabeza como habríamos pensado o querido para otros proyectos. Nos fuimos además a Santa Marta, entonces estamos conociendo otro universo donde estamos seguros que hay una riqueza para contar historias gigantes. Tenemos varias ideas para largos y cortos, incluso de incursionar en la ficción, pero son todas ideas muy primigenias, sin ningún tipo de desarrollo. Nosotros  somos más de salir al encuentro de algo, desarrollarlo, trabajarlo y entender qué película es la que hay ahí.

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