Oct
3
2019
21:48
Por Juan Carlos Lemus Polanía (Twitter: @jclemus)
Es común ver que las personas que carecen de cierta habilidad o característica de personalidad se sientan atraídas por las que la tienen a borbotones. Al Capone, Hitler, Pablo Escobar llenan páginas y pantallas cada año con narraciones que nos los retratan. Juanito alimaña, el intratable éxito salsero de Héctor Lavoe, es y será otra muestra de esa fascinación. Pero, ¿y si Juanito es el vecino? Dogman lo expresa sin trabas.
Matteo Garrone (Gomorrah, 2008) sigue en lo que se llama nuevo Neorrealismo para componer en Dogman una historia donde la dicotomía del protagonista pasa por las fidelidades a las que se debe en un contexto donde exaltado individualismo del presente tiene escasísimo campo de acción. El director apuesta además por los cuestionamientos éticos que le caben al público cuando por los ojos de los protagonistas se entiende cómo ese accionar moral se imbrica en el escenario donde estos se mueven.
Seguir leyendo