Entrevista a Estefanía Piñeres, la protagonista de Terror en la laguna


Por Sandra M Ríos U
Twitter: @sandritamrios




“Con este proyecto nos salimos de la zona de confort y en el proceso aprendí un montón”.

 

Después de retrasar su estreno del 19 de marzo por el cierre de los teatros dado la pandemia, mañana se estrena finalmente Terror en la laguna en más de 60 pantallas en todo el país. Nos es habitual que el cine de terror tenga espacio en diciembre, mes destinado más al cine familiar y a las comedias, pero ante la reapertura de 540 salas el pasado 26 de noviembre y dadas las limitaciones que ha impuesto el Covid-19, es una buena oportunidad ver una propuesta distinta a la habitual de temporada. 

La de Felipe Martínez, su primera en este género, es de terror psicológico, una película atmósferica y de personajes que propone un juego intrigante de descubrir qué le sucede a la joven Malorie, quien no recuerda que ha pasado con ella en los últimos días, así como también a su mejor amiga Susan, que se encuentra desaparecida. Este personaje es interpretado por la talentosa, versatil y encantadora actriz y guionista Estefanía Piñeres, una cara conocida tanto en el cine (Afuera de tiempo, Ruido) como en la televisión colombiana (La ley del corazón, Distrito salvaje, Mamá también).

El equipo de producción de esta película no superó las 10 personas, por lo que todos cumplieron varias funciones dentro del proyecto. En el caso de Estefanía, también participó, entre otras, como productora ejecutiva y coproductora con su empresa Letrario.

Este año ha ganado dos estímulos del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, FDC, en las categorías de Realización de Cortometraje Animado por su proyecto “Color-ido” y Escritura de Guion para Largometraje por “Los malditos”.  En esta conversación nos cuenta más detalles de lo que fue su participación en esta película. 

  • Entiendo fuiste el enlace para que Felipe (director) y Javier Delgado (productor)  terminaran encontrándose y produciendo esta película

Digamos que hubo mucha sincronía en todo esto y yo le que hice fue juntar una serie de voluntades. Yo había llegado de México hacía muy poco y tenía muchas ganas de empezar a explorar nuevos espacios para crear, que no solo estuvieran vinculados al trabajo que venía haciendo en televisión. Por esos meses conocí a Felipe, que además estaba en un proceso similar. Él venía de estar en México de hacer una serie de series para FOX y también estaba con sed de buscar otros panoramas.

En una conversación de esas me comenta que le fascina el género del terror y quisiera hacer una en inglés. Me dice que quiere hacer algo muy de guerrilla, controlado, distinta a “Doble” que era la que estaba produciendo por ese momento. Felipe había visto el tráiler de “La sirga” y le pareció que el escenario de la Cocha era fantástico. Yo era socia de Carolina y Javier en “Boonet” y sabía que ellos eran los perfectos para el proyecto porque están muy ligados a ese lugar y a Nariño en general, porque Javier es de allá y ha hecho muchas cosas por impulsar el departamento.

  • ¿Quién es Malorie?

Esta película no tuvo guion, entonces lo que teníamos claro del personaje y que habían ideado inicialmente Jorge de Dios (cocreador de la historia) y Felipe, era acerca de una chica que había estado en una clínica psiquiátrica y se escapaba. A ella no solo la perseguían los del hospital sino también quienes hacían parte de las circunstancias por las cuales llegó a ese lugar. El nombre de Malorie proviene de Felipe, que digamos que tiene una tradición en sus guiones y es que sus protagonistas tienen nombres que comienzan por M.

  • ¿Cómo se construyó este personaje?

Para mí honestamente gran parte del trabajo del personaje tuvo que ver con las circunstancias del rodaje que no fue convencional, es decir, no tuvimos tiempo para pensar, preparar o construir, sino que nos lanzamos todos al agua e íbamos viendo cómo surgía. Yo no hice un trabajo extenso previo, sino que trabajamos y creábamos durante los ensayos. Antes de entrar a la acción yo estaba o limpiando algo, o maquillando a alguien, o poniendo algo en el set, o trabajando en algo de producción.

  • Malorie es un personaje dramático pero llevado al terreno del terror, ¿cómo fue el trabajo para encajarlo dentro del género?

El terror tiene unos códigos muy definidos y creo que en esta película quedaron muy claros. Con Malorie hay un tema de respiración que fue súper importante, porque es un personaje que hiperventila mucho, entendiendo que ella está fuera de sí, que no sabe qué es lo que está pasando y piensa que la amenaza está afuera todo el tiempo y, además, la película maneja un suspenso. En Malorie hay una constante anticipación y cada vez que se siente en peligro se le acelera la respiración. En Terror en la laguna hay muchos silencios.

  • ¿Trabajaste a Malorie teniendo en cuenta algún referente?

En términos generales yo poco trabajo con referentes porque no está muy en mi método. En general, a menos que hayan personajes que yo sienta que necesitan una psicología distinta como actriz, hay un tema de micromanejo, es decir, que lo que prima es la intuición consciente teniendo muy en claro en dónde estamos y para qué estamos en determinada escena.

  • La locación fue definitivamente una compañera más de ustedes en el reparto

Definitivamente. La inmensidad de este lugar y su atmósfera ayudaron mucho para que fuera un personaje más, además la película maneja un tema geográfico no muy explícito que nos facilitó a nosotros como actores, pues no había que esforzarse porque la atmósfera se sintiera cargada, sino que el lugar y las locaciones ya nos daban eso. La laguna fue súper benévola y nos ayudó en todo el sentido, porque al no tener luces, estuvimos a merced del clima y la luz natural. Eso sí, para lograr lo que quería el fotógrafo, nos metimos unos madrugones tremendos. La Cocha es un sitio precioso, de una energía muy bonita y sanadora, eso sí, muy frio. Donde nos quedábamos no salía el agua caliente y el agua salía con poca fuerza, así que eran duras las madrugadas, pero alrededor de eso también hay anécdotas muy divertidas.

  • Como se trató de un trabajo muy in situ, de improvisar ¿cómo se coordinaron entre los actores?

Digamos que yo afortunadamente estuve rodeada de dos actores súper profesionales como son Carolina (Cuervo) y Jose (Restrepo). Esta película creo que dependió de la relación que tuvimos dentro y fuera del set. Como había una profunda camaradería y estábamos un poco a merced de lo que sucedería, hubo un trabajo de escucha muy interesante y estábamos muy conectados el uno con el otro porque sabíamos que teníamos que resolverlo ahí mismo.

  • ¿Y eso mismo con el director?

Hubo un tema muy bonito de negociación actor-director, director-actor, del cómo abordamos no solo emocionalmente sino también desde lo estructural y dramatúrgico. Cuando ya definíamos eso se escribía la escena. Entonces digamos que sí hubo un guion que se fue escribiendo en la propia locación. Con Felipe y Carolina coincidimos mucho en que con este proyecto nos salimos de la zona de confort y en el proceso yo aprendí un montón, entre otras cosas, por ejemplo, reconocimos que tener un guion previo, que contenga toda la filigrana, es muy importante.

  • Hablemos de la experiencia de rodar en inglés

Retadora. Yo viví algún tiempo en Estados Unidos y casi que el inglés fue como mi primer idioma, pero siento que mi idioma, en el momento del rodaje y ahora, está de alguna manera oxidado. En ese sentido la película me abrió los ojos, porque cuando Felipe me ofreció el personaje y me dijo que hablaríamos en inglés acepté de una, pero entendí después que abordar un personaje en otro idioma tiene otro color, no solo a nivel de lenguaje. Todos tuvimos momentos en que no sabíamos cómo decir algo que tuviera la misma fuerza que como se diría en español. Tienes una parte de tu cerebro ocupada en decir las cosas en otro idioma.

  • ¿Cuál es el momento tuyo favorito en la película?

Yo le tengo mucho amor a la escena del cobertizo. Una escena que incluso la rodamos en Bogotá, en casa de Carolina, y es la que usamos para la campaña de crowdfunding. Le tengo amor por muchas razones: A nivel dramatúrgico es una historia importantísima porque Malorie entiende algo vital en la película sobre su amiga, lo que implica un primer punto de giro en la historia, entonces deja de pasar de ser un personaje pasivo y encerrado. Le tengo amor además porque fue la primera que hicimos y porque fue la que al final hizo que se lograra la consecución de recursos que necesitábamos para la producción.

  • Además de tu trabajo como actriz, ¿en qué más colaboraste para la realización de la película?

Como el espíritu de este proyecto era sacar la peli adelante a como diera lugar y poner todos al servicio de ese propósito cualquier tipo de habilidad, en esa medida trabajé como actriz, hice algo de producción ejecutiva ya para la etapa final, encargándome de una serie de documentación muy tediosa. Pero todos igual en algún punto nos encargamos del gathering, del set, hice diseño de piezas promocionales, pues yo estudié publicidad, e hice también el maquillaje del fantasma que aparece en la película.

Cuando nos conocimos en un festival de cine en la isla de San Andrés, me comentaste unas anécdotas divertidas alrededor del maquillaje

Sí (risas). Una fue con la sangre. Recuerdo que yo alguna vez le pregunté a alguien sobre cómo se hacía el maquillaje de la sangre y me dijo que con miel y colorante, entonces conseguimos esos elementos e hicimos la mezcla. En una secuencia me la unté en la cara y lo que empezó a pasar es que mi piel comenzó a absorber el color del colorante y a medida que pasaba la secuencia la mancha era cada vez más grande y más fucsia y después de rodarla duré como diez días con la cara manchada (risas).

Pero antes de finalizar, también recuerdo otra que tuviste, donde sí pasaron un gran susto y te dejó hasta una cicatriz, ¿cuál era?

Era una secuencia en la que debía seguir corriendo porque Jared (Jóse Restrepo) me estaba persiguiendo. Nadie había hecho como la labor de scouting, así que yo sencillamente empecé a correr y de repente salí del cuadro. Lo que pasó es que había una especie de arbustos que habían sido cortados y les habían dejado parte del tronco. Caí y mi mentón cayó sobre otro pedazo de tronco afilado. Fue una cortada importante que iba del mentón al cuello. Me quedó por un tiempo la cicatriz.


 


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