Entrevista a Xavier Guerrero Yamamoto, responsable del regreso de Alejandro Jodorowsky al cine


Por Sandra M Rios U
Twitter: @sandritamrios


“Durante los 23 años que no hizo cine, Alejandro se dedicó mucho a la psicoterapia y a la psicomagia, entonces cuando vuelve al cine lo hace de forma diferente, emocional. Ahora graba desde la emoción.”

 

Detrás del regreso a la pantalla grande del reconocido cineasta Alejandro Jodorowsky está Xavier Guerrero Yamamoto, un ingeniero industrial que cambió su  vida  y carrera inspirado por este autor y artista franco chileno  y lo motivó, tras 23 años,  para hacer una serie de nuevas producciones.

En 2013 el público seguidor pudo ver su obra personal La danza de realidad y en 2016 la continuación con Poesía Sin Fin, que tras su lanzamiento en la Quincena de Realizadores en Cannes, se ha estrenado en Colombia (ver ciudades, salas y horarios).

La experiencia de convertirse en productor de un artista como Jodorowsky ha dejado anécdotas inigualables, visiones claras de la industria del cine y reafirmaciones sobre la verdadera libertad expresiva en el arte. Alejandro Jodorowsky a sus 89 años sigue plenamente activo, con más producciones cinematográficas en camino, entre ellas, la que será su primera obra documental, que tratará precisamente sobre otro de sus sellos, la filosofía de la psicomagia.

Inmersos en esta nueva producción, conversamos desde París con Xavier.

  • ¿Cuál es la historia detrás de tu cambio de carrera de la ingeniera industrial a la producción cinematográfica?

Bueno, yo seguí la estructura familiar, lo que mis padres querían. Yo era el ingeniero, la extensión de mi padre y por eso lo estudié. Me preparó mi familia para ser una máquina y continuar los negocios, pero yo estaba muy frustrado, no encontraba la magia de la vida, no estaba realizado. Así que un día decidí dejarlo todo, dejé a mi familia, me amenazaron de desheredarme y así partí a Londres donde estudié cine en el London Film School, ahí hice un máster en realización.

  • ¿Con la idea  entonces de hacer tus propias películas?

Más que todo con la idea de encontrar a un grupo de surrealistas para hacer lo que había visto en las películas y lo que había leído en los libros de Alejandro (Jodorowsky). Allá me di cuenta que las escuelas son la misma cosa, son incluso peor que los negocios. Son muy rígidas, ya no existe la creatividad del arte, todo es una fórmula que los profesores te hacen repetir, de códigos de cómo se deben hacer las cosas.

  • Volvió entonces la frustración.

Claro. Yo decía que no era posible. Mis amigos me decían que estaba loco. Yo había dejado todo, un súper buen trabajo, para encontrarme con eso. Pasó un tiempo y me dije que eso no era lo quería para mi vida, así que dejé tirada la escuela y me fui a Paris a buscar a Alejandro. Yo sabía que él frecuentaba los miércoles un café de allá, ahí lo encontré y le dije que era cineasta y que hiciéramos algo juntos.

  • De ese encuentro buscado como seguidor de la obra de Jodorowsky a definir hacer las películas, ¿cómo fueron las conversaciones?

Tuvimos más conversaciones, hicimos unas pequeñas conferencias juntos y de ahí comencé a convencerlo de volver a hacer cine y de llevar a la pantalla “La danza de la realidad”.

  • ¿No fue difícil convencerlo de volver a hacer cine?

Alejandro se deja llevar por la intuición y él me vio honesto, así que las conversaciones fluyeron. Es curioso porque él no hizo cine por 23 años debido a los productores, que son los tradicionales, que buscan fondos de ayudas del gobierno, que están muy seguros con los sindicatos. Conmigo él vio esa seguridad de permitirle hacer todo y que además estaba dispuesto a arriesgarlo todo. Alejandro me contaba que por ejemplo “King Shot” se cayó porque el productor hizo fondos, coproducción en varios países y le faltaron cien mil euros en España de un fondo que no salió y por eso dejaron de hacer una película. ¡Imagínate! Cuando ya habían recolectado casi tres millones.

  • ¿Y los recursos?

Yo tenía mis ahorros de trabajo y los ofrecí. No eran mucho para hacer cine (risas).

  • ¿Cuánto?

Doscientos mil euros. Todo lo que tenía. Alejandro también puso sus ahorros, cuatrocientos mil euros, y nos propusimos hacer cine. Después nos llegaron dos milagros; dos productores más, uno mexicano que puso un millón y después un francés amigo de Alejandro que puso otros dos millones. Nosotros hablamos mucho del código samurai, de ser totalmente honestos y todo eso lo transformamos, en el fondo, en un código de trabajo que tenemos.

  • Dicen que entre amigos a veces las cosas resultan más fáciles

Sí, es que todo se fue formando muy rápidamente. Fue un reencuentro que dio sus frutos, pues a los seis meses ya estábamos preparando la película en Chile.

  • ¿Cómo hiciste para ir resolviendo todas las necesidades de una producción sin contar con toda la experiencia?

Nuestra primera etapa fue La danza de la realidad y cuando llegamos a Chile, yo sabía que no contaba con la experiencia para hacerlo, entonces busqué a la mejor productora chilena para organizar toda la película, pero durante la preproducción me di cuenta que chocaba todo el tiempo con las ideas de Alejandro. La productora todo el tiempo nos decía que las cosas no se hacían así, cuatro o cinco veces al día con lo mismo. Entonces me tocó prescindir de ella y tomar su lugar y empezó toda una aventura para mí porque el 40% del resto del equipo tampoco creía que Alejandro estaba haciendo las cosas bien, no tenían la convicción que la película iba a resultar.

  • Bueno, es que se trata de una producción y un autor no convencional

Teníamos a la industria en contra (risas). Literal. Pero es algo que pasa más a menudo de lo que parece. Hace poco veía en una entrevista a Alfonso Cuarón donde hablaba de ese plano secuencia hermoso de “Niños del hombre”, uno de los más aplaudidos, y él contaba que habían pasado tres días preparándolo a pesar que la mitad de su equipo no quería que se hiciera. Es que eso de dudar es algo del ser humano.

  • ¿Cómo entonces lidiaste con la parte técnica preparada para hacer cine tal cual le enseñaron en las escuelas?

Bueno, nosotros despedidos a quienes debíamos despedir, porque Alejandro como director es muy, muy fuerte y debíamos seguir fluyendo, firmes. No era fácil, porque Alejandro es muy decidido con lo que quiere y llegaba a un set y lo podía cambiar cuantas veces quería y en una misma semana, lo que por supuesto generaba muchos choques. Ahí me sirvió la ingeniería, porque me di cuenta que tenía que crear una fábrica al lado, que estuviera constantemente en la fabricación del arte, ese era el que más había que planificar. Esa fue la fórmula, además de constituir un equipo flexible, sin que eso representara más presupuesto, sin perder calidad. Muchos cuando ven la película se aterran y me preguntan cómo la llegamos a realizar con tan poco dinero. Por otro lado, Alejandro es una persona muy inteligente, entonces cuando algo no se podía en realidad, yo le decía y él se adaptaba y cambiaba el guion.



  • Poesía sin fin es una superproducción no por presupuesto, pero si por el tema logístico y todo el montaje detrás de una película de ambientación, rodada en las calles de su pueblo en Chile.

Así es y eso implica unos desafíos que se fueron resolviendo de muchas maneras, algunas graciosas. Alejandro quería rodar en los sitios donde pasaron las cosas porque para él ahí hay un espíritu mágico. Matucana es una de las calles más transitadas de Chile, entonces imagínate lo que significa poder rodar en esa calle. Era algo prácticamente imposible, por eso cuando pedimos los permisos solo nos dieron la mitad de la calle, pero llegó un punto en que Alejandro me dijo que no podía, que necesitaba que se cerrara la calle completa, entonces secundando su idea hicimos una barricada con los camiones y desviamos el tráfico de manera muy planificada, pero era sin permiso, así que llegó la policía e hicimos todo para dilatar que me encontraran, casi una hora, y cuando ya me acerqué a ellos me pidieron que abriera la calle inmediatamente o me llevaban preso, yo accedí (risas) a que me llevaran preso, mientras tanto le di tiempo a Alejandro y a todo el equipo de rodaje para que filmaran como él quería (risas). Luego el Ministro de Cultura nos ayudó, habló y me liberaron.

  • Esos son los increíbles gajes del oficio

Pues imagínate. Ya me liberaron en la noche y al regresar, todo el equipo de producción me aplaudía y me recibieron como todo un héroe (risas). Al final se trata de eso, de tener una fe absoluta en la obra, de no tener miedo.

  • ¿Entre el rodaje de La danza de la realidad y Poesía Sin Fin cuánto tiempo hubo?

Nos tardamos dos años en pasar de una película a la otra, porque cuando terminamos La danza de la realidad teníamos un muy buen distribuidor, Pathé, y estábamos muy entusiasmados con eso. Pensábamos que se nos facilitarían las cosas y que estábamos en muy buenas manos, pero no, fuimos muy ingenuos, pensábamos que estábamos en el cielo y que tendríamos un resultado económico favorable. El cáncer del cine está en la distribución, ahí está la gran dificultad, hay todo un sistema económico bien complejo, porque tu película en realidad hace parte de una cartera de películas que son las que se manejan en todo un año, con lo que minimizan el riesgo pero para ellos, pero en todo ese proceso también te esconden los resultados, financieramente hacen que los pagos sean diluidos, te pagan muy tarde o no te pagan, mientras ellos recuperan todo porque están protegidos por contratos. Uno cree que le están haciendo un gran favor por escoger tu película, pero realmente se alimentan financieramente de lo que escogen. No es ningún favor. Entonces en un mercado tan competitivo como lo es acá en Francia, donde se estrenan 20 películas a la semana, se hace prácticamente imposible recuperar el costo financiero. Es por eso que cambiamos con lo aprendido en La danza de la realidad, tomamos experiencia con lo que ocurre en la realidad del mercado (risas) y nos propusimos hacerlo diferente con Poesía Sin Fin.

  • ¿Siempre se pensó hacerle una continuación a La danza de la realidad?

El guion de la danza lo adaptó hasta cierta parte, hasta Tocopilla. Quedaba faltando toda la parte de los poetas que para mí es la preferida de sus libros y se le ocurrió que se podría escribir no una secuela, sino una trilogía, en donde “La danza de la realidad” sería la niñez, “Poesía Sin Fin” sería el rencuentro con la poesía y “Viaje esencial”, el reencuentro con la magia, el surrealismo y el esoterismo mexicano, que es un proyecto que estamos preparando ahora mismo. Pero además del libro de “La danza de la realidad”, hay otro llamado “El maestro y las magas” y también una secuela llamada “Donde mejor canta un pájaro”. Con esas tres obras hay ya como siete guiones posibles (risas).

  • ¿Cuál fue más difícil en términos de producción?

Tocopilla en “La danza de la realidad” es un pueblo pequeño de 27 mil habitantes y se nos facilitó mucho el rodaje. Cambiábamos de sentido las calles, cortábamos la luz, eramos el show del pueblo, tuvimos acceso a extras ilimitados. Fue un gran set a disposición nuestra. Pero la dificultad mayor se dio con Poesía Sin Fin, pues decidimos financiar la película nosotros solos, entonces hicimos crowdfunding, porque a pesar de tener un inversionista que es para nosotros un mecenas y nos daba plena libertad, todo el tiempo faltaba dinero. Económicamente fue muy difícil Poesía Sin Fin, pero al final pudimos llegar a buen término.

  • ¿Cómo es la relación de Jodorowsky con los actores?

Alejandro es un director que los tira al fuego absoluto y si los puede sorprender lo hace. Lo primero es que no los entrena para nada. Los manda a la guerra. Es improvisación absoluta. Regularmente es de muy pocas tomas y de muy pocas repeticiones y usualmente se queda con la primera porque en la primera está la sorpresa y eso ayuda mucho en términos financieros también. Puedo decirte que en las tres películas que hemos hecho, hemos repetido unas tres tomas, en una lo hicimos porque se murió una actriz en Poesía sin Fin, es decir, casi que por necesidad absoluta.

  • ¿El tema de los decorados es muy importante en la película porque es la que resuelve aspectos críticos a la hora de ambientar la época del cincuenta?

Esa parte es muy divertida. Te decía que el 40% de la gente que estaba en contra, muchos de ellos eran del departamento de arte porque decían que no se lograría ambientar la época sin intervenir los letreros de bancos, las calles pavimentadas, etc. Y ese intervenir era que Alejandro solo pedía que fuera pintada, algo que para ellos no era suficiente. Él les explicaba que lo que quería hacer era algo atemporal, recrear sus recuerdos sin ceñirse estrictamente a una época. Con los decorados él resolvió eso. En La danza de la realidad, ves un camión transformado en tanque, usando dos fotografías gigantes. De ahí le quedó la idea y puedes ver, por ejemplo, en Poesía Sin Fin, a un tren que se cambió de época usando el mismo truco, o en la escena de las fachadas. Lo que se hizo entonces fue entrar en un mundo de recuerdos más que pensar en lo que es históricamente correcto.

  • Esta es la película más emotiva del cineasta y quizá la más personal. ¿En ese sentido algunos momentos o escenas fueron complejos para él?

Sí, la clave ahí está en apreciarla pensando un poco en toda su filmografía. Si nos retrocedemos a sus clásicos, vemos que tienen una mística increíble, pero son muy intelectuales, no hay una conexión emocional. Durante los 23 años que no hizo cine, Alejandro se dedicó mucho a la psicoterapia y a la psicomagia, entonces cuando vuelve al cine lo hace de forma diferente, emocional. Ahora graba desde la emoción. Antes lo hacía desde su intelecto. A muchos fans eso les choca o les ha costado estas últimas películas. Les costó asimilar al nuevo Jodorowsky. Algunos no han podido, otros sí, y otros nuevos se han impresionado.

  • Dos horas y algo más de duración, ¿cuánto rodaron y cómo fue el montaje?

Grabamos 50 horas de material con dos cámaras. Ocho semanas de rodaje y montamos muy rápido, en dos meses.

  • Trabajar tan de cerca con un artista como Jodorowsky debe ser una experiencia única e intensa. ¿Qué has aprendido a su lado?

Claro. A mí lo que más me ha marcado es el código moral que hemos construido juntos. La total honestidad. Cada cumpleaños yo le regalo una espada samurai, yo tengo una katana y él otra (risas).

  • Detallemos más de lo nuevo que están trabajando.

Acabamos el rodaje de “Psicomagia: Un arte que sana”, el primer documental de Alejandro, pero no hay entrevistas, sino que todo es en movimiento. Lo interesante de este otro proyecto es que fuimos al extremo de la improvisación, innovamos. Todo el rodaje es improvisado, muy flexible. Con un equipo hiper reducido de cinco personas, intentando capturar el milagro, ese suceso que pasa cuando Alejandro receta un acto psicomágico y cómo se desencadena una sanación. Algo muy interesante. El desafío estará en la posproducción y su montaje, el rodar con una sola cámara, pero ahora que recién hemos empezado la posproducción nos hemos sorprendido con las primeras cosas que hemos visto y hemos logrado.

  • ¿Dónde lo rodaron y cuándo planean estrenarlo?

Se rodó en París y pensamos estrenarlo muy pronto. Vamos a presentarla a Cannes el próximo año y de inmediato llevarla a Colombia. Estamos muy contentos con la distribución allá y queremos proponerles para que salga en Colombia lo antes posible después del festival.

  • ¿Y algo más con él o proyectos propios?

Sí, Alejandro ya está escribiendo “Viaje esencial” que será en México y hay también una animación que a mí me encanta, pero aún está en etapas muy tempranos.




 


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