Reseña de Another Round (Drunk) de Thomas Vinterberg. Una borrachera de honestidad




Por Daniel Andrés Ruiz Sierra (@TatoRuiz)

El año pasado aparecía una noticia que se leía como auténtica curiosidad en medio de tanto caos por aquel monstruo que sigue vivo. En Dinamarca se prohibiría la venta de alcohol después de las 8 de la noche. La decisión no respondía a la pandemia, sino a una suerte de tregua entre tanta fiesta y ruido. Y claro, una posible medida a un alcoholismo que parece no parar de marcar altas estadísticas de decesos, y fiel acompañante de la depresión. Lo anterior no tiene interés alguno, salvo porque me vino a la cabeza luego de ver Drunk (Another round), lo nuevo del inquietante Thomas Vinterberg, que ha logrado colarse entre las nominadas de los Globo de Oro, y pone como excusa el alcoholismo en Dinamarca y la hipocresía social alrededor del tema para contar una historia de fracaso y crisis de masculinidad.

Se cuenta aquí que un grupo de hombres de mediana edad empiezan a sentirse estancados en sus vidas. La voz cantante la pone Martín (un enorme Mads Mikkelsen), un tipo aburguesado que trabaja como docente de historia en un colegio y evidencia una crisis emocional que repercute en su vida familiar, laboral y social. Una buena noche, Martín junto a sus tres mejores amigos acuerdan hacer un experimento: mantener una mínima tasa de alcoholemia a lo largo del día para intentar sobrellevar sus vidas, mientras anotan apreciaciones en un diario pseudocientífico. El argumento (y el experimento) de interesantes magnitudes, se da ante una teoría que afirma que el ser humano tiene menos porcentaje de alcohol en la sangre de lo que debería para tener una vida completamente satisfactoria.

Y comienza entonces la diversión que, entre otras, da la razón a la teoría de que un poco de alcohol nos aligera la vida. Inmediatamente todo parece mejorar. Martin logra conexión con sus muy jóvenes estudiantes, redescubre su interés por enseñar, y experimenta una persistente renovación en su vida familiar. Y pasa lo mismo con sus amigos (que también trabajan en el colegio). El profesor de música parece encontrar mejor inspiración y motivación, y empieza a sentir efervescencia el que trabaja como docente de educación física con unos alumnos que parecen tan pequeños e insignificantes. Pero las ansias por mantener la buena vibra y el equilibrio perfecto no puede parar, y como naturalmente ocurre con cualquier otro vicio, abusar de él lleva a consecuencias muy duras. Los amigos deciden ir un paso más allá, lo que empieza a complicarles aún más sus vidas y, claro, a dilucidar esa serie de problemas que habían intentado no mirar, evidenciando que el alcoholismo por sí solo, no es precisamente el origen del problema, es, con seguridad, el acelerador para reconocerlo y recrudecerlo.

Afortunadamente la película no resuelve ponerse educativa ni tomar partido de un solo lado de la situación. El abuso del alcohol y la despreocupada mirada de bebedores es la excusa perfecta para hablar de las profundas emociones de un grupo de hombres mediocres que no saben cómo lidiar con sus vidas y a quienes les preocupa, entre otras, si ahora lucen como hombres aburridos. El hastío de Martin lo lleva incluso a rechazar la bebida, hasta que es rápidamente convencido con la improbable teoría, y luego de soltarse unos lagrimones en la que es quizás una de las mejores y más emotivas escenas de Drunk. Una escena en la que el hombre reconoce el vacío en el que está inmerso y sus amigos heterosexuales le reconfortan, dibujándonos inmediatamente el panorama detrás de todo el divertido exceso del que hacen crónica.

No es muy usual encontrarse con propuestas cinematográficas que aborden con tanto cinismo, profundidad y conmoción la crisis masculina y el fracaso, que no se limita exclusivamente a los protagonistas de mediana edad. Vinterberg complementa el relato de esos hombres tan lamentables con otras historias en momentos cruciales de la vida, como el estudiante de secundaria que está harto de fracasar, y el pequeño jugador de fútbol que en algún momento parece encontrar el momento de revancha de la mano de su profesor de educación física. Es inevitable no recordar la muy sublime “Husbands” de John Cassavettes, pues en el centro de toda la crisis, está también la premisa de que la amistad (acompañada del trago) es tremendamente vital para sobrellevar las cargas naturales de vivir.

Drunk, que además brilla por su magnético y muy creíble reparto masculino, me parece una propuesta portentosa. Es un relato completamente realista y que solo en su final se atreve a dar un salto que resulta poético, fantasioso e ilógico. También irremediablemente esperanzador con su público, que sin duda sufrimos para que no diera rienda suelta a un argumento que se tornara conservador y castigara el libre uso del alcohol. Algunas veces hay que ayudarse un poco para gozarnos la vida y lograr con ello una borrachera de honestidad.

Esta reseña hace parte del Especial Temporada de Premios 2021. Clic aquí para ver más nominadas.

Ficha Técnica

  • Dirección: Thomas Vinterberg
  • Guion: Thomas Vinterberg, Tobias Lindholm
  • Género: Comedia, drama
  • Duración: 115 minutos
  • Reparto: Mads Mikkelsen, Thomas Bo Larsen, Lars Ranthe, Magnus Millang, Lars Ranthe
  • Cinematografía: Sturla Brandth Grovlen
  • Montaje: Anne Osterud, Janus Billeskov Jansen
  • Música: Janus Billeskov Jansen
  • País: DinmarcaAño: 2020

 

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