Fue un error no aceptar la categoría de Mejor Película Popular en los Oscars


Por Sandra M Ríos U
Twitter: @sandritamrios


En la ceremonia 91 anoche de los Oscars las películas populares terminaron imponiéndose sobre las producciones independientes, dejando a las que partieron como favoritas con escasos reconocimientos. Roma de 10 nominaciones obtuvo tres premios y La favorita, también con 10 nominaciones, solo contabilizó una.

El aprendizaje de esta edición bañada en controversias ha sido que fue un error no aceptar la categoría de película popular en los premios del cine con más resonancia global.


Green Book y Bohemian Rhapsody, dos películas que conquistaron al gran público (pensadas esencialmente para eso), terminaron reinando la noche del domingo por cuenta de llevarse el premio a mejor película del año, la primera, y sumar un total abultado de cuatro reconocimientos, en el caso de la segunda.

Desde las nominaciones se podría haber anticipado lo que sucedería cuando el cuadro de candidatas dio espacio a películas populares, de grandes estudios como Black Panther (Disney), Bohemian Rhapsody (Fox), A Star Is Born (Warner), Mary Poppins Returns (Disney) y hasta la propia ganadora de esta edición, Green Book (Universal Pictures).

El año pasado ante el rechazo contundente de la industria misma y un sector, no poco de la audiencia, la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood se echó para atrás en su decisión de ampliar las categorías a una más que incluyera estos blockbusters, las películas de verano y taquilleras que encantan al gran público y es a quien apuestan para seguir ampliando la audiencia que año tras año ve la transmisión de los Oscars. Pero a la final, en la práctica con lo que vimos ayer, la Academia terminó imponiendo su idea nominándolas y premiándolas. De las 8 nominadas a la Mejor Película solo la mitad era de carácter independiente o semi independiente (Vice, The Favourite, BlacKKKlansman y Roma). A la final, el quid del asunto es la complacencia hacia el público joven.

El hecho se pone aún más en evidencia al observar las nominadas en los Spirit Awards, los premios independientes estadounidenses. ¡El divorcio con los Oscars este año fue absoluto! Como no ocurría desde hace 11 años, ninguna de las películas elegidas en su categoría de Mejor Largometraje (Eight Grade, First Reformed, If Beale Street Could Talk, Leave No Trace, You Were Never Really Here) hicieron parte de las nominadas en igual categoría en los Premios Oscar. En el resto de sus categorías tampoco figuraron otras películas independientes que hicieron parte de festivales, temporada de premios y gozaron de la aceptación del público alternativo como Burning, Wildlife, Hereditary, Private Life, The Tale, Suspiria, We The Animals, Mandy y Sorry To Bother You. La lista se crece con otras figurantes en otros premios como Destroyer, Boy Erased, The Old Man & the Gun, The Rider y Tully. Tantas fueron las ausencias que incluso algunos medios internacionales, y ajenos a Reino Unido, adicionan entre las olvidadas a la muy exitosa Paddington 2.

El costo de no haber segmentado en una sola categoría las superproducciones representó un alto precio de cara a hacer prevalecer su idea de premiar la “excelencia de los profesionales en la industria cinematográfica”. Así que habrá que replantearse la decisión de cara al futuro de los Oscars, de cara a proteger las películas pequeñas, que nacen así justamente porque no se corresponden a estándares preestablecidos y porque en virtud de su esencia creativa no ceden a las leyes del mercadeo y el consumo, o por lo menos, no desconociendo que este aspecto hace parte inevitable de la cadena, se las arreglan para mediar entre ambos.

Como se dieron estos premios, sirvió de termómetro para que los grandes estudios sigan intentando, ahora más que nunca, poner más películas del corte en el que se especializan en la categoría más importante de la jornada. No será necesario incluso para ellos invertir ahora en pequeños proyectos para poner una cuota en los Oscars y sostener una presencia, así que puestas las nuevas reglas de juego, en adelante podrán incluso hacer moñona. Así mismo lo hará el incómodo (para muchos) Netflix, pero quizá ya no con una obra casi maestra como Roma, sino con su interminable lista de producciones, entre ellas muchas, de dudosa calidad.  No aparece aún en el radar una productora que asuma el vacío de la Weinstein Company, que con su gran olfato y sagacidad literalmente robaba a los grandes estudios los espacios de figurar en categorías ajenas a las técnicas. Lamentable, eso sí, las prácticas y aprovechamientos descarados de uno de los hermanos dueños de esta otrora líder compañía productora y distribuidora de cine, el travieso Harvey, pero ese no es el punto aquí. (Ver la lista completa de ganadores Oscars 2019)

El debate ahora no es si la gala funciona o no con anfitrión. Si faltó chispa, si estuvo muy sobria y faltaron verdaderas sorpresas. La discusión debería centrarse en esto; en la batalla por lo que se premia finalmente en los premios más queridos del mundo. Los People’s Choice Awards homenajean el cine que genera emoción entre la gente, así que es válido que se eleve un reconocimiento por eso. Los Critics’ Choice Awards, por el contrario, procura celebrar el cine más riguroso posible y así se da peso a las producciones que van replanteando con su lenguaje la historia del cine mismo. Entre tanto, los Oscars lucen desorientados desde que han querido complacer los llamados de inclusión, de refrescar los miembros y peor aún de seguir tendencias, banderas y agendas políticas, de las que debería – en un mundo ideal -, guardar sana distancia. Al final la sentencia de que “(todo) el cine es un asunto político”, como lo dijo en su momento el cineasta Costa-Gavras, termina siendo reivindicado por la industria de Hollywood con su Academia. Ese es uno de los componentes por los cuales la sensación de un sector de los cinéfilos es que los Oscars no ha vuelto a premiar películas memorables.

Pretender en una sola categoría mediar entre lo comercial y lo independiente, continuará generando división entre la audiencia que sigue los Oscars y la satisfacción se aleja de ser contundente. Eso a la larga tampoco le conviene a estos premios. Por eso los Globos, los BAFTA y otros tantos, en el intento de incluir y ser “más justos” cuentan con categorías como la de mejor debut, mejor reparto, mejor película drama, mejor comedia y hasta premio de la audiencia.

Green Book y Bohemian Rhapsody, podrán sin duda complacer a la gran audiencia que contempla el cine desde el único visor de la emoción que les produce, pero ambas son el ejemplo claro de la falta de rigurosidad en muchos de los apartados a los que fueron nominadas y premiadas. El guion de Green Book no es lo más destacado de la producción – pero lo ganó – y Bohemian Rhapsody estaba lejos de elevarse como una película por encima de las olvidadas, de las candidatas a mejor película extranjera y hasta de sus contrincantes en la de mejor película del año. El anti-ritmo de B.H. fue celebrado como el mejor montaje. Los premios entonces se contradijeron a sí mismos.  Ambas películas, y así lo reconocen los propios fanáticos, tienen una sumatoria de “peros” que siembran dudas sobre el merecimiento rotundo de sus galardones.

L.A. Times tituló antes de la ceremonia de ayer: “¿Por qué los premios Spirit se sienten aún más esenciales en un año en que los Oscars pasan por alto las películas independientes? The Guardian no tembló para asegurar tras la gala: “El veredicto de los Oscars 2019: las encantadoras sorpresas no pueden compensar el asombro por los horrores”. Variety en dos publicaciones resaltó que los “estudios reclamaron los Oscars con Green Book, Black Panther y Bohemian Rhapsody” y que la agenda innegable que tomó control de los premios estuvo dominada por las “mujeres y los personajes de color”.   Y es que las críticas por ediciones pasadas (de 2015 para acá) con el #OscarSoWhite, calaron nuevamente en el seno de la Academia y la compensación llegó anoche, pues en un récord histórico, siete afrodescendientes obtuvieron la apreciada estatuilla dorada: Spike Lee; Mahershala Ali; Regina King; Ruth Carter; Hannah Beachler; Peter Ramsey y Kevin Willmott. 

Entonces, ¿aún seguimos pensando que la categoría exclusiva de películas populares es una mala decisión? Yo me sostengo en que es muy anti-Oscar (La Mejor Película Popular es lo más anti-Oscar que le hemos escuchado a la Academia de Cine de Hollywood), pero es la mejor salida para no seguir sacrificando producciones que merecen, por lo menos, mayor resonancia durante la activa temporada de premios.

PD: Felicitaciones a México por su primer premio Oscar en la categoría de Mejor Película Extranjera. Felicitaciones a Cuarón que con lo expuesto consiguió arrebatar tres premios para su clásico inmediato Roma. Felicitaciones a Spike Lee que finalmente sumó un Oscar.  Y finalmente felicitaciones a Olivia Colman que, muchos no se explican cómo, aplazó la celebración de la veterana Glenn Close. 





 


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